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Libreros de anticuario destapan compras masivas de libros para entrenar IA

Un patrón de pedidos inusuales en librerías de viejo de Cataluña, Alemania, Países Bajos, Nueva Zelanda y Australia habría revelado un plan de digitalización atribuido a Anthropic

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Un librero de la ciudad catalana de Badalona recibió el 30 de abril pasado un pedido inusual desde una empresa radicada en Canadá que, según relató a BBC Mundo, formaba parte de un patrón de compras masivas de libros antiguos detectado también en Alemania, Nueva Zelanda, Países Bajos y Australia.

El nombre «Proyecto Panamá» ha llamado la atención en el país no por vincularse a hechos ocurridos en su territorio, sino por la coincidencia denominativa con un plan de digitalización masiva de libros atribuido a la compañía estadounidense Anthropic, según documentos judiciales conocidos en Estados Unidos. El caso no guarda relación con instituciones panameñas, pero ha despertado interés en sectores culturales y académicos locales atentos al debate global sobre inteligencia artificial y propiedad intelectual.

El episodio se originó cuando comerciantes de libros antiguos en distintos países notaron patrones de compra atípicos: pedidos de un número dispar de ejemplares, pagados por adelantado, sin reparos en los costos de envío internacional y concentrados en ventanas de tiempo muy cortas. Marçal Font, librero de viejo en la Librería Fénix de Badalona, poeta y profesor de Literatura Comparada de la Universidad de Barcelona, fue de los primeros en advertirlo. «Hace 20 años que me dedico a ser librero de viejo, o sea, que de compras extrañas he tenido millones, con lo cual ya no me alarmo», relató. Lo que lo puso en guardia fue el ritmo: «eran pedidos en una ventana de una hora o 40 minutos. Teníamos tres o cuatro correos pidiendo un número dispar de libros. Y los gastos de envío asociados eran disparatados».

Font consultó con su amigo Xavier Vinaixa, investigador de inteligencia artificial y director técnico de la empresa tecnológica Sorensen.ai. «Me llamó y me dijo, oye, me están entrando aquí pedidos con patrones raros, el mismo cliente, con envío al exterior y pagando tres veces gastos de envío. Y él lo primero que pensó es que no fuera una estafa», recordó Vinaixa. «Y ahí fue cuando empezamos a tirar del hilo y encontramos otra gente, con las mismas inquietudes que Marçal, en Alemania, en Nueva Zelanda. Y entonces lo vimos súper claro», añadió.

Los mismos patrones aparecieron en testimonios recogidos por la prensa internacional. En un artículo del diario británico The Telegraph, el anticuario Pieter de Vries, de Haarlem (Países Bajos), describió su sorpresa: «En el comercio de libros antiguos es muy poco frecuente que la gente quiera comprar más de un libro. Así que, si alguien viene y dice quiero un par de cientos de sus libros, resulta muy extraño». El diario The Guardian citó a la librera Delfina Manor, de la ciudad australiana de Victoria, quien recibió un pedido de la misma compañía que compró a Font: «Hicieron el pedido, pagaron por adelantado y no pusieron reparos a los gastos de envío».

El trasfondo del caso se remonta a septiembre de 2025, cuando Anthropic acordó pagar $1,500 millones para resolver una demanda colectiva presentada por autores que alegaban el uso no autorizado de sus obras para entrenar modelos de inteligencia artificial. Cuatro meses después, el diario Washington Post publicó en exclusiva un documento que formó parte del proceso judicial, en el que se mencionaba un plan para digitalizar todas las obras escritas por la humanidad.

Según el texto filtrado, «el Proyecto Panamá es nuestro esfuerzo para escanear de forma destructiva todos los libros del mundo», con una precisión adicional: «No queremos que se sepa que estamos trabajando en esto». El escaneo destructivo implica desencuadernar el ejemplar físico para procesarlo página por página con mayor velocidad y calidad de imagen, un método que supone la destrucción del original una vez completado el proceso.

Maximiliano Firtman, profesor argentino y autor de libros sobre programación e inteligencia artificial, figuró entre los demandantes de la causa colectiva contra Anthropic. Según explicó a BBC Mundo, el juez dictaminó que si la empresa compraba el ejemplar del libro, podía usarlo para entrenar a la inteligencia artificial. «Y ahí empezaron a surgir los testimonios de libreros alrededor», señaló. Esa interpretación judicial es la que habría motivado la estrategia de compra masiva de ejemplares en librerías de viejo, en lugar de recurrir a la reproducción digital sin adquisición previa, como forma de dar cobertura legal al entrenamiento de los modelos.

Un vacío normativo que comparte América Latina

El caso ha reavivado en la región el debate sobre la protección de la propiedad intelectual frente al avance de la inteligencia artificial. En Panamá, la materia se rige por la legislación de derecho de autor y derechos conexos, administrada por la Dirección Nacional de Derecho de Autor del Ministerio de Comercio e Industrias, además de los compromisos internacionales asumidos por el país en el marco de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Como en la mayoría de los ordenamientos latinoamericanos, la norma contempla sanciones por reproducción no autorizada de obras protegidas, pero no incorpora todavía disposiciones específicas sobre el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial con material bibliográfico.

La destrucción de acervos como parte de un proceso tecnológico remite a un debate largo en el mundo bibliotecario. La digitalización masiva de fondos históricos —impulsada durante las últimas dos décadas por grandes proyectos de escaneo de bibliotecas y editoriales— ya había abierto discusiones sobre la preservación del ejemplar físico frente a su copia digital. La novedad del episodio actual es que el destino final de los libros adquiridos no es la conservación, sino la trituración tras el escaneo, y que la materia prima procede del comercio de libros antiguos, donde muchos títulos son escasos o únicos.

Anthropic no ha emitido, hasta la fecha, una posición pública detallada sobre el denominado «Proyecto Panamá» más allá del acuerdo judicial alcanzado en septiembre de 2025. Los libreros involucrados en la investigación han insistido, por su parte, en que su intención no fue frenar la venta de sus inventarios, sino advertir sobre el destino final de obras antiguas que podrían perderse de forma irreversible una vez sometidas al proceso de escaneo destructivo.

El episodio se inscribe en una serie de controversias en el sector editorial y bibliotecario mundial sobre el uso de acervos históricos para el desarrollo de inteligencia artificial generativa, un debate que en Panamá ha tenido eco limitado. Por ahora no consta que empresas de inteligencia artificial hayan realizado gestiones similares con libreros o bibliotecas del país, aunque el caso ha sido citado como ejemplo de la necesidad de que los ordenamientos de la región revisen sus marcos sobre derechos de autor ante la expansión de modelos entrenados con material protegido. El desenlace del litigio en Estados Unidos, y la eventual revelación de nuevos documentos del proceso, marcarán el ritmo de esa discusión en los próximos meses.

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