El país centroafricano, sin salida al mar y todavía ampliamente asociado con el genocidio de 1994, lleva años apostando por el deporte para renovar su imagen, atraer turistas e impresionar a inversores con su eficacia organizativa. El año pasado se convirtió en la primera nación africana en acoger con éxito los Campeonatos Mundiales de Ciclismo, y a través de su campaña "Visit Rwanda" patrocina a clubes europeos de fútbol de primer nivel —entre ellos el París Saint-Germain— y a Los Angeles Clippers de la NBA.
El presidente Paul Kagame, en el poder durante un prolongado mandato, defendió el proyecto durante la ceremonia de Kigali como una apuesta de largo plazo para la región.
"Es una inversión en el futuro de Ruanda que aportará empleos, turismo y nuevos negocios a nuestro país y a nuestra región durante décadas", afirmó Paul Kagame, presidente de Ruanda.
A Kagame se le reconoce una visión estratégica que ha impulsado la transformación económica del país, pero enfrenta acusaciones recurrentes de sus opositores por reprimir la disidencia política. Kenneth Roth, exdirector de Human Rights Watch, señaló en la red social X la "invasión de Ruanda, a través de M23, del este de la República Democrática del Congo", en referencia al grupo armado que Kigali respalda financiera y militarmente y que se ha apoderado por la fuerza de vastas extensiones del territorio congoleño.
Amnistía Internacional acusó directamente a Kigali de "comprar participación en los deportes más importantes del mundo para pulir su imagen y desviar la atención de su espantoso historial en materia de derechos humanos". La crítica no es nueva: la Fórmula 1, promocionada como el tercer acontecimiento deportivo más visto del planeta tras los Juegos Olímpicos y el Mundial de la FIFA, ha firmado acuerdos similares con gobiernos cuestionados en derechos humanos, entre ellos China y Azerbaiyán, en su empeño por expandirse a nivel mundial.
El precedente de India y Corea del Sur
El reto financiero no es menor. Ruanda sigue siendo un país de bajos ingresos pese a su auge económico, con un producto interno bruto per cápita que apenas supera los $1,100 y el puesto 159 de 193 en el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, aunque mejora de forma constante según ese mismo organismo. Construir un circuito moderno exige cientos de millones de dólares, a los que se suman las decenas de millones que los organizadores suelen cobrar a los países anfitriones por albergar cada edición, un gasto que los críticos contrastan con las necesidades de sanidad y educación.
India y Corea del Sur construyeron circuitos específicamente para la Fórmula 1 y terminaron retirándose del calendario al acumular pérdidas económicas, pese a contar con economías considerablemente más grandes que la ruandesa. Uno de los asistentes extranjeros a la ceremonia de Kigali resumió esa cautela: "Realmente espero que Ruanda no esté intentando hacer más de lo que puede".
Una fuente cercana a la FIA afirmó que Catar estaba "apoyando" el proyecto ruandés. El país del Golfo construye además un nuevo aeropuerto internacional en Bugesera, a 40 kilómetros de Kigali, cerca del lugar donde se levantará el circuito que Ruanda prevé estrenar a principios de la década de 2030.
