La ejecutiva de emergencia fue convocada por Sánchez a las 13:30, apenas dos horas después de concluir el funeral de Estado en Huelva, mediante una circular interna enviada a los 42 miembros de la ejecutiva federal que incluía un orden del día deliberadamente vago — «situación orgánica y análisis de la coyuntura política» — pero que nadie en el partido interpretó como otra cosa que un intento del secretario general de anticiparse a la tormenta que lleva semanas gestándose en las federaciones territoriales. El detonante inmediato ha sido la publicación ayer en otro medio de un censo interno que revela que las federaciones que exigen un congreso extraordinario antes de julio representan ya el 51,3% de la militancia federal, una cifra que según los estatutos del partido permitiría forzar la convocatoria sin necesidad de que la ejecutiva lo apruebe si los críticos logran reunir las firmas del 40% de los delegados del último congreso federal. Las federaciones del bloque crítico son Castilla-La Mancha (la más numerosa proporcionalmente), Aragón, Extremadura, la mitad de Andalucía (donde Espadas controla la estructura pero Montero moviliza a las bases), y núcleos significativos en Comunidad Valenciana, Asturias y Baleares.
La escena dentro de la sala Europa de la segunda planta de Ferraz, según las reconstrucciones que este periódico ha podido elaborar a partir de cuatro fuentes presentes en la reunión, ha sido de una tensión que varios asistentes comparan con la noche del 1 de octubre de 2016 cuando los críticos forzaron la dimisión de Sánchez como secretario general. Santos Cerdán, cuya posición como secretario de organización se ha vuelto insostenible tras las revelaciones del caso Koldo que vinculan pagos en efectivo al partido, ha tomado la palabra al inicio de la reunión para ofrecer su dimisión «irrevocable y efectiva desde este momento», un gesto que en cualquier otro contexto habría sido recibido como un acto de responsabilidad pero que en este ha sido interpretado como una maniobra de Sánchez para desactivar a los críticos entregándoles una cabeza antes de que exijan la suya. Sánchez, según las fuentes, ha rechazado la dimisión con una frase que los presentes recuerdan textualmente: «Nadie dimite de este partido por presión de los que quieren destruirlo, y tú menos que nadie, Santos, porque tú eres leal y la lealtad no se negocia.»
El momento más dramático de la reunión se ha producido cuando Emiliano García-Page, que había llegado a Ferraz a las 16:15 acompañado por los secretarios generales de Aragón (Javier Lambán), Extremadura (Miguel Ángel Gallardo) y la recién nombrada secretaria general de Asturias, Adriana Lastra, ha pedido la palabra antes de que se abordara el primer punto del orden del día para plantear una cuestión previa: «Quiero saber si esta ejecutiva tiene mandato para convocar un congreso extraordinario o si hemos venido aquí a perder el tiempo escuchando monólogos de resistencia numantina mientras el partido se desangra en las urnas.» Sánchez ha respondido que el orden del día no incluye la convocatoria de un congreso y que esa decisión corresponde al comité federal, no a la ejecutiva. Page ha replicado que los estatutos permiten que un tercio de la ejecutiva solicite una sesión extraordinaria del comité federal, ha mirado a su alrededor buscando las manos alzadas de quienes le apoyan, ha contado trece de los cuarenta y dos presentes, y ha declarado: «No doy legitimidad a una reunión que se niega a discutir lo que la mayoría del partido quiere discutir. Buenas tardes.» Se ha levantado y ha salido de la sala seguido por Lambán y Gallardo. Lastra se ha quedado sentada, con una expresión que las fuentes describen como de «perplejidad congelada».
La intervención de María Jesús Montero, que se ha producido cuarenta minutos después de la salida de Page cuando la reunión había perdido ya cualquier pretensión de normalidad, ha sido el segundo terremoto de la tarde. Montero, que acumula el triple cargo de vicepresidenta primera, ministra de Hacienda y secretaria general del PSOE de Andalucía, ha hablado durante veintidós minutos sin interrupción para presentar lo que ha denominado un análisis descarnado de la situación del partido. Los puntos centrales de su intervención han sido tres: primero, que las elecciones andaluzas del 17-M van a producir el peor resultado del PSOE en la historia de la comunidad autónoma y que la responsabilidad no es solo de la federación andaluza sino de una dirección nacional que ha convertido el partido en un instrumento de supervivencia personal; segundo, que el caso Koldo ha dañado la credibilidad del PSOE de un modo que no se reparará con dimisiones cosméticas sino con una renovación profunda de las estructuras orgánicas; tercero, que la única salida es un congreso extraordinario antes de julio con primarias abiertas en las que la militancia decida si Sánchez continúa o si el partido necesita un nuevo liderazgo. Montero no ha pronunciado su propio nombre como alternativa, pero el mensaje ha sido interpretado unánimemente como una declaración implícita de candidatura.
La reacción de Sánchez ante la intervención de Montero ha sido, según las fuentes, de una frialdad que contrasta con la intensidad emocional de las horas anteriores. El presidente ha esperado a que Montero terminara, ha dejado pasar diez segundos de silencio que los presentes describen como «eternos», y ha respondido con tres frases: «Tomo nota de tu análisis, María Jesús. Este partido ha superado crisis peores porque siempre ha antepuesto la unidad a las ambiciones personales. Y yo no voy a ser quien rompa esa tradición.» El tono, más que las palabras, ha comunicado un mensaje claro: Sánchez no contempla su salida voluntaria y está dispuesto a llevar el conflicto interno hasta las últimas consecuencias, una posición que en la historia del PSOE solo tiene un precedente comparable — el propio Sánchez en 2016, cuando se negó a dimitir hasta que los críticos le forzaron a hacerlo mediante una operación de ingeniería orgánica que él mismo acabó revirtiendo meses después al ganar las primarias contra Susana Díaz.
Juan Espadas, cuya posición como secretario general del PSOE de Andalucía se ha vuelto irrelevante desde que Montero le arrebató de facto el liderazgo de la federación, ha protagonizado el tercer movimiento inesperado de la tarde al posicionarse por primera vez con los críticos. Espadas ha declarado, según las fuentes, que «la militancia andaluza me dice todos los días que quiere votar, y yo no puedo seguir diciéndoles que esperen mientras los plazos se agotan y los sondeos nos entierran». Su posicionamiento es significativo porque Espadas controlaba hasta ahora la estructura orgánica de la federación andaluza — delegados, agrupaciones, listas de compromisarios — y su alineamiento con los críticos podría acelerar la convocatoria de un congreso federal al aportar los votos orgánicos que el bloque de Page necesita para superar el umbral del 40% de delegados.
La llamada de Zapatero a Sánchez, que se ha producido a las 17:45 según confirman fuentes de ambos entornos, ha sido un intento del expresidente de actuar como mediador entre las dos almas del partido, un papel que Zapatero ha jugado intermitentemente desde 2016 con resultados dispares. Zapatero ha transmitido a Sánchez un mensaje en tres puntos: que la unidad del partido es innegociable, que un congreso extraordinario no tiene por qué ser un acto de debilidad sino de renovación democrática, y que la mejor defensa del legado de su gobierno es permitir que el partido se regenere desde las bases. Sánchez, según las fuentes, ha escuchado sin interrumpir y ha respondido que «valora el consejo» sin comprometerse a nada concreto. La ambigüedad de la respuesta ha sido interpretada por el entorno de Zapatero como una señal de que Sánchez no descarta ya un congreso pero quiere controlar sus condiciones — especialmente el calendario y el formato de las primarias — para asegurar que, si se celebra, él pueda competir en condiciones favorables.
La jornada en Ferraz ha dejado un paisaje de desolación orgánica que los veteranos del partido comparan con los peores momentos de la crisis de 2016 pero con un agravante que entonces no existía: el caso Koldo. En 2016, la fractura del PSOE era esencialmente ideológica — el ala izquierda de Sánchez contra el centro-derecha de Susana Díaz — y podía resolverse mediante una confrontación limpia en primarias. En 2026, la fractura es al mismo tiempo ideológica, generacional y judicial: los críticos no solo cuestionan el liderazgo de Sánchez sino que temen que la sentencia del caso Koldo, prevista para el martes 27, incluya pronunciamientos sobre la financiación del partido que conviertan al PSOE en una organización judicial y políticamente contaminada. El fantasma del PP post-Gürtel, que en 2018 perdió el gobierno mediante una moción de censura tras la sentencia que declaró la existencia de una «caja B» del partido, sobrevuela Ferraz con una materialidad que ya no es metafórica sino aritmética: si Marchena acoge la tesis de la organización criminal en la sentencia del caso Koldo, el PSOE afrontará una crisis existencial cuya resolución determinará si el partido socialista más antiguo de Europa meridional sobrevive como fuerza de gobierno o se fragmenta en dos o más formaciones que compitan por el espacio del centro-izquierda.

