Los resultados, también recogidos por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos, no mostraron mejoras consistentes en el reconocimiento de las imágenes ni en el recuerdo de su procedencia entre los participantes que hacían pantallazos frente a los que solo miraban. El fenómeno ha sido bautizado como amnesia digital: guardar un contenido para consultarlo después puede reducir, paradójicamente, la atención que se le dedica en el momento en que ocurre la experiencia.
La Universidad de Binghamton señala que el efecto no se limita a un peor recuerdo del contenido fotografiado. En varios experimentos, los participantes tuvieron dificultades para distinguir si habían capturado una obra o solo la habían contemplado, lo que apunta a una pérdida de información sobre el contexto mismo de la experiencia, más allá del detalle concreto de la imagen.
Los investigadores barajaron primero la hipótesis de la atención dividida: el gesto de capturar interrumpiría momentáneamente la observación para ejecutar una acción adicional, consumiendo recursos mentales que de otro modo se destinarían a procesar los detalles de lo observado. Sin embargo, el deterioro de la memoria persistió incluso cuando los participantes dispusieron de más tiempo para mirar las obras antes o después de la captura, lo que descarta que el problema se reduzca a una falta de tiempo de observación.
"El móvil funciona como una memoria auxiliar: guardamos una imagen porque esperamos recuperarla cuando la necesitemos. El inconveniente surge cuando esa expectativa reduce nuestro esfuerzo por retener la información desde el principio", advierten los investigadores.
Esa segunda hipótesis, la de la descarga cognitiva, plantea que delegar en un dispositivo externo el esfuerzo de recordar reduce el procesamiento activo de la información. El equipo esperaba, además, que las capturas de pantalla perjudicaran menos la memoria que las fotografías tradicionales, al requerir menos movimiento físico y permitir mantener la mirada sobre el objeto. Los resultados, según recoge PsyPost, apuntaron a un deterioro incluso mayor en algunas comparaciones entre ambos gestos.
La investigación no concluye que deba abandonarse el hábito, sino que su utilidad depende de revisar las imágenes activamente después. La Universidad de Binghamton sugiere que una fotografía puede servir como pista para recuperar un recuerdo cuando se vuelve sobre ella, algo distinto de acumular cientos de archivos que rara vez se consultan. Como alternativa, los investigadores apuntan al papel y al bolígrafo para aprender con intención de retener, ya que tomar apuntes obliga a seleccionar y organizar la información en lugar de almacenarla sin procesarla.
La inquietud por la externalización de la memoria tiene antecedentes antiguos: en el diálogo Fedro, Platón atribuía a Sócrates el reproche de que la escritura produciría olvido en el alma de quien la usara, al confiar en marcas externas en vez de en el recuerdo propio. El debate reaparece hoy aplicado a dispositivos que almacenan por nosotros, como también refleja el interés cultural por la memoria y la atención que atraviesa la circulación de una cita de Marco Aurelio sobre la felicidad casi dos milenios después.
"La clave está en distinguir entre aquello que necesitamos recordar personalmente y lo que podemos consultar de manera fiable cuando llegue el momento", concluyen los expertos.