La compañía con sede en Barcelona fijó también un objetivo de rentabilidad: un margen ebitda ajustado del 22,5% para 2032, frente al 20,7% registrado en 2025 sobre unos ingresos de 5.000 millones de euros. Esa mejora de margen equivaldría a unos 1.800 millones de euros, que Puig atribuye a una mayor integración de sus marcas y a la eficiencia de costes en toda la estructura del grupo.
Para lograrlo, la empresa señaló cuatro prioridades dentro de su cartera: las fragancias femeninas de prestigio, las fragancias de nicho, Charlotte Tilbury y la dermocosmética. Puig explicó que mantendrá una estrategia diferenciada por región y que reforzará su presencia en Latinoamérica y en la zona EMEA (Europa, Oriente Medio y África), dos mercados que considera clave para su expansión en la próxima década.
El plan incluye además un objetivo de conversión de caja: Puig pretende mantener un flujo de caja libre superior al 50% del ebitda ajustado, de modo que al menos 900 millones de euros a partir de 2032 se destinen a reforzar las reservas de tesorería del grupo.
La presentación de «Visión 2032» supone la siguiente prueba de gestión para José Manuel Albesa, consejero delegado de Puig desde marzo, cuando sucedió a Marc Puig al frente ejecutivo de la compañía. Albesa asumió el cargo en plena negociación entre Puig y Estée Lauder para crear el mayor conglomerado cosmético del segmento de alta gama, una operación que habría transformado el mapa competitivo del sector.
En mayo, ambas firmas anunciaron la ruptura de esa fusión. Puig alegó desencuentros en la integración de Charlotte Tilbury, mientras que por parte de Estée Lauder pesó la falta de músculo financiero para acometer la operación. El naufragio del acuerdo provocó una caída de más del 13% en la cotización de Puig en una sola sesión, uno de los mayores desplomes del valor desde su salida a bolsa.
Puig debutó en el parqué español en 2024 con una valoración que le permitió integrarse de forma automática en el Ibex 35, el selectivo de referencia de la bolsa española. Desde la ruptura con Estée Lauder, el valor ha recuperado parte del terreno perdido, aunque continúa por debajo del precio con el que se estrenó como cotizada, la referencia que el mercado sigue utilizando para medir la confianza en el nuevo rumbo estratégico del grupo.
El plan de Puig se inscribe en una reordenación del sector del lujo y la cosmética premium, en el que las firmas europeas compiten por cuota frente a los grandes grupos estadounidenses y asiáticos, un pulso de consolidación empresarial que también atraviesa a otras compañías españolas que buscan ganar tamaño, como ilustra el fondo soberano que el PSOE estudia basado en el sol y el viento de España.
Puig aspira ahora a que la mejora del margen y la expansión en Latinoamérica y EMEA recuperen la confianza perdida tras el fracaso de la operación con Estée Lauder, con el horizonte fijado en 2032 para alcanzar los 8.000 millones de euros en ingresos y los 900 millones destinados a tesorería.