Davis, de 63 años, permanece en prisión sin posibilidad de fianza y es la única persona que ha sido enjuiciada por la muerte del artista, pese a que durante casi tres décadas el caso acumuló especulaciones sobre la identidad de los autores del crimen. El cargo por el que fue condenado era asesinato con arma mortal, agravado por la intención de promover, fomentar o ayudar a una organización criminal.
El juicio se prolongó durante nueve días de audiencias, en los que declararon cerca de 30 testigos. El fiscal Binu Palal sostuvo ante el jurado que Davis, en complicidad con su sobrino Orlando Anderson y otros miembros de su grupo, persiguió a Shakur por venganza tras el altercado que el rapero protagonizó con el entorno de la pandilla en el hotel MGM Grand de Las Vegas.
La acusación se apoyó de forma decisiva en las memorias publicadas por el propio Davis, tituladas 'Compton Street Legend', en las que el acusado relató cómo organizó el ataque y cómo consiguió el arma empleada en el tiroteo. Ese material, concebido como testimonio autobiográfico, terminó convirtiéndose en la columna vertebral de la estrategia de la Fiscalía durante el proceso.
La defensa, encabezada por el abogado Michael Sanft, intentó desacreditar esas mismas declaraciones alegando que Davis había ofrecido versiones contradictorias del tiroteo y que buena parte de su relato se sustentaba en hechos ficticios. El jurado no dio credibilidad a esa línea de defensa y lo declaró culpable el pasado 31 de agosto.
Shakur murió el 13 de septiembre de 1996, a los 25 años, cuando viajaba como copiloto por la avenida Strip de Las Vegas y recibió varios disparos desde otro vehículo. El rapero se encontraba entonces en la cúspide de su carrera y su muerte dejó un profundo vacío en la industria musical, alimentada durante años por teorías no probadas sobre la autoría del crimen.
El enjuiciamiento de delitos cometidos hace casi tres décadas no es excepcional en el sistema penal estadounidense, donde el asesinato en primer grado no prescribe. La policía de Las Vegas no logró reunir pruebas suficientes para procesar a Davis hasta que este reconoció públicamente su papel en el crimen a través de entrevistas y del propio libro de memorias, lo que permitió reabrir una investigación largamente estancada.
La sentencia dictada este martes pone fin, en el plano judicial, a uno de los asesinatos más emblemáticos de la cultura del hip-hop en Estados Unidos, que durante casi treinta años permaneció sin ningún condenado.
