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Trump declara que la tregua con Irán está «en cuidados intensivos» y califica la respuesta iraní de «pésima»: el Brent cae a 93 dólares y el IBEX perdió un 1,56% en la jornada del lunes

Irán exige el levantamiento total de sanciones, el desbloqueo de activos congelados y el reconocimiento de su soberanía sobre el estrecho de Ormuz como condiciones para reanudar las negociaciones; las conversaciones continúan en Mascate bajo mediación omaní; los mercados europeos acusan la incertidumbre geopolítica

Por Redacción de El Hemiciclo· Bruselas·
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Trump declara que la tregua con Irán está «en cuidados intensivos» y califica la respuesta iraní de «pésima»: el Brent cae a 93 dólares y el IBEX perdió un 1,56% en la jornada del lunes
Foto: Daniel Torok / The White House (jun 2025), dominio público

El alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, que hace apenas diez días parecía el logro diplomático más significativo de la segunda presidencia de Trump, se tambalea con una velocidad que ha sorprendido incluso a los analistas más escépticos. El presidente norteamericano declaró el domingo 11 de mayo, en una publicación en Truth Social seguida de una rueda de prensa improvisada en Mar-a-Lago, que la tregua se encuentra «en cuidados intensivos» y que la respuesta iraní a las propuestas norteamericanas ha sido «pésima, francamente inaceptable». La declaración provocó una caída inmediata del Brent hasta los 93 dólares por barril y arrastró a los mercados europeos en la sesión del lunes 12 de mayo, con el IBEX 35 cediendo un 1,56 por ciento hasta cerrar en 17.573 puntos.

Las exigencias iraníes que Trump califica de inaceptables se articulan en torno a tres ejes que Teherán considera innegociables. El primero es el levantamiento total de las sanciones económicas impuestas por Washington desde la retirada unilateral del acuerdo nuclear en 2018, un paquete que incluye restricciones al sector energético, financiero y de defensa cuyo impacto acumulado la economía iraní estima en más de 300.000 millones de dólares. El segundo es el desbloqueo de los activos iranís congelados en bancos extranjeros, una cifra que oscila entre los 80.000 y los 120.000 millones de dólares según las fuentes, y cuya liberación requeriría la cooperación de entidades financieras europeas y asiáticas que temen represalias secundarias de Washington. El tercero, y el más sensible geopolíticamente, es el reconocimiento de la soberanía iraní sobre el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20 por ciento del petróleo mundial.

Las negociaciones continúan en Mascate bajo la mediación del sultán de Omán, Haitham bin Tariq, cuya diplomacia silenciosa ha sido el único canal de comunicación fiable entre Washington y Teherán durante los últimos meses. Fuentes diplomáticas europeas con acceso a las conversaciones describen un clima de «frustración calculada» en el que ambas partes mantienen posiciones maximalistas en público mientras exploran compromisos más flexibles en privado. El formato de las negociaciones es indirecto: los equipos norteamericano e iraní ocupan salas separadas del Royal Opera House de Mascate y el equipo omaní transmite las propuestas entre ambas delegaciones, un protocolo que evita el reconocimiento formal mutuo que Irán rechaza mientras no se levanten las sanciones.

La caída del Brent a 93 dólares, un 4,2 por ciento por debajo del máximo de 97 dólares alcanzado la semana anterior cuando las perspectivas de acuerdo eran más favorables, refleja una paradoja que los analistas energéticos tratan de descifrar. En circunstancias normales, la ruptura de un alto el fuego entre el mayor productor de petróleo del mundo y el cuarto mayor productor de la OPEP debería provocar un repunte del crudo por temor a interrupciones del suministro. Sin embargo, el mercado está descontando que la escalada retórica de Trump es una táctica negociadora y no un preludio de conflicto militar, y que la producción iraní, ya limitada por las sanciones a aproximadamente 3,2 millones de barriles diarios, no se verá significativamente afectada a corto plazo.

El impacto en los mercados europeos fue inmediato y desproporcionado respecto a la exposición real de las economías del continente al conflicto. El IBEX 35 cerró la sesión del lunes 12 de mayo con una pérdida del 1,56 por ciento hasta los 17.573 puntos, liderada por las caídas de Repsol, que perdió un 3,8 por ciento ante la perspectiva de volatilidad en los precios del crudo, y de Telefónica, que cedió un 2,1 por ciento arrastrada por el sentimiento general de aversión al riesgo. El DAX alemán perdió un 1,23 por ciento y el CAC 40 francés un 1,41, en una jornada que los operadores describieron como de «venta indiscriminada» provocada más por algoritmos de trading sensibles a las palabras clave geopolíticas que por un análisis fundamental de los riesgos.

La Unión Europea observa la crisis con una mezcla de preocupación e impotencia que refleja su posición marginal en un conflicto donde carece de palancas de influencia directa. El Alto Representante para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, emitió un comunicado el lunes por la tarde en el que instó a ambas partes a «mantener los canales de diálogo abiertos y evitar cualquier acción que pueda escalar la tensión», una formulación que los diplomáticos europeos reconocen como «el mínimo posible» pero que refleja la ausencia de consenso entre los 27 sobre cómo actuar. Alemania y Francia han propuesto que la UE ofrezca incentivos económicos a Irán a cambio de una moderación de sus exigencias, pero los países del Este y los nórdicos se oponen a cualquier gesto que pueda interpretarse como una ruptura con Washington.

La dimensión energética de la crisis tiene implicaciones directas para la economía española que trascienden las oscilaciones bursátiles de un día. España importa el 64 por ciento de su petróleo de países de la OPEP y el Golfo Pérsico, y un cierre prolongado del estrecho de Ormuz, aunque improbable, dispararía el precio del barril por encima de los 130 dólares, lo que se traduciría en un incremento del coste de la energía de aproximadamente 18.000 millones de euros anuales para la economía española. El Ministerio para la Transición Ecológica ha activado el protocolo de vigilancia energética que prevé medidas de contención del precio de los carburantes si el Brent supera los 100 dólares de manera sostenida durante más de dos semanas.

Las implicaciones del deterioro de la tregua se extienden al ámbito nuclear, que fue el origen de las tensiones entre Washington y Teherán. El Organismo Internacional de la Energía Atómica confirmó el viernes que Irán ha acelerado su programa de enriquecimiento de uranio hasta alcanzar una pureza del 60 por ciento en sus centrifugadoras de Fordow, un nivel que los expertos consideran a un paso técnico del 90 por ciento necesario para fabricar un arma nuclear. La aceleración del programa, que Teherán justifica como una respuesta a la negativa norteamericana de levantar las sanciones, introduce un reloj de fondo que limita el tiempo disponible para las negociaciones: si Irán alcanza la capacidad de armamento nuclear, la dinámica de la negociación cambiará irreversiblemente.

Para los inversores europeos, la jornada del lunes fue un recordatorio de que la geopolítica sigue siendo el principal factor de riesgo no diversificable en los mercados globales. La coincidencia de la crisis Irán-EEUU con la incertidumbre arancelaria, las elecciones andaluzas y el caso Koldo ha creado un cóctel de volatilidad que los gestores de fondos describen como «el peor entorno para la renta variable española desde la crisis energética de 2022». El índice de volatilidad VIBEX, que mide las expectativas de oscilación del IBEX 35, subió un 18 por ciento hasta los 22,3 puntos, su nivel más alto en nueve meses.

La posición de Trump respecto a Irán es, como casi todo en su segunda presidencia, una mezcla de improvisación táctica y cálculo estratégico que desconcierta a sus propios aliados. El presidente norteamericano necesita un acuerdo con Irán para demostrar que su política de máxima presión produce resultados diplomáticos y no solo confrontación, pero también necesita que ese acuerdo sea lo suficientemente favorable como para resistir las críticas de los halcones republicanos del Congreso que consideran cualquier negociación con Teherán una capitulación. La declaración de «cuidados intensivos» puede leerse como un mensaje a ambas audiencias: a los iraníes les dice que el tiempo se agota; a los republicanos les dice que no está siendo blando. Lo que no dice es cómo pretende salir del callejón en el que su propia retórica le ha colocado.

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