Arias, licenciada en psicología, advierte que la exposición de niños y adolescentes a desastres naturales como los sismos no solo compromete su seguridad física, sino que también puede alterar su bienestar emocional a corto y largo plazo. Según explica, las reacciones varían según la experiencia individual de cada menor durante el evento, pero suelen manifestarse más en el comportamiento que en el relato verbal.
Aguilar recomienda a los padres usar un lenguaje sencillo, acorde con la edad del niño, y evitar detalles catastróficos o conversaciones alarmantes en su presencia. Para un niño de cinco años, propone una explicación como esta: "La tierra se movió fuerte y eso asustó a muchas personas. Los adultos estamos trabajando para cuidarte y mantenerte seguro".
"Es importante recordar que los niños no solo escuchan nuestras palabras, sino que también observan nuestras reacciones. Por eso, mantener la calma, establecer rutinas y explicarles qué hacer en caso de una emergencia les ayudará a recuperar la sensación de seguridad y control", señala Yara Aguilar, psicóloga infantil.
Retomar rutinas al volver a clases
De cara al regreso a clases, Aguilar sugiere retomar de manera progresiva los horarios de sueño, alimentación y asistencia escolar, ya que la previsibilidad ayuda a los menores a recuperar estabilidad. Recomienda también conversar con los hijos sobre las medidas de seguridad del colegio, explicarles qué hacer si ocurre un nuevo sismo y recordarles que cuentan con adultos preparados para protegerlos.
Ambas especialistas coinciden en que la cercanía física funciona como una herramienta emocional concreta: abrazos, tomar las manos, cargar al niño o sentarse junto a él reducen la activación del sistema de estrés y refuerzan la sensación de compañía. Recomiendan evitar frases como "ya no llores" o "no pasó nada", y en cambio validar que es normal sentir varias emociones a la vez.
Arias añade que recuperar pequeñas rutinas —el horario de sueño, las comidas, el momento del baño o la lectura de un cuento antes de dormir— envía al cerebro infantil la señal de que el entorno vuelve a ser seguro. También sugiere el juego como herramienta terapéutica: construir bloques o dibujar lo que sienten ayuda a los niños a organizar emociones que todavía no saben nombrar. Entre otras recomendaciones, propone habilitar en casa un rincón de la calma, con cojines, mantas y objetos sensoriales, y evitar que los menores presencien noticias sobre el sismo.
Señales que requieren ayuda profesional
Aguilar y Arias coinciden en que los padres deben buscar a un profesional idóneo si, durante varias semanas, el niño presenta problemas de sueño, miedo excesivo a separarse de sus padres, ataques de pánico, aislamiento, dificultad para concentrarse, menciones constantes a la muerte o regresiones marcadas, como volver a pedir el tetero o mojar la cama.
"Mi principal recomendación para los padres es que se conviertan en un refugio emocional para sus hijos. Que los escuchen sin juzgarlos, que abracen sus emociones y que no minimicen sus temores con frases como 'no pasa nada' o 'ya estás grande para tener miedo'", afirma Yara Aguilar, psicóloga infantil.
La Asociación Americana de Psicología plantea recomendaciones en la misma línea: limitar el consumo de medios frente a los niños, aumentar el contacto físico para reducir los niveles de cortisol y sostener al máximo las rutinas familiares, incluso si la vivienda habitual no está disponible. Estas pautas se difunden mientras la vida cultural y comunitaria del país retoma su pulso, como refleja la agenda cultural que reúne folclore, sinfónica y ciencia. La recomendación de fondo de ambas psicólogas, dirigida a los menores, se mantiene: "No tienes que afrontar este miedo a solas".

