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Bin Salmán pidió a Trump atacar a los hutíes en dos ocasiones y el presidente se negó

Arabia Saudí interceptó el sábado un misil balístico dirigido hacia Riad, sin víctimas ni daños reportados, según la comunicación oficial del reino.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Mohamed bin Salmán pidió en dos ocasiones a Donald Trump que ordenara una operación militar contra los hutíes yemeníes, y el presidente estadounidense rechazó hacerlo en ambas, según publicó El País. La negativa coincide con una presión creciente sobre el territorio y las rutas comerciales saudíes, después de que el reino interceptara el sábado un misil balístico dirigido hacia la capital.

La discrepancia entre Washington y Riad no equivale a una ruptura de la alianza bilateral. La negativa a una operación concreta contra los hutíes y el fin de una relación estratégica son hechos distintos: no consta que Estados Unidos haya retirado su cooperación militar ni renunciado a otras formas de apoyo. Ese vínculo se remonta al pacto tácito sellado en 1945 entre Franklin D. Roosevelt y el rey Abdulaziz a bordo del USS Quincy, que fijó seguridad estadounidense a cambio de estabilidad en el suministro petrolero, un esquema mantenido a lo largo de la Guerra Fría. Lo que queda expuesto es un desacuerdo sobre cómo responder a una amenaza cada vez más difícil de contener por vías diplomáticas.

La comunicación oficial saudí del sábado sobre la interceptación del misil balístico no reportó víctimas ni daños materiales, pero confirma que la capital del reino entra dentro del radio de alcance de los ataques atribuidos a los hutíes, y no solo sus instalaciones petroleras en el este del país. Esa extensión geográfica obliga a Riad a repartir sus recursos de defensa entre la protección del territorio, las instalaciones energéticas y las rutas de exportación, tres frentes que hasta ahora podían tratarse de forma más compartimentada.

No todos los ataques que afectan a las exportaciones saudíes tienen necesariamente el mismo origen. Atribuir en bloque a los hutíes cada incidente que perjudica el comercio saudí simplificaría una crisis en la que participan varios frentes y actores regionales. Esa complejidad es uno de los elementos que pesan sobre cualquier decisión de intervenir directamente, porque una operación militar podría responder a una parte del problema y abrir a la vez otro debate sobre la escala y los objetivos de la intervención.

Bab el Mandeb, el paso que preocupa a Europa

El estrecho de Bab el Mandeb, que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén, es punto de paso obligado para buena parte del tráfico marítimo entre Asia y Europa que utiliza el canal de Suez. Su relevancia estratégica no es nueva: durante décadas ha concentrado atención militar internacional, desde las bases francesas y estadounidenses en Yibuti hasta las operaciones europeas de escolta naval frente a la piratería somalí de la década pasada. Lo que ha cambiado es la naturaleza de la amenaza, ahora ligada a un conflicto regional con capacidad de proyección de misiles y drones.

El aumento del riesgo de navegación no requiere un cierre formal del estrecho para generar consecuencias económicas. Basta con que las navieras reajusten itinerarios, las aseguradoras endurezcan las condiciones de cobertura y los compradores asuman mayor incertidumbre en los plazos de entrega. La alternativa de rodear África por el cabo de Buena Esperanza existe para determinados trayectos, pero implica recorrer una distancia mayor, con el consiguiente encarecimiento del transporte.

Este escenario es distinto al que rodea el estrecho de Ormuz, la otra gran arteria energética de la región, situada a la salida del golfo Pérsico. Ambos pasos afectan de manera diferente a los flujos comerciales globales y conviene no confundirlos: que Arabia Saudí disponga de salidas hacia el mar Rojo no resuelve el problema si esas instalaciones o las rutas posteriores hacia Europa y Asia también están amenazadas.

El impacto de esta inestabilidad ya alcanza a compradores europeos alejados del escenario militar. Reuters informó el 15 de septiembre de que la petrolera polaca Orlen buscaba suministros alternativos ante las dificultades en las entregas procedentes de Arabia Saudí, en un episodio vinculado a problemas de infraestructuras y exportaciones. El caso ilustra cómo una crisis de seguridad regional puede trasladarse con rapidez a la cadena de suministro energético europea, mucho antes de que se materialice cualquier interrupción generalizada del comercio.

Esto no significa que todos los carburantes vayan a encarecerse de forma idéntica e inmediata. El efecto sobre los precios depende del suministro disponible en cada mercado, los contratos vigentes, la capacidad de refino, los niveles de inventario y otras condiciones que varían y el producto. Las reservas estratégicas de crudo que los Estados miembros de la Unión Europea mantienen por obligación —equivalentes a un mínimo de 90 días de importaciones netas, según la normativa comunitaria vigente— actúan como amortiguador frente a shocks puntuales de oferta, aunque su eficacia se reduce si la inestabilidad se prolonga.

La pregunta inmediata para Arabia Saudí es si logrará contener las amenazas sobre su territorio y sus exportaciones sin la intervención militar que habría solicitado a Washington. La negativa de Trump plantea a Riad la necesidad de explorar respuestas propias o insistir por otras vías, en un contexto en el que el reino ha tratado de diversificar sus alianzas de seguridad, con acercamientos a China y una distensión parcial con Irán mediada por Pekín en marzo de 2023.

Para Europa, la cuestión central no es tanto la evolución militar del conflicto como la continuidad de los suministros energéticos que dependen de estas rutas. Una alianza entre Washington y Riad sometida a tensión, combinada con corredores marítimos cada vez más inseguros, puede generar consecuencias económicas para el continente incluso antes de que se produzca una interrupción efectiva del comercio, un patrón que ya se observó durante los ataques hutíes al tráfico del mar Rojo desde finales de 2023, cuando las principales navieras desviaron sus buques hacia la ruta africana.

El episodio se produce mientras Washington gestiona en paralelo otros frentes de seguridad y soberanía territorial, como muestra el reciente acuerdo entre Dinamarca y Estados Unidos sobre Groenlandia, que mantiene la soberanía danesa sobre el territorio ártico sin ceder al control directo que la Administración estadounidense había reclamado.

La interceptación del misil del sábado queda como el episodio más reciente y concreto de una escalada cuyo desenlace no está determinado. La negativa presidencial a intervenir directamente contra los hutíes sigue siendo, según la información disponible, la posición vigente de Estados Unidos en este asunto.

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