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Duro Felguera vota el 18 de septiembre el proyecto Tula, de 210 millones

La ingeniería asturiana somete a junta un contrato con Mota-Engil en México, tras volver a beneficios por la cancelación de provisiones y con la cifra de negocio a la baja

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
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Duro Felguera ha convocado una junta extraordinaria de accionistas para el próximo 18 de septiembre, en primera convocatoria y de carácter exclusivamente presencial, con un único punto en el orden del día: la aprobación del denominado proyecto Tula.

El orden del día queda circunscrito en exclusiva a la aprobación o el rechazo del proyecto, según ha trasladado la empresa al supervisor bursátil. No hay otros puntos que debatir ni votar: la decisión de los accionistas condicionará de forma directa la evolución de la cartera de contratos en los próximos años, en un contexto en el que Duro Felguera necesita convertir su recién estrenada reestructuración en negocio tangible. La convocatoria en primera instancia y el carácter presencial reducen el margen para la dilación.

La central en cuestión, conocida como Francisco Pérez Ríos, forma parte de un proyecto de ciclo combinado impulsado por la CFE con una inversión global de 1.495 millones de dólares, unos 1.294 millones de euros. El contrato principal recae en la constructora Mota-Engil México, filial del grupo portugués Mota-Engil, mientras que Duro Felguera actuaría como subcontratista especializado, sin asumir la ejecución de la obra civil, que queda como un alcance separado de la transacción.

El cometido asignado a la ingeniería asturiana se centra en la gestión de proyecto y la coordinación técnica de la ingeniería. Entre las tareas detalladas figuran la integración de los trabajos de ingeniería externa, la coordinación técnica de los suministros principales del tecnólogo, la gestión de los sistemas auxiliares de la planta, la planificación de compras y la selección y contratación de proveedores, además del seguimiento de la fabricación, la asistencia a pruebas y la supervisión técnica durante el montaje, así como la recopilación de documentación de calidad, manuales, repuestos y herramientas.

El plazo de ejecución total se fija en 47 meses, un horizonte que, de aprobarse el contrato, permitiría a la compañía consolidar ingresos durante casi cuatro años. La remuneración se estructura sobre costes estimados más una retribución de mercado para determinados costes directos, una metodología que PricewaterhouseCoopers ha analizado y considerado consistente con el principio de plena competencia, el estándar que exige que las condiciones entre partes vinculadas se asemejen a las que pactarían agentes independientes.

Al eximir a la compañía de la obra de construcción, la fórmula reduce su exposición al riesgo de ejecución, uno de los factores que en el pasado lastró los resultados de grandes ingenierías españolas en proyectos internacionales de infraestructura energética. Según la empresa, la estructura permite a Mota-Engil acceder a capacidades técnicas especializadas y a Duro Felguera participar en un contrato relevante para su plan de viabilidad, aprovechando su experiencia previa en centrales de ciclo combinado en México.

Un contrato que da contenido a la reestructuración homologada

El proyecto Tula no llega de forma aislada. Se enmarca, junto al denominado proyecto Escolín —una planta de fertilizantes también en México—, en el plan de crecimiento diseñado tras el visto bueno judicial a la reestructuración financiera del pasado mes de junio. El Juzgado de lo Mercantil número 3 de Gijón desestimó íntegramente las demandas de oposición presentadas contra el plan y procedió a su homologación, con efectos que se extienden al conjunto de los créditos afectados.

El plan de reestructuración conjunto del Grupo Duro Felguera se había suscrito el 21 de octubre de 2025, en un proceso negociado con los acreedores. La homologación judicial, al desestimar todas las impugnaciones, dotó a la compañía del marco legal necesario para que contratos como Tula dejen de ser una posibilidad teórica y se conviertan en una vía concreta para recomponer una cifra de negocio en descenso. El presidente de Duro Felguera, Eduardo Espinosa, definió la homologación como el punto de arranque de una nueva etapa, orientada hacia contratos de menor tamaño y menor riesgo.

Los resultados del ejercicio ilustran la magnitud del reto pendiente. El retorno a beneficios se explica en gran medida por la cancelación contable de provisiones dotadas en periodos anteriores, un efecto de naturaleza fundamentalmente financiera que no equivale a una mejora operativa. Los ingresos, en cambio, se han contraído de forma significativa, reflejo de la reducción del perímetro de actividad que ha acompañado al proceso.

Duro Felguera, con sede en Gijón y una historia industrial que se remonta al siglo XIX, ha atravesado en la última década sucesivas crisis financieras, entre ellas el impacto de contratos internacionales fallidos que motivaron ajustes de plantilla y ventas de activos no estratégicos. La reestructuración avalada por el juzgado gijonés se inscribe en esa travesía hacia el saneamiento, comparable en su lógica a otros procesos preconcursales de compañías industriales españolas que, tras homologar quitas o esperas con sus acreedores, han buscado recuperar el acceso a nueva contratación internacional.

La junta del 18 de septiembre se celebrará sin posibilidad de participación telemática. De aprobarse el proyecto Tula, la compañía podría anunciar en los próximos meses el calendario de arranque de los trabajos de ingeniería, así como los hitos de facturación ligados al avance de la central mexicana. Un resultado favorable reforzaría la estrategia de contratos de menor riesgo defendida por su presidencia; un rechazo obligaría a buscar alternativas para dar contenido al plan de viabilidad en un mercado internacional de infraestructuras energéticas cada vez más competitivo.

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