El procedimiento no sustituye al especialista: trabajadores sanitarios formados para el manejo del dispositivo capturan imágenes del ojo que después examinan a distancia oftalmólogos. Según los resultados publicados, la concordancia entre los especialistas remotos y los que examinaron a los pacientes de forma presencial alcanzó el 96,1% en las decisiones de derivación, el indicador que determina qué casos necesitan una evaluación especializada.
El tiempo por cribado resultó igualmente determinante para su aplicación práctica: menos de dos minutos y medio por ojo, según el mismo trabajo. Esa rapidez, unida a la posibilidad de prescindir de un especialista en el lugar de la exploración, abre una vía para ampliar la cobertura de las campañas de detección en regiones con escaso acceso a la oftalmología. El estudio, no obstante, se difundió en medRxiv como preprint, es decir, sin haber completado la revisión por pares en el momento de su publicación.
Una segunda línea de investigación recurre directamente a la inteligencia artificial para analizar imágenes oculares. Un trabajo publicado en 2023 en el Indian Journal of Ophthalmology evaluó la aplicación e-Paarvai, diseñada para detectar y clasificar cataratas, sobre 2.619 ojos de 1.407 pacientes.
La aplicación alcanzó una sensibilidad del 96% para detectar cataratas, de modo que identificó casi todos los casos reales. Su especificidad, sin embargo, se quedó en el 25%: también señaló como sospechosos muchos ojos sanos según la evaluación clínica de referencia. El contraste entre ambas cifras ilustra el margen de mejora que todavía requieren estas herramientas antes de emplearse de forma autónoma, sin la supervisión de un profesional.
Detectar una posible catarata, por tanto, no equivale a confirmar un diagnóstico. Las imágenes captadas por estos sistemas deben interpretarse dentro de un proceso clínico más amplio y, cuando el caso lo requiera, complementarse con una exploración oftalmológica convencional.
El mismo móvil, dos caras opuestas
El teléfono móvil, habitualmente señalado como factor de fatiga visual, sequedad ocular y molestias derivadas de las horas frente a la pantalla, se emplea aquí como herramienta de cribado sanitario. El uso prolongado de dispositivos digitales sigue asociándose a esas afecciones, sobre todo cuando disminuye la frecuencia del parpadeo o se prolongan las jornadas de trabajo de cerca. La diferencia no está en el dispositivo, sino en su uso: una pantalla convencional puede contribuir a las molestias visuales, mientras que un sistema diseñado con fines clínicos, con accesorios ópticos y protocolos de análisis, convierte la misma cámara en una vía de cribado.
Esa distinción cobra relevancia en un contexto de creciente escrutinio sobre afirmaciones de salud difundidas sin respaldo, en la línea de lo ya señalado cuando un cardiólogo advirtió de que la cúrcuma no desinflama como se cree. Los dos estudios referidos —uno sobre validación de imágenes a distancia, otro sobre análisis automatizado con inteligencia artificial— comparten una conclusión de fondo: la tecnología facilita el cribado inicial, pero la confirmación diagnóstica sigue dependiendo de la evaluación clínica especializada.