La transacción, según los reportes, incluiría algunas de las cargas explosivas de mayor capacidad destructiva entre los arsenales occidentales: 20.000 bombas del tipo MK-84, 20.000 unidades BLU-117 y 20.000 ojivas perforadoras I-2000 Penetrator. El paquete se produciría en medio de llamados internacionales al cese del fuego y de bombardeos que continuarían reportándose sobre la Franja de Gaza, un escenario que evidenciaría la continuidad de la asistencia militar estadounidense a Israel pese a la presión diplomática.
Aunque catalogada formalmente como una venta comercial, la operación sería costeada íntegramente con recursos de los contribuyentes estadounidenses a través del programa de Financiación Militar Extranjera (FMF, por sus siglas en inglés). Este mecanismo permite que Washington otorgue asignaciones financieras para que el Estado israelí adquiera material bélico producido directamente por contratistas de defensa estadounidenses, un esquema que ha operado como columna vertebral de la relación bilateral en materia de seguridad desde hace décadas.
Fuentes del Ejecutivo estadounidense habrían confirmado que la administración Trump ya dio luz verde a la transacción. Consultado por la agencia AFP, un alto funcionario de la Casa Blanca se limitó a señalar que las ventas siguen el trámite habitual, sin ofrecer detalles sobre transferencias en curso.
"Todas las ventas de armas al extranjero siguen el proceso correspondiente", declaró un alto funcionario de la Casa Blanca a la agencia AFP.
Por su parte, un vocero del Departamento de Estado recordó que la política oficial de esa cartera impide confirmar o comentar propuestas de transferencias militares hasta que no se presenten de manera formal ante el Congreso de EE. UU., el órgano que conserva la facultad de objetar este tipo de ventas dentro de plazos establecidos por la Ley de Control de Exportación de Armas.
Reservas del Pentágono bajo presión
La eventual aprobación coincidiría con una fase de reducción considerable en las reservas estratégicas de las Fuerzas Armadas estadounidenses. El desgaste se habría acelerado en el marco de la escalada del conflicto con Irán, a lo que se sumarían los US$22.300 millones destinados exclusivamente a la compra de municiones entre el 28 de febrero y el 30 de junio de este año, según los reportes conocidos.
Este eventual suministro se sumaría a antecedentes recientes de cooperación militar entre ambos países. En febrero de 2025, la administración Trump aprobó la venta de equipos bélicos a Israel por un valor superior a los US$7.400 millones en bombas y misiles, una cifra que ya entonces marcó un hito en el respaldo armamentístico estadounidense a ese país.
Asimismo, el actual Ejecutivo habría desbloqueado el envío de bombas de 2.000 libras que permanecía retenido de manera temporal durante el mandato del expresidente Joe Biden, decisión que en su momento respondió a preocupaciones internacionales por las bajas civiles registradas en el enclave palestino. El giro bajo la administración Trump marcaría una ruptura con esa postura previa.
El proceso de venta de armas a gobiernos extranjeros por parte de Washington exige, en teoría, una notificación formal al Congreso de EE. UU. antes de su ejecución, mecanismo que en ocasiones ha permitido a legisladores demócratas y republicanos objetar o condicionar transacciones específicas, aunque rara vez ha logrado bloquearlas de manera definitiva cuando se trata de asistencia a Israel.
El telón de fondo regional
La eventual transferencia se conocería en un momento de alta tensión en Oriente Medio, con Washington sosteniendo simultáneamente su respaldo a Israel y gestionando otros frentes de política exterior. En días recientes, Trump pidió a Zelenski frenar los ataques al petróleo ruso, en una muestra de cómo la Casa Blanca articula de forma paralela distintos tableros de conflicto armado.
Para Colombia, que ha mantenido una posición activa en foros multilaterales sobre el conflicto en Gaza, este tipo de transferencias reaviva el debate sobre el papel de EE. UU. como principal proveedor de armamento a Israel, un vínculo que se remonta a los acuerdos de cooperación en seguridad suscritos tras la guerra de 1973 y que se ha profundizado en cada administración estadounidense, independientemente del partido en el poder.
La política oficial de las autoridades estadounidenses impide confirmar o detallar el monto y el cronograma de entrega hasta la presentación formal de la operación ante el Legislativo, según recordó el vocero del Departamento de Estado. Ese es el procedimiento reservado bajo el cual, por ahora, permanece la venta reportada por The Washington Post y The New York Times.

