Uno de los misiles impactó en el barrio de Al Sharika, en el norte de la ciudad, y dejó herido a Omar Anwar Mohammed Hazaa, según el comunicado difundido por la gobernación de Marib. Otros puntos de la ciudad sufrieron daños adicionales, con vehículos civiles destruidos y desperfectos en viviendas y propiedades privadas, de acuerdo con la misma fuente, que no ofreció un balance total de heridos ni precisó el número de inmuebles afectados.
Las autoridades provinciales atribuyeron la autoría de los ataques a los hutíes, a quienes describieron como fuerzas "respaldadas por Irán", y sostuvieron que la ofensiva se dirige contra áreas residenciales y objetivos civiles. La gobernación pidió a la comunidad internacional y a las organizaciones humanitarias y de derechos humanos que condenen los hechos y los documenten como una violación del Derecho Internacional Humanitario, marco jurídico que prohíbe los ataques indiscriminados contra población civil recogido en los Convenios de Ginebra de 1949 y sus protocolos adicionales.
Los hutíes sostienen que su reciente campaña de bombardeos ha tenido como único objetivo a militares y material bélico saudí desplegado en el puerto de Moca, y acusan a las autoridades de Arabia Saudí, aliado del Gobierno yemení de Adén, de alimentar la escalada. El movimiento no ha respondido de forma directa a las acusaciones sobre el bombardeo de Marib. Teherán, principal respaldo regional de los hutíes, ha negado de forma reiterada proporcionar armamento o financiación directa al grupo, pese a que organismos de Naciones Unidas y varios gobiernos occidentales han documentado transferencias de misiles y componentes de drones de origen iraní hacia Yemen.
Marib, bastión estratégico en el frente con Saná
La ciudad de Marib, capital de la provincia homónima al este de Saná, es uno de los últimos enclaves importantes bajo control del Gobierno reconocido internacionalmente y sede de recursos energéticos relevantes para el país, incluidas instalaciones de gas natural. Su posición en el límite entre el territorio dominado por los hutíes y el que administra el Ejecutivo con sede en Adén la convierte en un frente recurrente desde que el conflicto se intensificó en 2015. La gobernación advirtió de que la nueva escalada amenaza especialmente a la población desplazada que se refugia en la ciudad y sus alrededores.
El bombardeo del sábado se produce después de que el puerto de Moca, situado en el estrecho de Bab el Mandeb —paso marítimo que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén—, paralizara sus operaciones de forma indefinida. La decisión llegó tras una nueva serie de bombardeos aéreos atribuidos a los hutíes el viernes, el episodio más reciente de una cadena de ataques iniciada el 9 de agosto que ha dejado al menos siete muertos en las instalaciones portuarias, según las autoridades locales.
La guerra de Yemen enfrenta desde 2014 al movimiento hutí, de confesión zaidí y respaldo iraní, que controla la capital, Saná, y amplias zonas del norte y el oeste del país, con el Gobierno reconocido internacionalmente, apoyado desde 2015 por una coalición liderada por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. El conflicto ha causado, según Naciones Unidas, más de 150.000 muertos directos e indirectos y ha generado una de las mayores crisis humanitarias del mundo, con millones de desplazados internos.
La tregua alcanzada en abril de 2022 bajo auspicio de la ONU redujo de forma notable la intensidad de los combates durante los años posteriores, aunque nunca llegó a formalizarse en un acuerdo de paz permanente. Desde entonces, las hostilidades a gran escala se habían mantenido contenidas pese a episodios puntuales de tensión, en un equilibrio frágil que los acontecimientos de las últimas semanas en Marib y Moca parecen poner en cuestión.
Arabia Saudí ha buscado en los últimos años reducir su implicación militar directa en el conflicto en el marco de un acercamiento diplomático con Teherán, mediado por China en 2023, sin que ello haya derivado en una desescalada sostenida sobre el terreno yemení. El estrecho de Bab el Mandeb, junto con el canal de Suez, forma parte de una de las rutas marítimas más sensibles para el comercio internacional: desde finales de 2023 los hutíes han atacado de forma reiterada buques mercantes y de guerra en el mar Rojo en solidaridad con la población de Gaza, lo que forzó a numerosas navieras a desviar sus rutas hacia el cabo de Buena Esperanza, con el consiguiente encarecimiento de fletes y plazos de entrega a escala mundial.
La paralización del puerto de Moca añade una dimensión económica a la crisis, al tratarse de una infraestructura relevante para el abastecimiento de una región golpeada por la escasez de combustible y alimentos. Organizaciones humanitarias han advertido de que el cierre de rutas de suministro agrava la situación de la población desplazada, que en Marib se cuenta por cientos de miles según estimaciones de agencias de la ONU difundidas en años anteriores.
Ni el Gobierno yemení reconocido internacionalmente ni la coalición liderada por Arabia Saudí han emitido hasta el momento una respuesta pública detallada al ataque del sábado en Marib, más allá del comunicado de la gobernación local que atribuye la autoría a los hutíes. La ausencia de una reacción oficial de mayor rango deja abierta la incógnita sobre si Riad o Adén responderán con nuevas operaciones militares en los próximos días.
El precedente de la tregua de 2022 muestra que la presión internacional sostenida, con Naciones Unidas como principal canal de negociación entre las partes, ha sido en el pasado la vía más eficaz para reducir la intensidad de los combates en Yemen. Los próximos días serán determinantes para saber si los ataques sobre Marib y la paralización de Moca marcan el inicio de una escalada prolongada o si permanecen como episodios puntuales dentro de un conflicto que, más de una década después de su inicio, sigue sin una solución política definitiva.


