El programa científico «La Amenaza Invisible» y la organización Wildlife Rescue Costa Rica identificaron los patógenos más peligrosos para estas poblaciones: la leucemia felina y el sida felino, enfermedades propias de gatos domésticos que ya provocaron casos graves en yaguarundíes. El distemper canino, conocido como moquillo y asociado tradicionalmente a los perros, apareció también en jaguares y ocelotes, junto con la peritonitis infecciosa felina.
La explicación de fondo está en el parentesco biológico: los gatos domésticos comparten familia genética con los felinos silvestres, mientras los perros la comparten con otros carnívoros como coyotes o pumas, lo que hace compatibles sus organismos con los mismos microbios. La diferencia está en la respuesta inmunitaria, ya que los animales silvestres han vivido aislados de las enfermedades urbanas y carecen de anticuerpos frente a ellas.
Lo que en un gato doméstico se resuelve como un simple resfriado puede derivar en la muerte rápida de un jaguar o un ocelote, o incluso en la infertilidad de toda una manada. El contagio no exige siempre contacto directo: muchas mascotas portan virus, bacterias o parásitos sin mostrar síntomas y los liberan al ambiente a través de heces, orina o saliva al marcar territorio. Un felino silvestre puede infectarse al olfatear una planta o el suelo por donde horas antes pasó un perro o un gato.
Las garrapatas y pulgas actúan además como vectores, saltan de la mascota a la vegetación y de ahí al felino, con enfermedades de la sangre como la ehrlichiosis o la anaplasmosis. Incluso el ladrido de un perro cerca del bosque genera un estrés crónico que eleva el cortisol y deprime el sistema inmune de la fauna silvestre, dejándola más expuesta a cualquier virus. El fenómeno de contagio de patógenos domésticos a especies salvajes tiene precedentes documentados: el distemper canino diezmó a los leones del Serengueti en Tanzania en 1994, cuando un brote procedente de perros domésticos vecinos del parque mató a cerca de un tercio de la población.
Vacunación completa en perros y gatos
Los biólogos del programa «La Amenaza Invisible» señalan que un esquema vacunal completo en perros y gatos crea una barrera que bloquea la multiplicación de los virus y evita que la mascota los libere al ambiente. En gatos, la vacuna contra la leucemia felina resulta crítica para quienes viven cerca de zonas boscosas, junto con la triple felina, que protege frente a la panleucopenia, el calicivirus y la rinotraqueitis viral.
En perros, la vacuna contra el distemper canino, incluida en fórmulas múltiples como la V8 o la séxtuple, es clave porque este virus ataca con fuerza a jaguares y ocelotes. La vacuna contra el parvovirus y la hepatitis infecciosa canina completa la protección, dado que ambos virus permanecen estables en el ambiente durante largo tiempo. La antirrábica, obligatoria para ambas especies, corta la transmisión entre el ciclo urbano y el ciclo silvestre, este último mantenido por murciélagos y otros animales.
El Servicio Nacional de Salud Animal de Costa Rica añade que la desparasitación interna y el uso de collares o pipetas antipulgas resultan igual de necesarios, ya que estos parásitos transportan hemoparásitos mortales directamente hacia la fauna nativa. La advertencia encaja en el enfoque de salud compartida entre fauna, animales domésticos y personas que también atraviesan otras investigaciones sanitarias recientes, como las que miden el riesgo de dormir menos de cinco horas.
Las autoridades costarricenses evalúan la creación de zonas de amortiguamiento entre las áreas urbanas y los parques nacionales para reducir el contacto entre mascotas y felinos silvestres.
