Detrás de buena parte de estas llamadas se esconden intentos de estafa que replican un mismo patrón: los delincuentes se hacen pasar por bancos o entidades financieras, alertan sobre supuestos problemas con cuentas o tarjetas, solicitan códigos de verificación enviados por mensaje de texto o presionan para que la víctima realice transferencias de dinero de inmediato. No todas las llamadas tienen fines delictivos, pero el aumento del volumen permite que los estafadores se mezclen entre miles de contactos aparentemente inofensivos y pasen desapercibidos.
La sofisticación del engaño ha crecido en paralelo a las filtraciones de datos personales. Cuando el interlocutor ya conoce datos básicos de la persona —obtenidos a partir de esas filtraciones—, la llamada gana credibilidad y dificulta la desconfianza inmediata, incluso en usuarios habituados a este tipo de intentos.
El mayor peligro, según la descripción del fenómeno, no está en responder sino en lo que puede ocurrir durante la conversación. Los delincuentes recurren a técnicas de ingeniería social para generar confianza y persuadir a la víctima de entregar información sensible; la constante es la urgencia artificial, con la que buscan que la persona actúe antes de verificar la información con calma.
Ante ese panorama, la CRC ha impulsado medidas para que los operadores identifiquen las llamadas sospechosas y las de carácter publicitario. Una de las opciones disponibles es inscribir el número en el Registro de Números Excluidos, una herramienta que busca reducir las llamadas y mensajes con fines comerciales por parte de empresas obligadas a respetar ese registro.
El RNE no elimina por completo las llamadas no deseadas, pero reduce las de origen empresarial legítimo, obligadas por la regulación a respetar el registro antes de marcar. Su limitación práctica es que no alcanza a las llamadas fraudulentas, que operan al margen de cualquier norma y suelen usar numeración suplantada o líneas desechables.
Herramientas nativas del celular
Fuera del ámbito regulatorio, tanto Android como iPhone incorporan funciones que alertan cuando un número ha sido reportado como spam. Mantener esa función activada permite identificar posibles riesgos antes de responder, aunque no sustituye la decisión final de la persona sobre si continuar o no la conversación.
La recomendación para los números que insisten de manera reiterada es bloquearlos directamente desde la aplicación del teléfono, lo que impide que vuelvan a comunicarse desde esa misma línea. Es una medida de alcance limitado —los estafadores organizados suelen rotar numeración con facilidad— pero efectiva contra el hostigamiento de baja sofisticación.
El punto de mayor vulnerabilidad no está en contestar, sino en lo que ocurre una vez establecida la comunicación. Si durante la llamada le solicitan datos bancarios, códigos de verificación, contraseñas o información de tarjetas, la recomendación es finalizar la comunicación y contactar directamente a la entidad por sus canales oficiales, sin usar los números que el propio interlocutor sugiera.
El mecanismo de ingeniería social empleado en las llamadas spam guarda similitudes con otros esquemas de fraude que han crecido en el país. Como reveló una investigación reciente, las estafas con criptomonedas sumarían $135.000 millones del fraude digital, según estimaciones de la firma Vurelo, un indicio de que los circuitos delictivos que antes operaban solo por internet también recurren al canal telefónico como puerta de entrada.
La proliferación de estas llamadas se inserta en un contexto más amplio de vulnerabilidad de datos personales en Colombia, donde filtraciones periódicas de bases de datos terminan alimentando el mercado de información que usan estos circuitos delictivos. Sin una cifra oficial consolidada sobre el volumen total de llamadas spam reportadas en el país, la respuesta se apoya en la combinación de registro voluntario, filtrado por parte de los operadores y educación del usuario final.
Reducir las llamadas spam, concluye la recomendación difundida, requiere combinar las herramientas del celular con hábitos de seguridad: identificar comunicaciones sospechosas, bloquear números insistentes y desconfiar de cualquier solicitud de información personal son acciones sencillas que pueden disminuir considerablemente el riesgo de caer en una estafa telefónica.
