El líder regional de IG Metall, Thorsten Groger, señaló que los trabajadores no deben pagar por los errores de gestión cometidos en los últimos años y que las empresas deben buscar otras salidas para atender la crisis del sector. El sindicato cuestiona que las directivas hayan tardado demasiado en lanzar modelos pequeños y asequibles, retraso que considera una de las causas centrales del deterioro competitivo frente a los fabricantes chinos.
La organización sindical también reclama que, mientras se exige a los empleados extender sus jornadas laborales, las compañías reparten miles de millones entre sus accionistas. IG Metall sostiene que buena parte del problema tiene origen interno, atribuible a decisiones erróneas de la dirección más que a factores externos, y por eso exige a los fabricantes destinar mayores recursos a modernizar sus plantas en territorio alemán en lugar de recortar personal.
Según la Asociación Alemana de la Industria Automotriz (VDA), el sector ha perdido alrededor de 100.000 empleos desde 2019, cifra que se proyecta al alza en los próximos años. Volkswagen, el mayor fabricante europeo, tiene previsto reducir 100.000 puestos antes de que termine la década, en lo que sería la mayor reestructuración registrada en la historia de la industria automotriz mundial.
El consejo de supervisión del grupo Volkswagen, que reúne a marcas como VW, Skoda, Seat, Cupra, Porsche y Audi, aprobó a comienzos de este mes un recorte adicional de 50.000 empleos, decisión que catalizó la convocatoria de las movilizaciones de este lunes. BMW, por su parte, proyecta eliminar 8.000 puestos hasta finales de 2027.
Presión de China y aranceles de EE. UU.
El trasfondo de la crisis combina varios factores: la debilidad de la demanda en mercados clave, el exceso de capacidad instalada, la creciente competencia de fabricantes chinos, el costo de la transición hacia la movilidad eléctrica y los aranceles impuestos por Estados Unidos, que presionan los resultados financieros de las marcas alemanas. Esa coyuntura se inscribe en un panorama de tensiones comerciales entre Washington y sus socios que ha escalado en distintos frentes, como refleja la venta de municiones que EE. UU. estaría cerca de aprobar para Israel por US$2.800 millones.
La industria del automóvil es uno de los pilares de la economía alemana, con una relevancia comparable a la que tuvo históricamente el carbón en el Ruhr, cuyo declive en las décadas de 1960 y 1970 dejó reconversiones industriales masivas en el occidente del país. IG Metall advierte que las consecuencias de los recortes se extenderían más allá de las plantas ensambladoras hacia toda la cadena de proveedores.
Groger insistió en que la salida no puede recaer sobre los trabajadores. El sindicato exige que los fabricantes realicen mayores inversiones en las fábricas ubicadas en Alemania, condición que plantea como eje de las negociaciones abiertas tras la jornada de protesta de este lunes.
