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Estados Unidos impone aranceles del 25% a Brasil por su sistema Pix

Washington acusó a Brasil de perjudicar a Visa y Mastercard con Pix, la plataforma gratuita del Banco Central que usan 176 millones de brasileños.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó al 25% los aranceles a los productos brasileños tras concluir a comienzos de junio de 2026 una investigación comercial que señaló a Pix —el sistema de pagos instantáneos operado por el Banco Central de Brasil— como una práctica que, según el documento oficial estadounidense, «ha perjudicado injustamente a empresas estadounidenses que operan en servicios de pago electrónico», entre ellas Visa y Mastercard.

El episodio, que combina disputa comercial y campaña electoral en Brasil, se produjo mientras ambos gobiernos negociaban una salida a las tensiones arancelarias abiertas por Washington desde hace más de un año. Según el documento estadounidense publicado a comienzos de junio, la gratuidad y el alcance de Pix habrían desplazado a competidores privados que operan con comisiones sensiblemente más altas.

Pix es un sistema de pago instantáneo diseñado por técnicos del Banco Central de Brasil que permite transferir dinero entre cuentas en segundos, a cualquier hora del día, mediante una aplicación en el teléfono celular vinculada a cuentas corrientes, de ahorro o prepago. El usuario puede pagar introduciendo el número que identifica la cuenta del tercero, digitando una clave —lo que en otros países se conoce como «alias»— o, en la opción más habitual según datos oficiales, escaneando un código QR generado por el comercio, que puede ser estático, con el monto ingresado por el comprador, o dinámico, con el precio ya incorporado para esa única transacción.

La diferencia central con otros sistemas de pago digital del mundo es que Pix no depende de una entidad privada ni de tarjetas de crédito o débito, sino que fue creado y es administrado directamente por la autoridad monetaria brasileña. Esa condición estatal es, precisamente, el punto que ha generado fricción con Washington.

Cifras sin precedente regional para un instrumento público

De acuerdo con datos del Banco Central de Brasil a julio de 2026, el sistema cuenta con 176 millones de usuarios —equivalentes a alrededor del 80% de la población del país—, y la mayoría lo utiliza con frecuencia. Cada mes registra más de 7,000 millones de transacciones por un valor cercano a los 3.4 billones de reales (unos $660 millones), según el promedio del primer semestre del año. Se trata de una escala sin comparación en América Latina para un instrumento de pagos de origen público.

La ventaja competitiva de Pix radica, en buena medida, en su estructura de costos: el sistema no cobra recargos al comprador y aplica a los comercios una comisión promedio del 0.22%, según cifras oficiales. En contraste, las tarjetas de débito de operadores como Visa o Mastercard cobran comisiones superiores al 1%, mientras que las de crédito llegan al 2.2% en el mercado brasileño, de acuerdo con un informe del Banco de Pagos Internacionales citado por Reuters.

Un reporte elaborado para clientes del banco de inversión Goldman Sachs advirtió que la expansión de Pix «puede limitar el uso de tarjetas de crédito y de prepago», una observación que coincide con el reclamo de fondo de las autoridades estadounidenses: que el sistema erosiona el negocio de las redes de pago privadas con sede en Estados Unidos.

Un símbolo disputado en la campaña brasileña

Lula da Silva, candidato a la presidencia en los comicios de octubre de 2026, utilizó el episodio como bandera política. Un día después de conocerse la decisión, el mandatario apareció en un acto público con una pancarta que decía «Pix es de Brasil» y sostuvo que su par estadounidense actuó «en un acto impulsivo —ya que estábamos negociando después de mi visita al presidente Trump—», al anunciar el aumento del impuesto a los productos brasileños al 25% «basándose en una mentira». El propio Lula relató que le respondió: «Oye, Trump, oye, en lugar de tenerle miedo a Pix, haz que Pix funcione en Estados Unidos».

La disputa por Pix trascendió el plano bilateral y se instaló también en la contienda electoral interna. El senador Flávio Bolsonaro, señalado como principal contrincante de Lula en las elecciones de octubre, exhibió en un evento público un cartel con la frase «Pix es de Brasil y de Bolsonaro» y difundió el mismo mensaje en su cuenta de Instagram. El sistema fue lanzado en 2020, durante el gobierno de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro.

El uso político del sistema por parte de los dos principales aspirantes refleja el peso que Pix ha adquirido en la vida cotidiana de los brasileños en apenas seis años de operación, y explica por qué ninguno quiere aparecer cediendo terreno frente a la presión arancelaria de Washington.

El caso reabre un debate de fondo sobre el papel de los bancos centrales en la provisión directa de infraestructura de pagos, un terreno tradicionalmente ocupado por operadores privados. El modelo brasileño ha sido observado en la región, donde economías con alta bancarización parcial y elevados costos de intermediación buscan alternativas para reducir las comisiones que pesan sobre el comercio y el consumidor.

El uso de aranceles como instrumento de presión comercial tiene precedentes de peso en la relación de Estados Unidos con América Latina: desde los conflictos por el banano y el azúcar hasta las tensiones más recientes por barreras tecnológicas y regulatorias, Washington ha recurrido con frecuencia a la política arancelaria para defender los intereses de sus empresas ante prácticas que considera desleales. La novedad, en este caso, es que el objetivo señalado sea una infraestructura pública operada por un banco central.

Por ahora, ni el gobierno brasileño ni el estadounidense han anunciado una fecha para reanudar formalmente las negociaciones arancelarias tras el anuncio de junio. El desenlace del proceso podría depender, en parte, del resultado de las elecciones presidenciales de octubre en Brasil, en las que Pix se ha convertido en un símbolo reivindicado por los dos principales candidatos.

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