La decisión de apartar a Fedorov se habría gestado en una reunión entre el propio ministro, Zelenski y el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Oleksandr Sirski, en la que se abordaban los principales desafíos del ejército ucraniano frente a la invasión rusa. Preguntado por periodistas tras conocerse el cese, Zelenski evitó entrar en detalles sobre los motivos: "La prioridad es el diálogo entre el ejército y el Ministerio de Defensa, la solución de los problemas de reclutamiento y el cierre del espacio aéreo", se limitó a señalar.
La salida de Fedorov no ha sido recibida como un simple relevo administrativo. Yulian Bardas, director de la ONG Spalah, con sede en Kiev, y uno de los organizadores de las protestas, además de analista del Centro de Investigación Resurgam, sostiene que las movilizaciones surgieron inicialmente como "una respuesta al injusto despido" de quien considera "el ministro más eficaz" del Gobierno en el contexto bélico. Según su relato, Fedorov habría "implementado reformas y aportado un nuevo enfoque al Ministerio de Defensa, a las Fuerzas Armadas y a la conducción de la guerra", con "una visión clara de cómo Ucrania podía ganar".
Ese planteamiento, prosigue Bardas, chocó con resistencias dentro de la cúpula militar. El propio Sirski, según esta versión, "se había acostumbrado a librar la guerra según sus propias reglas y dentro de su propio sistema" y se opuso a los cambios propuestos, hasta involucrarse en "maniobras políticas contra Fedorov". El comandante en jefe, señalado como el principal beneficiado del relevo, se ha convertido a su vez en otro de los focos de las protestas: los manifestantes le atribuyen, según el analista, la adopción de "medidas punitivas contra el personal militar" y la creación de "batallones de asalto que utilizaban sus recursos —y especialmente a su personal— de manera ineficiente".
Para buena parte de los manifestantes, el cese no respondería únicamente a razones operativas, sino a un cálculo político para neutralizar a una figura popular. "Una de las explicaciones que se han ofrecido para la destitución de Fedorov es que Zelenski estaba intentando apartar a un posible rival político en el futuro", apunta Bardas, quien matiza que "Fedorov nunca dijo que tuviera intención de continuar su carrera política, presentarse a unas elecciones presidenciales o hacer algo por el estilo".
Esa lectura conecta con una crítica más amplia dirigida al entorno del presidente. "A menudo ocurre que, incluso cuando alguien trabaja dentro del equipo de Zelenski, en el momento en que este empieza a percibir a esa persona como un adversario político, aunque solo sea en su propia imaginación, esa persona pasa por lo que podría describirse como la guillotina", afirma el analista, que considera además que el presidente incurrió en un "mal cálculo político" al asumir que Fedorov aceptaría el cese sin generar reacción ciudadana. Al negarse a restituirlo, añade Bardas, Zelenski estaría "minando su propia legitimidad" y decidiendo "en función de su ego".
El Gobierno ucraniano no ha ofrecido hasta el momento una versión detallada que contradiga esas interpretaciones más allá de las escuetas declaraciones de Zelenski sobre reclutamiento, diálogo militar-civil y defensa aérea. Tampoco Sirski se ha pronunciado públicamente sobre su papel en la salida de Fedorov ni sobre la gestión de los batallones de asalto bajo su mando, por lo que su versión de los hechos permanece, de momento, sin conocerse.
Un marco legal de excepción
Las concentraciones se producen mientras Ucrania mantiene la ley marcial y el estado de excepción vigentes desde el inicio de la invasión rusa, un régimen que restringe el margen legal para las manifestaciones públicas y que ha llevado a suspender las elecciones presidenciales y legislativas previstas. Esa suspensión está amparada por la Constitución ucraniana, que prohíbe celebrar comicios bajo ley marcial, pero ha sido objeto de debate entre aliados occidentales y sectores de la oposición interna. En ese contexto, cualquier movimiento percibido como una maniobra para debilitar a rivales potenciales adquiere una dimensión política amplificada de cara a un eventual futuro proceso electoral, aún sin fecha.
La crisis llega en un momento delicado para Kiev, con la guerra ya en su quinto año y el ejército enfrentado a persistentes problemas de reclutamiento y rotación de tropas, un asunto que el propio Zelenski situó como prioritario tras el relevo. La gestión del espacio aéreo, mencionada también por el presidente, sigue siendo uno de los frentes más críticos ante los bombardeos rusos sobre infraestructuras civiles y energéticas.
Precedentes de recelo hacia figuras populares
No es la primera vez que Zelenski afronta tensiones internas de calado desde 2022. En 2023 se sucedieron ceses en el Ministerio de Defensa por escándalos de corrupción en el suministro militar, y en 2024 la destitución del entonces comandante en jefe, Valeri Zaluzhni —sustituido precisamente por Sirski—, generó un fuerte impacto político, alimentado por la popularidad que el general había alcanzado entre la población. El patrón de fricción entre el poder político central y mandos o ministros con proyección propia no es, por tanto, inédito, un fenómeno que la ciencia política aborda bajo el concepto de control civil sobre las Fuerzas Armadas. La particularidad ucraniana es que estas tensiones se producen en pleno conflicto activo contra una potencia como Rusia, lo que eleva el coste de cualquier inestabilidad interna.
En las próximas semanas será determinante observar si las protestas mantienen su intensidad, si Jmara logra consolidarse al frente del Ministerio de Defensa pese al rechazo inicial a su nombramiento y si Zelenski ofrece explicaciones más detalladas sobre el cese de Fedorov ante la presión ciudadana y de sus socios internacionales, especialmente Estados Unidos y la Unión Europea, principales suministradores de ayuda militar y financiera a Kiev durante la guerra.

