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A 41 años del crimen de Hugo Spadafora, su caso sigue marcando la memoria política

El general retirado Rubén Darío Paredes lo llamó «el principio del fin del noriegato»; el cuerpo fue hallado decapitado en Costa Rica en 1985.

Por Redacción de El Hemiciclo·
2 min de lectura
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El médico y opositor Hugo Spadafora Franco fue asesinado en septiembre de 1985 tras denunciar públicamente al general Manuel Antonio Noriega, en un crimen que aceleró la crisis del régimen militar y que 41 años después sigue presente en la memoria política de Panamá. Su cuerpo, hallado decapitado en territorio costarricense el 14 de septiembre de ese año, se convirtió en catalizador de la oposición civil que buscaría el retorno a la democracia.

Nacido en Chitré el 6 de septiembre de 1940, Spadafora combinó la práctica de la medicina con una intensa militancia política que lo llevó a participar en movimientos sociales en distintos países de América Latina y África antes de regresar a Panamá, donde se transformó en una de las voces más críticas contra la cúpula militar que gobernaba el país desde 1968.

En 1985 cuestionó abiertamente la influencia de Noriega dentro del Estado panameño, en un momento en que las Fuerzas de Defensa concentraban un control casi absoluto sobre la vida institucional. Semanas después de esas denuncias fue asesinado. Su cuerpo apareció el 14 de septiembre de 1985 cerca de la frontera entre Panamá y Costa Rica, con signos de tortura y decapitado, sin que la cabeza fuera hallada durante las investigaciones posteriores.

El entonces jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa, Roberto Díaz Herrera, señaló años después que aquel crimen resultó determinante para su distanciamiento del régimen encabezado por Noriega, en una entrevista publicada por La Prensa el 17 de septiembre de 2007.

"Ese crimen fue el motivo de mi explosión", afirmó Roberto Díaz Herrera, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa.

Aquella ruptura interna contribuyó a exponer las tensiones que ya existían dentro de la cúpula militar y que meses después derivarían en denuncias públicas contra Noriega desde las propias filas castrenses, un episodio que aceleró el desgaste del régimen hasta su caída con la invasión estadounidense de diciembre de 1989.

"Y lo peor es que lo han decapitado"

El impacto del hallazgo del cuerpo quedó documentado en los relatos periodísticos de la época. El fundador de La Prensa, Guillermo Sánchez Borbón, recordó en un texto publicado el 16 de septiembre de 2010 la conmoción que generó conocer los detalles del crimen.

"Y lo peor es que lo han decapitado", escribió Guillermo Sánchez Borbón al recordar la reacción que provocó la noticia del hallazgo del cuerpo.

El historiador y actual vicecanciller Carlos Guevara Mann describió, en un artículo publicado por La Prensa el 13 de septiembre de 2015, el efecto colectivo que tuvo el asesinato sobre una sociedad marcada por el miedo a denunciar abusos del poder militar. "Una sensación de espanto se apoderó de la sociedad istmeña", escribió. Desde el ámbito castrense, el general retirado Rubén Darío Paredes calificó el crimen como un punto de quiebre en declaraciones recogidas por La Prensa el 13 de septiembre de 2006, al considerar que marcó el inicio del deterioro definitivo del régimen.

Guido Spadafora, hermano de Hugo, insistió en una entrevista publicada el 14 de septiembre de 2007 en que, pese a los avances democráticos alcanzados tras el fin del régimen militar, persisten deudas pendientes en materia de justicia por el crimen de su hermano.

"Aunque a Hugo no se le ha hecho justicia del todo, uno de los mayores logros es el ambiente de democracia que hoy respiramos los panameños", afirmó Guido Spadafora.

El caso Spadafora continúa siendo referencia obligada en la memoria histórica panameña, en un país donde el debate sobre la fiscalización del poder también se libra hoy en otros frentes institucionales, como el que enfrenta el concejal Rody Rodríguez al cuestionar un Concejo capitalino alineado con el alcalde Mizrachi.

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