El corte del diésel marroquí no fue gradual sino abrupto, de acuerdo con los registros de Cores, organismo tutelado por el Ministerio de Transición Ecológica y encargado de las reservas de productos petrolíferos. Tras alcanzar máximos en marzo, abril, mayo y junio, el flujo se redujo con fuerza en julio y desapareció por completo en agosto, cuando Marruecos no despachó, según esos datos, ni un litro hacia España.
La coincidencia temporal con las restricciones rusas a la exportación de combustibles —impuestas tras los ataques ucranianos con drones contra refinerías en territorio ruso— alimentó la sospecha, ya en julio, de que buena parte del diésel que llegaba a España desde Marruecos tenía en realidad origen ruso. El reino carece de capacidad de refinación propia desde el cierre en 2016 de la planta de Samir en Mohammedia, lo que le obliga a importar la totalidad de los combustibles refinados que consume.
El gasoducto que cambió de sentido en 2023
El trasvase de gas natural que sostiene el abastecimiento marroquí se canaliza a través del gasoducto del Magreb, una infraestructura que durante años transportó gas argelino hacia España y Portugal. El Gobierno de Pedro Sánchez invirtió su sentido de circulación en 2023, de modo que el gas fluye ahora desde España hacia Marruecos, después de que Argel decidiera cerrar el grifo por sus diferencias políticas con Rabat en torno al Sáhara Occidental.
Ese cambio de flujo convirtió a España en pieza clave del suministro energético marroquí en un momento de tensión regional. Según Cores, Marruecos ha recibido en lo que va de 2026 un total de 5.735 GWh de gas natural español, un 14% menos que en el mismo periodo del año anterior, pese a que agosto concentró una porción sustancial del total exportado por España ese mes.
A ello se suma el comercio de productos petrolíferos refinados: España ha enviado a Marruecos 1,66 millones de toneladas hasta agosto de este año, frente a los tres millones de toneladas que exportó durante todo 2025, según los mismos registros de Cores. La cifra sitúa a Marruecos entre los principales destinos del refino español en el Mediterráneo occidental.
La disputa con Argelia por el corredor energético
La dependencia marroquí del gas español se enmarca en una competencia estratégica más amplia con Argelia por el control de las rutas energéticas que conectan África subsahariana con Europa. Rabat impulsa el proyecto del gasoducto África-Atlántico, que uniría Nigeria con Marruecos atravesando once países de la costa occidental africana, mientras Argel desarrolla en paralelo un trazado alternativo desde Níger hasta territorio argelino.
Ambos corredores compiten por erigirse en la vía preferente de exportación del gas nigeriano hacia Europa, en un contexto marcado por el esfuerzo europeo de diversificar su aprovisionamiento energético tras la reducción de las compras de gas ruso desde 2022. Para Marruecos, consolidarse como nodo de tránsito reforzaría su posición frente a Argelia, con la que mantiene las relaciones diplomáticas rotas desde 2021.
El trasfondo energético se complica con la decisión reciente del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de autorizar a Rusia a exportar tres millones de toneladas de diésel al mercado internacional, pese al veto que la Unión Europea mantiene sobre los combustibles rusos. La medida afecta a un producto del que Marruecos importa buena parte, dada su nula capacidad de refino desde 2016.
«No es algo que se vaya a destinar a nosotros. Es un acuerdo sobre el diésel dirigido al mercado mundial, porque ese mercado ha sufrido debido a los precios elevados», declaró Donald Trump, presidente de Estados Unidos.
Trump defendió así la autorización frente a las críticas, con el argumento de que responde a una lógica de estabilización de precios globales y no constituye una vía de entrada directa de combustible ruso en territorio estadounidense. La coincidencia entre el repunte previo del diésel marroquí hacia España y las restricciones rusas a sus propias exportaciones había alimentado ya las sospechas sobre el origen real del producto antes de que el flujo se cortara en agosto.
Ceuta, telón de fondo de la crisis
El episodio energético se produce en paralelo a la crisis migratoria desatada en Ceuta tras la llegada masiva de más de 80.000 ciudadanos marroquíes a la ciudad autónoma los días 30 y 31 de julio, un suceso que ha dejado a miles de personas todavía en las calles semanas después. La magnitud de aquel movimiento recuerda a la crisis de mayo de 2021, cuando unas 10.000 personas accedieron a Ceuta en pocas horas ante la pasividad de la gendarmería marroquí, en plena tensión por la acogida en España del líder del Frente Polisario.
El contraste entre el corte del suministro de diésel y la continuidad del envío de gas natural dibuja una relación energética asimétrica, en la que España sostiene una infraestructura crítica para el abastecimiento marroquí mientras Rabat gestiona sus propios flujos de combustibles con mayor margen. La tensión migratoria en Ceuta no ha alterado, según los datos de Cores, el ritmo de las exportaciones españolas de gas hacia el reino.
El episodio se suma a una serie de fricciones recientes en el espacio marítimo próximo a Europa, en un contexto de mayor vigilancia sobre infraestructuras energéticas y de transporte, como mostró el ataque con drones que hundió un carguero frente a Bulgaria, el segundo de ese tipo registrado en una semana.