El informe 'La integración laboral de los jóvenes en España' analiza la evolución de esta tasa en los Veintisiete entre 2014 y 2025 y retrata un problema que ni los años de mayor creación de empleo ni la reforma laboral de 2021 han logrado corregir. España partía en 2014 de una tasa de sobrecualificación del 40,3% y ha descendido hasta rondar el 33% en 2024 y 2025, una mejora notable en términos relativos pero insuficiente: el país nunca ha bajado del 32% en toda la serie.
La media de la Unión Europea ha seguido una trayectoria descendente más moderada pero sostenida, del 25,3% en 2014 al 21,3% en 2025. Esa diferencia de más de diez puntos porcentuales entre España y la media comunitaria se ha mantenido prácticamente constante durante toda la década, lo que, según el estudio, descarta que se trate de un fenómeno coyuntural.
Los autores subrayan que el periodo incluye dos fases de expansión del empleo que, en teoría, deberían haber reducido el desajuste: el ciclo de crecimiento de 2014 a 2019, con tasas de creación de empleo superiores al 2% anual, y la recuperación posterior a la pandemia, acompañada de la reforma laboral que redujo drásticamente la temporalidad en el mercado de trabajo español.
«Las altas tasas de sobrecualificación durante el auge de 2014-2019 (.) y durante el ciclo de crecimiento posterior a la pandemia (.) constituyen la prueba más robusta de que los factores causales son estructurales y no cíclicos», señala el estudio de la Fundación Afi.
Esa conclusión desplaza el foco del debate: no se trata solo de cuántos empleos se crean o con qué grado de estabilidad, sino de si esos empleos se corresponden con el nivel formativo de quienes los ocupan. En España, durante una década, la respuesta ha sido mayoritariamente negativa para una parte sustancial de los jóvenes con estudios superiores.
Grecia, Chipre y el patrón del sur
Grecia encabeza la clasificación europea con un 35,7% de sobrecualificación juvenil en 2025, tras haber marcado un máximo del 45,9% en 2019, el peor dato registrado en toda la Unión Europea durante el periodo. Chipre, tercer país en la lista, muestra una trayectoria descendente similar a la española pero con valores algo más bajos: pasó del 39,2% en 2014 al 30,5% en 2025.
El patrón se repite, con matices, en otros países del sur de Europa: Italia mantiene una tasa cercana al 25% y Portugal ronda el 20%, ambas por debajo de España. La coincidencia geográfica no es casual, según el estudio, que atribuye el fenómeno a rasgos estructurales compartidos por las economías mediterráneas, con intensidades distintas en cada caso.
El informe pone a Alemania, los Países Bajos y la República Checa como contrapunto. Alemania se ha mantenido por encima del 15% durante todo el periodo, pero siempre por debajo de la media de la UE-27, situada en el 23,5%. Los tres países comparten un rasgo institucional señalado por los autores: sistemas de formación profesional dual con una penetración muy superior a la española.
El modelo dual del instituto BIBB
El Bundesinstitut für Berufsbildung (BIBB), el instituto federal alemán de formación profesional, estima que entre el 45% y el 50% de cada cohorte de jóvenes alemanes ingresa en itinerarios que combinan el aprendizaje en el centro educativo con la práctica remunerada en empresa. En España, la formación dual ha crecido en los últimos años, pero cubre una proporción del alumnado muy inferior, y el modelo organizativo mantiene, según el estudio, «diferencias sustanciales» respecto al sistema alemán en duración de la fase en empresa y en su integración con los convenios colectivos sectoriales.
Las evaluaciones disponibles citadas en el informe apuntan a un matiz relevante: la formación profesional dual española mejora la empleabilidad y los salarios de quienes la cursan, pero no tiene un impacto significativo sobre la calidad del empleo al que acceden después, lo que sugiere que el problema no se resuelve solo ampliando la oferta de plazas duales.
El segundo elemento explicativo que identifica la Fundación Afi es la composición de la demanda de trabajo en España, especializada desde hace décadas en sectores de baja intensidad tecnológica: turismo, hostelería, comercio al por menor, construcción y servicios personales. Estos sectores generan empleo de forma sostenida, pero con perfiles de cualificación bajos o medios que no pueden absorber a los titulados superiores en puestos acordes con su formación.
Los autores del estudio son categóricos sobre las implicaciones de política económica que se derivan de este diagnóstico.
«No basta con el crecimiento del empleo para cerrar la brecha de cualificación con la UE-27, sino que se requieren transformaciones de calado en la estructura productiva y en el sistema de formación», concluyen los autores del informe.
El texto añade que España parte de niveles tan elevados que el desajuste «sigue siendo sustancialmente mayor que en el resto de la UE-27», especialmente frente a Alemania y los Países Bajos. El diagnóstico llega mientras las instituciones comunitarias abordan otros frentes, desde la reforma de Frontex hasta la petición del presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, de dotar a la Unión de «fuerza, recursos y unidad» para no limitarse a reaccionar ante los acontecimientos.