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EE UU frena sus bombardeos contra Irán tras dos semanas de ataques diarios

El Estado Mayor Conjunto advirtió a Trump del riesgo de agotar interceptores de misiles; la Casa Blanca dice que negocia con Teherán mientras evalúa un ataque mayor

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Estados Unidos suspendió durante el fin de semana los bombardeos contra Irán que ejecutaba de forma casi diaria desde hacía dos semanas, según informaron este domingo varios medios estadounidenses. La orden llegó después de que el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, advirtiera al presidente Donald Trump de que prolongar la escalada podría dejar a las fuerzas estadounidenses con reservas insuficientes de munición, incluidos los interceptores de misiles, según The New York Times.

La pausa se produce tras casi catorce noches consecutivas de bombardeos estadounidenses contra objetivos iraníes, en el marco de una ofensiva reactivada después de que Trump diera por roto, a comienzos de julio, el memorando de entendimiento que él mismo había firmado en junio para congelar las hostilidades. Ese acuerdo había puesto fin, de forma temporal, a un ciclo de agresiones que se remonta al 28 de febrero de 2026, según el recuento de los medios estadounidenses que han seguido el conflicto. En las dos últimas noches, el Ejército de Estados Unidos no ha reportado nuevos ataques.

El detonante inmediato, de acuerdo con The New York Times, fue una advertencia directa del general Caine en la reunión de gabinete del viernes: reescalar el conflicto con nuevos bombardeos masivos podría comprometer las capacidades defensivas del propio Ejército estadounidense, en particular el arsenal de interceptores empleados en los sistemas antimisiles. La cadena CNN corroboró que Vance compartió preocupaciones similares durante ese mismo encuentro, en el que Trump llegó a plantear la posibilidad de un «ataque masivo» contra Irán al tiempo que insistía en que funcionarios estadounidenses mantenían conversaciones con Teherán.

Un despacho de Axios, publicado el sábado, precisó que el propio presidente ordenó a las Fuerzas Armadas no ejecutar nuevos ataques el viernes, con el objetivo declarado de «dar mayor espacio a la diplomacia». Las distintas versiones coinciden en el punto central —la orden de frenar los bombardeos partió del propio Trump tras escuchar a sus mandos militares y a su vicepresidente—, aunque difieren en el énfasis sobre si el motivo principal fue logístico-militar o diplomático.

El desmentido oficial y la contradicción con las filtraciones

El embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz, negó este domingo en una entrevista en NBC que exista un racionamiento de armamento en el Pentágono y aseguró que «el presidente tiene todas las opciones sobre la mesa». Waltz sostuvo que el Ejército «cuenta con todo lo necesario para ejecutar esta campaña con la eficacia necesaria» y calificó de «tontería» los reportes sobre escasez de municiones, al afirmar que quienes filtraron esa información «merecen estar en la cárcel».

La contradicción entre las advertencias internas filtradas a la prensa y el desmentido público es uno de los elementos centrales del episodio: mientras The New York Times y CNN sostienen, citando fuentes del aparato de seguridad nacional, que existió una preocupación real por el desgaste del arsenal, el embajador ante la ONU rechaza esa lectura y la atribuye a filtraciones malintencionadas. El Departamento de Defensa no ha confirmado de forma independiente ninguna de las dos versiones con cifras concretas sobre inventarios de municiones, que por razones de seguridad nacional rara vez se hacen públicas.

La cuestión de fondo —la capacidad industrial de Estados Unidos para sostener campañas prolongadas en varios frentes— no es nueva. La producción de sistemas de interceptación como los usados en las baterías Patriot o THAAD tiene cadenas de suministro complejas y plazos de fabricación que se cuentan en meses o años, un problema debatido públicamente en el Congreso a propósito del apoyo simultáneo a Ucrania, Israel y otros socios regionales desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania en 2022.

La lógica de «máxima presión» combinada con canales de negociación abiertos recuerda a la estrategia que Washington aplicó con Irán durante el primer mandato de Trump, entre 2017 y 2021, cuando la retirada estadounidense del acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA) fue seguida de sanciones severas y episodios de tensión militar directa, como el ataque que mató al general Qasem Soleimani en enero de 2020. La actual confrontación ha escalado por fases desde finales de febrero de 2026, con periodos de bombardeos intensivos alternados con treguas negociadas, de las que la de junio fue la más reciente y prolongada.

Irán ocupa una posición central en el golfo Pérsico y controla, junto a Omán, el estrecho de Ormuz, por el que transita una parte sustancial del petróleo comercializado por vía marítima en el mundo. Cualquier escalada sostenida en la región tiene un potencial impacto directo sobre los mercados energéticos internacionales, un factor que pesa tanto en los cálculos de Washington como en los de sus aliados europeos y del Golfo.

Teherán no ha ofrecido hasta el momento una versión propia sobre esta pausa concreta. Las autoridades iraníes han mantenido en las últimas semanas un discurso de firmeza pública que, según fuentes diplomáticas citadas por agencias internacionales, convive con la aceptación de canales de contacto indirectos, habitualmente mediados por Omán o Qatar, países que históricamente han actuado como intermediarios entre Washington y Teherán ante la ausencia de relaciones diplomáticas directas desde la crisis de los rehenes de 1979-1981.

El Congreso de Estados Unidos, que conserva competencias de supervisión sobre las operaciones militares en el exterior bajo la War Powers Resolution de 1973, no ha convocado hasta la fecha una sesión específica sobre este episodio, aunque legisladores de ambos partidos han reclamado en el pasado mayor información sobre el marco legal que ampara la campaña iniciada en febrero. La Casa Blanca sostiene que actúa dentro de sus atribuciones como comandante en jefe, una interpretación que se ha cuestionado en conflictos anteriores, desde la intervención en Libia en 2011 hasta las operaciones en Siria.

A partir de ahora, el curso del conflicto dependerá de si la pausa de este fin de semana se consolida en una tregua más amplia o si se trata de un respiro táctico antes de una nueva oleada de bombardeos, la opción que el propio Trump dejó abierta al hablar de un posible «ataque masivo». La actividad de los canales diplomáticos mencionados por la Casa Blanca, cualquier declaración oficial de Teherán y la posición que finalmente adopte el Pentágono sobre el estado real de sus reservas serán las señales más inmediatas a vigilar en los próximos días.

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