El acuerdo lo suscribió la filial FIFA Americas Incorporation, con domicilio legal en Delaware, y lleva las iniciales del secretario general del organismo, Mattias Grafström, entre las firmas de cuatro miembros del consejo de administración. La oficina, la llamada «suite 1701», ocupa un anexo del rascacielos de 58 plantas de la Quinta Avenida que la Organización Trump explota como sede corporativa, un espacio donde el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, dispone de un despacho propio.
El trasfondo de la operación se remonta al 17 de julio de 2025, dos días antes de la final del Mundial organizado por Estados Unidos, México y Canadá, cuando Infantino y Trump compartieron una recepción en la Trump Tower para celebrar lo que el mandatario estadounidense calificó como «el mayor acontecimiento deportivo, quizá de la historia». Infantino agradeció entonces el respaldo institucional sin precisar qué empleados ni qué funciones se trasladarían a las nuevas instalaciones.
«Gracias, por supuesto, también al presidente Trump», declaró Gianni Infantino, presidente de la FIFA, durante la recepción del 17 de julio en Nueva York.
La elección de Nueva York respondía, según la versión oficial de la FIFA, a la necesidad de una sede operativa de cara al Mundial de Clubes de 2025 y al Mundial de 2026, que Estados Unidos coorganiza con México y Canadá. El organismo ya había abierto un año antes un departamento jurídico en Miami, un proceso que sí incluyó comparación de ofertas y visitas a distintas ubicaciones, a diferencia de lo ocurrido con la oficina de la Quinta Avenida, donde la FIFA no visitó otros inmuebles ni comparó precios.
Ningún empleado destinado en la suite
Varias fuentes citadas en los documentos sostienen que ningún miembro del personal de la FIFA está destinado en la suite 1701 y que la inmensa mayoría de la plantilla desconocía la existencia del contrato. El propio organismo admitió que el espacio resultó insuficiente para albergar el acto del 17 de julio, que tuvo que celebrarse en otra sala del edificio.
El importe medio ronda los 470.000 dólares anuales, unos 41.000 dólares mensuales, una cifra que, según los cálculos de Le Monde sobre el contrato, se ajusta a los precios de mercado habituales para oficinas de esas dimensiones en la Quinta Avenida. El acuerdo contempla un incremento fijo del 2% anual «para compensar la transferencia de los gastos de explotación», además de una rebaja inicial de 19.000 dólares mensuales durante los ocho primeros meses. El alquiler alcanza su punto máximo en el tramo final del contrato, con 533.000 dólares por los últimos siete meses frente a los 455.000 del segundo año.
«La FIFA paga un alquiler acorde con los precios del mercado por estas instalaciones y cumple con toda la legislación local», respondió la organización a las preguntas de Le Monde.
La vinculación contractual se extiende hasta finales de 2032, más de seis años después del Mundial de 2026, y solo permite una rescisión anticipada tras cinco años y siete meses desde su entrada en vigor, con un preaviso de doce meses y el pago adicional de seis meses de alquiler. Esa rigidez ha avivado el malestar interno: según los documentos, el comité de finanzas no fue informado antes de la firma, y varios responsables de la administración manifestaron en privado su preocupación por un posible conflicto de intereses, dado que Estados Unidos es uno de los tres países anfitriones del torneo de 2026.
El episodio llega en un momento sensible para Infantino, que dirige la FIFA desde 2016 y se presentaba a un tercer mandato en las elecciones previstas para el 18 de marzo de 2027. El dirigente italo-suizo había impulsado meses atrás la creación de una sociedad comercial abierta a inversores privados, algunos de ellos vinculados al entorno de Trump, proyecto que finalmente abandonó ante las resistencias dentro del organismo.
La proximidad entre Infantino y la Casa Blanca ha asomado en otros frentes de la actividad internacional de la Administración Trump, como el rechazo expreso de Volodímir Zelenski a un relevo presidencial impuesto desde Washington o Moscú. No es la primera vez que la FIFA afronta cuestionamientos por su gobernanza: el escándalo de corrupción de 2015, con detenciones de dirigentes en Zúrich a instancias de la justicia estadounidense, acabó con la salida de Joseph Blatter y llevó a Infantino al cargo precisamente bajo la promesa de mayor transparencia.
La reunión del Consejo en Zúrich
El contrato y sus condiciones se debatirán este jueves en la reunión del Consejo de la FIFA convocada en Zúrich, ciudad suiza donde el organismo mantiene su sede desde 1932. La cita se considera decisiva, en un clima atravesado por las tensiones sobre la falta de transparencia en la contratación y la ausencia de comparación de ofertas antes de optar por el inmueble neoyorquino.
La FIFA, que mueve miles de millones de dólares a través de derechos de televisión, patrocinios y licencias en cada edición del Mundial, se rige formalmente por estatutos que exigen procedimientos de contratación competitivos para sus adquisiciones relevantes, un estándar que, según los documentos, no se cumplió en este caso. El organismo defiende que la relación con la Trump Tower es estrictamente comercial y que el alquiler respeta los precios de mercado.
El Mundial de 2026 se disputará en sedes de Estados Unidos, México y Canadá entre junio y julio, con Nueva York como uno de sus epicentros logísticos y mediáticos, y la Trump Tower, inmueble propiedad de la familia del presidente del país anfitrión, como escenario de una relación institucional que vence, según el contrato, a finales de 2032.

