Según las pesquisas de la entidad, la permanencia nocturna de estas personas en las instalaciones del mercado pudo exponerlas a picaduras del mosquito transmisor, cuya actividad se concentra entre el atardecer y el amanecer. Desde la identificación de los primeros casos, el Minsa activó la búsqueda activa de personas con síntomas, la toma de muestras para diagnóstico, la investigación epidemiológica, el seguimiento de pacientes, la administración de tratamientos y las labores de prevención y control del vector.
Las labores de control vectorial, que incluyen la fumigación en el área, buscan frenar la proliferación del Anopheles, el género de mosquito responsable de transmitir los parásitos Plasmodium causantes de la enfermedad. El Minsa detalló que las investigaciones entomológicas y epidemiológicas permitieron identificar áreas de riesgo adicionales en los alrededores de Merca Panamá, con posibles lugares de exposición fuera de los predios del mercado, por lo que las intervenciones sanitarias se extienden a los sectores aledaños.
La entidad fue enfática en aclarar que la malaria no se transmite por el consumo, la compra ni la manipulación de los productos comercializados en Merca Panamá, el principal centro de abasto de frutas, verduras y hortalizas del país. El mecanismo de contagio es exclusivamente la picadura de mosquitos infectados, de manera que los alimentos que ahí se venden no constituyen una vía de riesgo para quienes acuden a comprar.
El Minsa recomendó a quienes trabajan o pernoctan en el área durante la noche el uso de repelente y de ropa que cubra brazos y piernas como medidas preventivas inmediatas, mientras se mantienen activas las labores de vigilancia epidemiológica en la zona.
La malaria se ha mantenido históricamente como un problema de salud pública focalizado en el país, con transmisión concentrada en focos de Darién, las comarcas indígenas y determinadas áreas de Bocas del Toro, Veraguas y Panamá Este, donde las condiciones ambientales favorecen la persistencia del vector. La aparición de casos en el área metropolitana, vinculada a la movilidad de trabajadores informales desde esas provincias, obliga a las autoridades sanitarias a extender la vigilancia a zonas urbanas no consideradas tradicionalmente de riesgo.
El brote se inscribe en una tensión regional recurrente entre los servicios de los entornos urbanos y la salud pública, como ilustraron las recientes protestas por la crisis de agua en Guadalajara, donde la gestión de un servicio básico derivó en una emergencia de orden público.
El Minsa señaló que mantiene activas las acciones de vigilancia, diagnóstico, tratamiento y control vectorial en el sector, según el comunicado difundido la noche del miércoles a través de sus canales oficiales.
