El dato más revelador del trimestre no está en el beneficio total, sino en su composición. El margen de intereses —la partida que mide la diferencia entre lo que el banco cobra por sus créditos y lo que paga por sus depósitos— se situó en 920 millones de euros, por debajo de las estimaciones del mercado. La entidad recurrió a otras palancas para sostener el resultado: las comisiones alcanzaron los 340 millones de euros, un 3% por encima del consenso, impulsadas en buena parte por la renovación de su alianza con la gestora de fondos Amundi, que aportó unos 10 millones de euros a esta partida en el trimestre y elevará la contribución recurrente en torno a 5 millones por trimestre.
Los ingresos totales ascendieron a 1.315 millones de euros, un 2% por encima de lo previsto por los propios directivos de la entidad. A esa cifra contribuyeron también unos ingresos por operaciones financieras de 29 millones de euros, muy superiores a los 8 millones estimados, y unos ingresos por el método de participación y dividendos de 40 millones, frente a los 36 millones calculados por el consenso. Los otros ingresos y gastos operativos se situaron en torno a los -14 millones, en línea con lo esperado.
El consejero delegado de Banco Sabadell, Marc Armengol, presentó estos resultados como prueba de la solidez del proyecto en un entorno que calificó de exigente.
«Demostramos una vez más nuestra capacidad para hacer crecer de manera sostenible el negocio, mientras mejoramos los ingresos y contenemos los costes. En un entorno exigente, la fortaleza del proyecto del banco nos permite continuar creando valor para nuestros clientes y accionistas, al tiempo que progresamos en la transformación de la entidad», Marc Armengol, consejero delegado de Banco Sabadell.
Ese discurso encaja con la estrategia desplegada durante el año: el plan de prejubilaciones ejecutado en el primer semestre de 2026 permitió rebajar las previsiones de gasto recurrente, cuyo incremento se sitúa ahora en torno al 2% interanual para el cierre del ejercicio. La combinación de ingresos al alza y costes contenidos genera lo que en el sector se conoce como tijera operativa positiva, un indicador que mide la diferencia entre el crecimiento de ingresos y el de gastos, determinante para sostener la rentabilidad cuando el negocio bancario tradicional pierde fuelle.
El diagnóstico de Citi sobre los tipos
Desde Citi, el analista Borja Ramírez Segura atribuye buena parte de la fortaleza en comisiones al impulso de la gestión de activos y a la alianza con Amundi, que según su valoración permitirán a la entidad cumplir sus objetivos de ingresos por comisiones, previstos en un alza del 4% para 2026. La lectura de Citi sobre el fondo del asunto apunta a una cuestión de calendario más que de magnitud: unos tipos de interés más elevados están retrasando, más que reduciendo, el beneficio, puesto que el coste de los depósitos se ajusta con rapidez mientras que la cartera de préstamos a tipo variable lo hace de forma gradual.
«El impulso de la gestión de activos y la alianza estratégica con Amundi permitirán a la entidad cumplir sus objetivos de ingresos por comisiones, previstos en un alza del 4% para 2026», Borja Ramírez Segura, analista de Citi.
Esa lectura coincide con la de AlphaValue, cuyo equipo de analistas liderado por David Grinsztajn valora que «Banco Sabadell consiguió un mejor control de costes para compensar la disminución de los ingresos». Los mismos analistas señalan que el margen de interés neto se recuperó según lo previsto por la dirección y que se espera que continúe aumentando en los próximos trimestres, mientras que la cartera de préstamos se mantuvo estable, afectada por la menor actividad estacional en los préstamos corporativos.
Banco Sabadell ratificó sus perspectivas para 2027 sin cambios relevantes. La entidad prevé que el crecimiento de los depósitos se mueva en un rango de un dígito bajo a medio, apoyado en la evolución del PIB nominal. Con más del 85% de los depósitos minoristas concentrados en saldos transaccionales, el banco mantiene una estructura de financiación de bajo coste que le permite, según su propio discurso, sostener la disciplina comercial sin entrar en guerras de precios, especialmente en los segmentos de pymes y empresas, donde la demanda de crédito se mantiene saludable.
En la remuneración al accionista, la entidad mantiene el compromiso de repartir 2.500 millones de euros en total y de distribuir todo el exceso de capital por encima del umbral del 13% de CET1, el ratio que mide la solvencia del banco en relación con sus activos ponderados por riesgo. Esta política se enmarca en un año en el que grandes fortunas españolas, como la de Amancio Ortega, que este lunes cobrará 1.617 millones en dividendos de Inditex, siguen beneficiándose de un entorno de reparto generoso entre las cotizadas del Ibex 35.
La entidad también confirmó que seguirá apoyándose en proveedores externos como Intrum para la gestión de sus activos adjudicados más allá de 2027, a medida que la reducción del volumen de créditos dudosos vaya aminorando estos costes operativos. Se trata de una vía adicional de ahorro que se suma al plan de prejubilaciones y refuerza el argumento de la dirección de que el control del gasto puede sostener la rentabilidad aunque el margen de intereses tarde más de lo previsto en despegar con fuerza.
El resultado de Sabadell contrasta con la debilidad de otros indicadores del consumo en España: el comercio minorista cayó un 1,6% en septiembre, su peor dato interanual desde 2022, según cifras oficiales. La banca española ya transitó un ciclo inverso: tras la crisis financiera de 2008, los tipos próximos a cero comprimieron los márgenes durante casi una década, y el sector acometió entonces las mayores fusiones y recortes de red de su historia reciente para sostener la rentabilidad, un patrón que reaparece ahora con las palancas de comisiones y ahorro de costes.
La divergencia entre un sector bancario que sostiene beneficios a base de comisiones y contención de costes y un consumo que pierde tracción es uno de los elementos que los analistas seguirán calibrando para comprobar si la recuperación del margen de intereses prevista por la dirección llega en los plazos anunciados.
La propia entidad reconoce que la recuperación de los márgenes con los clientes es la variable que determinará si los niveles de actividad bancaria en España resultan, en última instancia, más débiles de lo que el mercado anticipa. Por ahora, el banco ha optado por compensar esa incertidumbre con palancas que dependen más de su propia gestión interna —comisiones, costes, provisiones— que de la evolución del ciclo de tipos de interés, un terreno sobre el que reconoce no tener control directo.