La organización, especializada en la protección de la infancia, difundió una nota en la que reclama atención urgente para las mujeres embarazadas y las madres de recién nacidos en las regiones del norte de Venezuela golpeadas por el desastre. Según Save the Children, los dos terremotos del 24 de junio destruyeron o dañaron decenas de instalaciones sanitarias e interrumpieron servicios esenciales de salud materna e infantil, en algunos casos con personal médico entre las víctimas directas del seísmo o fallecido a causa de este.
Uno de los ejemplos citados por la organización es el del principal hospital de maternidad de La Guaira, que continuaría cerrado un mes después del terremoto. Los casos más graves de parto tendrían que ser trasladados a Caracas, mientras en la propia localidad solo se prestaría atención básica. El escenario descrito incluye a miles de mujeres y familias que perdieron sus viviendas y ahora residen en refugios temporales, donde el acceso a atención prenatal, alimentación nutritiva, agua potable y saneamiento sería limitado.
El impacto del estrés y la inseguridad alimentaria
Save the Children pone el acento en el efecto del estrés materno sobre la gestación. Según explicó la organización, los niveles elevados de ansiedad durante el embarazo pueden repercutir en el desarrollo cerebral y en el sistema inmunitario del bebé, además de incrementar la probabilidad de partos prematuros y de abortos espontáneos. La entidad añadió que los bebés expuestos a un estrés materno intenso durante la gestación tienden a mostrar más miedo, tristeza y angustia a los tres meses de vida que aquellos cuyas madres atravesaron el embarazo con menor nivel de ansiedad.
A los riesgos derivados del estrés se suma la inseguridad alimentaria. La organización advirtió de que el escaso acceso a alimentos nutritivos, unido a las donaciones descontroladas de leche de fórmula y a la disminución de los controles prenatales, eleva el riesgo de desnutrición infantil, partos prematuros y bebés con bajo peso al nacer.
La interrupción de servicios de salud materna tras grandes terremotos se ha documentado en catástrofes previas en distintas regiones, donde organizaciones internacionales han señalado patrones de aumento de las necesidades sanitarias en las semanas posteriores al impacto inicial, cuando la atención mediática decae pero las emergencias persisten. La respuesta humanitaria internacional se articula habitualmente a través de las agencias de Naciones Unidas —como el Fondo de Población (UNFPA) y Unicef— junto con ONG sobre el terreno, en coordinación con las autoridades nacionales del país afectado.
Ante este panorama, Save the Children reclamó a los gobiernos, donantes y agencias humanitarias internacionales que garanticen atención prenatal continuada, asistencia cualificada durante el parto y cuidados posnatales de calidad para las mujeres afectadas por el terremoto. La organización pidió igualmente que se refuerce el apoyo a la alimentación de lactantes y niños de corta edad, además del acceso a alimentos nutritivos, refugio seguro, agua potable, saneamiento y suministros básicos para los recién nacidos, tanto en la respuesta inmediata como en los meses posteriores.
La petición se apoya en las proyecciones de Naciones Unidas sobre el alcance del desastre, que sitúan en más de 36.000 el número de embarazadas afectadas por los terremotos del 24 de junio. La cifra constituye una estimación sujeta a la evolución de la respuesta humanitaria sobre el terreno en las próximas semanas.
Por el momento no se ha hecho pública una respuesta detallada de las autoridades venezolanas a las demandas planteadas por la organización, ni un balance oficial actualizado sobre el estado de la red hospitalaria en las zonas afectadas del norte del país un mes después del doble seísmo.
El seguimiento de la situación sanitaria dependerá en las próximas semanas de la evolución de la ayuda internacional y de la capacidad de reapertura de infraestructuras como el hospital de maternidad de La Guaira, mientras el calendario de partos previsto por Naciones Unidas —unos 130 nacimientos diarios— mantiene la presión sobre un sistema de salud materna que la propia Save the Children describe como debilitado.


