El certamen, organizado por el Museo de Historia Natural londinense, ha recibido este año 65.403 fotografías procedentes de 121 países, casi 5.000 más que en la edición anterior, según los datos difundidos por la institución. Un panel internacional de expertos y fotógrafos evaluó cada obra atendiendo a la creatividad, la originalidad y la excelencia técnica. El concurso celebra en esta edición su 62º aniversario, lo que lo sitúa como uno de los galardones de fotografía de naturaleza más longevos del mundo.
La fotografía ganadora, captada por Veronesi en el curso de un río seco namibio, documenta un comportamiento que los científicos del museo han observado tanto en elefantes africanos como asiáticos ante la muerte de sus congéneres. Según detalla la institución, se ha podido registrar a estos animales emitiendo sonidos particulares, vigilando a sus muertos, inspeccionando sus cuerpos o manipulando sus huesos, además de transportarlos como en la imagen premiada.
Algunos investigadores interpretan estas conductas como una forma en que los elefantes comprenden el concepto de la muerte, mientras otros las leen como posibles manifestaciones de dolor, sin que exista consenso científico cerrado sobre su significado, según expone el propio museo al presentar la obra.
Entre las imágenes seleccionadas por el jurado como mejores del año figura una pareja de picozapatos fotografiada en Uganda mientras recogía plantas y tierra para construir su nido, una escena poco habitual de esta ave de comportamiento esquivo. También destaca un tritón de California protegiendo sus huevos en una postura defensiva. La selección incluye además un elefante duchando con su trompa a un grupo de cebras y jirafas junto a una charca en la sabana keniana, una estampa que contrasta con el tono de la fotografía ganadora, y un escorpión camuflándose en la arena del desierto de Rajastán, en India.
El lado más crudo de la relación entre fauna y actividad humana queda retratado en una imagen tomada en la Patagonia argentina, donde aparece el cuerpo de un puma atado sobre una valla de madera y alambre. La convivencia entre depredadores y ganadería es un conflicto recurrente en la región, donde el puma figura entre las especies afectadas por el control letal en explotaciones de ovino.
El concurso, nacido en 1965 de la mano de la revista del museo, reparte su reconocimiento entre categorías por edad, hábitat y técnica, un formato que lo ha convertido en referencia internacional del género. Edición tras edición, las imágenes premiadas combinan la excelencia técnica con la denuncia ambiental, de la caza furtiva a la pérdida de hábitat.
El Museo de Historia Natural inaugura este viernes 16 de octubre la exposición con las fotografías premiadas y finalistas, que podrá visitarse en su sede londinense con las obras capturadas por fotógrafos de todo el mundo.
