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Trump reitera el ultimátum arancelario del 4 de julio a la UE mientras Sefcovic regresa de París sin acuerdo: el Acuerdo de Turnberry peligra y la división europea se profundiza entre halcones y palomas comerciales

Irán-EEUU: Trump confirma asistencia personal a Mascate el miércoles en lo que sería la primera reunión directa desde 1979. Arabia Saudí bloquea espacio aéreo. El Consejo de la UE evalúa sanciones individuales a Israel. Brent en 95,70 dólares.

Por Redacción de El Hemiciclo· Bruselas / París·
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Trump reitera el ultimátum arancelario del 4 de julio a la UE mientras Sefcovic regresa de París sin acuerdo: el Acuerdo de Turnberry peligra y la división europea se profundiza entre halcones y palomas comerciales
Foto: The White House (nov 2025), dominio público

Maros Sefcovic aterrizó ayer en Bruselas a las 22:15 procedente de París con las manos vacías y la certeza de que el reloj arancelario de Donald Trump no se detendrá por cortesía diplomática. La reunión con el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, duró cuatro horas y cuarenta minutos — cuarenta minutos más de lo previsto, una señal que los diplomáticos europeos interpretaron inicialmente como positiva — pero terminó sin un comunicado conjunto, sin un calendario de seguimiento y sin la más mínima señal de que Washington esté dispuesto a negociar en los términos que Bruselas considera aceptables.

El ultimátum de Trump es meridianamente claro: si la UE no presenta una oferta comercial «significativa y verificable» antes del 4 de julio — Día de la Independencia de Estados Unidos, una fecha elegida con la sutileza simbólica que caracteriza a la administración Trump —, Washington impondrá aranceles del 25% a todos los vehículos fabricados en Europa, del 15% a los productos agrícolas y del 10% a los bienes industriales. El impacto estimado sobre la economía europea sería de entre 180.000 y 240.000 millones de euros anuales, según los cálculos de la Comisión Europea, con Alemania, Italia y España como los países más afectados por su exposición al mercado automovilístico y agrícola estadounidense.

La división interna de la UE sobre cómo responder al ultimátum se ha profundizado hasta niveles que amenazan con paralizar la capacidad negociadora del bloque. Por un lado, el grupo de los «halcones comerciales» — liderado por Francia, España e Italia — defiende una respuesta firme que incluya contramedidas arancelarias sobre los productos tecnológicos y energéticos estadounidenses si Trump cumple su amenaza. Por otro lado, el grupo de las «palomas» — Alemania, Holanda, Irlanda y los países nórdicos — aboga por hacer concesiones sustanciales en el sector agrícola y en la regulación digital para evitar una guerra comercial que, argumentan, perjudicaría más a Europa que a Estados Unidos. La fractura reproduce el viejo eje norte-sur de la economía europea, agravado ahora por la dependencia energética y la necesidad de mantener el mercado estadounidense abierto en un momento de desaceleración global.

El Acuerdo de Turnberry — el marco comercial que Sefcovic y Greer negociaron en el campo de golf escocés del mismo nombre en febrero, y que establecía las bases para una reducción mutua de aranceles en cuatro sectores — está ahora en peligro real. Las fuentes europeas reconocen que el acuerdo de principios alcanzado en Escocia se basaba en un supuesto que se ha demostrado erróneo: que Trump estaba dispuesto a negociar de buena fe y que las concesiones europeas serían correspondidas con reciprocidad. «Turnberry fue un espejismo», reconoce un diplomático de alto nivel que participó en las negociaciones. «Trump no quiere un acuerdo equilibrado. Quiere una victoria que pueda vender en las primarias de 2028 como una demostración de fuerza frente a Europa».

Mientras Europa se debate sobre los aranceles, el frente iraní se ha transformado de la noche a la mañana con la confirmación de que Trump asistirá personalmente a la ronda de conversaciones de Mascate, en Omán, el miércoles 21. La noticia, que circuló primero como un rumor de las agencias árabes y fue confirmada después por la Casa Blanca a las 15:20 de ayer, tiene una dimensión histórica que trasciende la coyuntura: sería la primera vez que un presidente de Estados Unidos se sienta frente a frente con representantes del régimen iraní desde que Jimmy Carter gestionó la crisis de los rehenes en 1979-1980. El formato exacto de la reunión no ha sido revelado, pero las fuentes omaniés indican que no será un encuentro bilateral directo sino una sesión multilateral en la que Omán actuará como mediador, un matiz que permite a Trump mantener la ficción de que «no negocia con Irán» mientras, de facto, negocia con Irán.

La reacción de los mercados energéticos ha sido contradictoria. El Brent, que había caído a 94,50 dólares ayer al conocerse la noticia de Mascate, ha rebotado esta mañana a 95,70 tras la confirmación del bloqueo aéreo saudí. Arabia Saudí ha denegado formalmente el acceso a su espacio aéreo para las operaciones de la «Operación Project Freedom» sobre el estrecho de Ormuz, obligando a redirigir los vuelos de reconocimiento y patrulla desde bases más lejanas. Los analistas interpretan el movimiento de Riad como una señal de que el reino saudí no quiere ser percibido como aliado militar de EEUU en un conflicto que podría escalar, y también como una advertencia a Washington de que la alianza saudí-estadounidense tiene límites que Trump no puede traspasar sin consecuencias.

El oro ha marcado un nuevo máximo histórico de 2.740 dólares por onza, la quinta sesión consecutiva al alza, en un movimiento que los analistas de JP Morgan califican de «huida hacia la seguridad en toda regla». El metal precioso se ha revalorizado un 18% desde el inicio de las tensiones en Ormuz en marzo y un 7% solo en las últimas dos semanas. La demanda procede tanto de los bancos centrales — con China e India como compradores principales — como de los inversores institucionales que buscan refugio frente a la combinación de riesgo geopolítico, incertidumbre arancelaria y debilidad del dólar. El euríbor, por su parte, ha bajado ligeramente a 2,82% pero sigue en máximos de ocho meses, un nivel que encarece las hipotecas variables en aproximadamente 52 euros mensuales respecto a enero.

El Consejo de la UE retoma hoy el expediente de las sanciones individuales a Israel, el mandato que Kallas arrancó ayer del Consejo de Asuntos Exteriores tras el bloqueo húngaro a la suspensión del acuerdo de asociación. Las sanciones individuales — congelación de activos y prohibición de viaje para los responsables militares de la interceptación de la Flotilla Sumud — no requieren unanimidad sino mayoría cualificada, lo que las hace políticamente viables pero diplomáticamente más débiles que una suspensión del acuerdo. Abukeshek sigue al 16% de función renal y Cruz Roja ha reiterado esta mañana que la ventana de intervención es de 48 horas, un plazo que convierte cada hora de deliberación diplomática en una carrera contra la biología.

Para España, la convergencia de los tres frentes europeos — aranceles, Irán e Israel — configura un panorama exterior de máxima complejidad que Albares deberá gestionar simultáneamente durante su comparecencia de esta mañana en el Congreso. La economía española es especialmente vulnerable a los aranceles estadounidenses por su dependencia de las exportaciones agrícolas y automovilísticas al mercado americano: el sector del aceite de oliva, el vino, los cítricos y los componentes de automoción representan aproximadamente el 4,2% de las exportaciones totales españolas a EEUU, según datos del ICEX. Un arancel del 25% sobre los coches europeos afectaría directamente a la planta de SEAT en Martorell — que ya ha anunciado un ERTE para 3.400 trabajadores — y a la cadena de proveedores que emplea a más de 30.000 personas en Cataluña.

Al amanecer de este martes, Europa se despierta con la sensación de que el mundo multipolar que la geopolítica académica llevaba años describiendo en los seminarios se ha materializado de golpe en la realidad. Los aranceles de Trump, las conversaciones de Mascate, el bloqueo saudí, la crisis israelí y la fragmentación interna de la UE no son crisis separadas sino facetas de un mismo fenómeno: el fin de un orden internacional basado en reglas que Europa ayudó a construir y que ahora no puede defender sola. Sefcovic volverá a negociar, Kallas volverá a buscar mayorías y los diplomáticos europeos volverán a redactar compromisos. Pero la pregunta que nadie formula en voz alta es si Europa tiene todavía la capacidad de influir en un mundo donde las decisiones se toman en Washington, Riad, Pekín y Teherán, y los comunicados se redactan en Bruselas.

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