El expediente administrativo fija una cronología precisa. El 16 de agosto la División Consular del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel propuso restablecer plenamente el beneficio para titulares de pasaportes ordinarios que viajaran por turismo, bajo las condiciones vigentes antes del 12 de mayo de 2025. Tres días después, el Viceministerio de Asuntos Migratorios, Consulares y Protección Internacional de Colombia manifestó su conformidad. Entre la oferta y la aceptación mediaron menos de tres semanas.
La fecha del 12 de mayo de 2025 opera como punto de retorno: es la referencia a la que ambos países han decidido regresar, como si los meses intermedios fueran un paréntesis que ahora se cierra. La Cancillería menciona la gestión anterior solo para señalar que bajo ella los vínculos «habían sufrido un deterioro», una fórmula aséptica cuyo simple enunciado revela que hubo algo que reparar.
La relación entre Colombia e Israel ha oscilado históricamente según la orientación del gobierno de turno. El deterioro reciente se agudizó en mayo de 2025, cuando la administración del entonces presidente Gustavo Petro rompió los canales de normalidad diplomática con Jerusalén en medio de la ofensiva israelí en Gaza. Cada reconciliación posterior convierte el vínculo en un ejercicio de restauración más que de construcción, y deja abierta la pregunta de cuánto durará la exención antes de que un nuevo giro político la vuelva a suspender.
Del deterioro de mayo de 2025 al deshielo
La justificación oficial es funcional. Para la Cancillería, la decisión facilitará el desplazamiento de ciudadanos de ambas naciones, puede impulsar el turismo y los intercambios entre las sociedades, y abre posibilidades para ampliar la cooperación bilateral con una agenda conjunta en distintas áreas de interés. El entusiasmo por eliminar un trámite migratorio contrasta con la solemnidad que exigió reconstruir la relación de fondo apenas un mes antes: resulta más ágil firmar una resolución de visas que sostener una postura exterior estable frente a los cambios de gobierno.
El gesto no ocurre en el vacío. El Gobierno de Abelardo de la Espriella libra a la vez un pulso interno por consolidar apoyos legislativos, como refleja la búsqueda de mayorías para el Presupuesto General de la Nación, y exhibe cifras de gestión en seguridad, entre ellas las 15.401 capturas antidrogas reportadas desde el 7 de agosto. En ese marco, un movimiento de política exterior sin costo fiscal aparente y con retorno mediático inmediato ofrece el atractivo de una victoria de bajo riesgo.
La Cancillería explica la medida con el lenguaje neutro habitual, hablando de oportunidades de relacionamiento internacional y de una agenda por desarrollar. Pero la neutralidad del discurso no despeja el fondo: si las relaciones con un país pueden deteriorarse y repararse según quién gobierne en Bogotá, poca garantía tiene el viajero que ahora podrá ir a Israel sin visa de que el beneficio sobreviva al siguiente cambio de administración.
La resolución ya está firmada y el trámite deja de existir para quien viaje por turismo. Queda la ironía de que hiciera falta un mes completo de reconstrucción institucional para devolver algo que, hasta mayo de 2025, era simplemente lo normal.
