El ángulo de la lesión y otros indicios llevaron al equipo investigador a concluir que el arma entró por el pecho del individuo, dañó probablemente un pulmón y vasos sanguíneos importantes, y salió por el omóplato dejando un orificio casi perfecto. Los restos, catalogados como Shanidar A, forman parte de un conjunto de al menos diez esqueletos neandertales descubiertos en la cueva de Shanidar durante excavaciones de la década de 1950. Junto al omóplato se recuperaron también una mano derecha, tres costillas y varios dientes del mismo individuo.
La doctora Emma Pomeroy, autora principal del estudio y miembro del Departamento de Arqueología de la Universidad de Cambridge, explicó que la forma de la fractura descarta un origen natural y sostuvo que podría tratarse de la evidencia más antigua de violencia letal causada por una lanza de madera.
"No es el tipo de fractura que se produce de forma natural, porque es muy circular", declaró Emma Pomeroy, del Departamento de Arqueología de la Universidad de Cambridge, a BBC News.
Pomeroy advirtió, sin embargo, que la investigación no permite descartar otras causas: la herida pudo deberse a un accidente de caza o a fuego amigo durante una cacería colectiva. El profesor Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, ajeno al estudio, consideró más plausible la hipótesis de un ataque deliberado por parte de otro individuo.
"Los investigadores no aclaran si esto fue resultado de un accidente de caza o de violencia interpersonal, pero en mi opinión, esto último parece más probable, dada la ubicación y la extensión de la herida", afirmó Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, a BBC News.
El hallazgo recuerda a otro descubrimiento realizado en 1957 en la misma cueva de Shanidar: los restos de un neandertal que vivió hace unos 50,000 años presentaban una herida parcialmente cicatrizada en las costillas, atribuida por los arqueólogos a una lanza con punta de piedra. Ambos casos se suman a un conjunto todavía reducido, pero creciente, de evidencias que apuntan a que la violencia entre humanos antiguos pudo ser más frecuente y más temprana de lo que sostenía el consenso científico previo.
Un estudio de 2022 sobre cráneos neandertales hallados en el yacimiento español de la Sima de los Huesos, con una antigüedad estimada de 430,000 años, documentó 57 lesiones craneales en 20 individuos, nueve de ellas potencialmente mortales y seis con heridas punzantes repetidas en la misma zona de la cabeza, lo que los investigadores interpretaron como indicio de golpes deliberados antes que de daños accidentales.
Durante décadas, buena parte de la arqueología vinculó el origen de la guerra organizada con la aparición de la agricultura, cuando los asentamientos permanentes generaron competencia por tierra, ganado y reservas de alimento. Las evidencias recientes en cazadores-recolectores y en parientes humanos más antiguos han desplazado ese origen mucho antes en el tiempo, aunque el debate científico se mantiene abierto sobre la frecuencia real de estos episodios y el momento en que los ataques aislados derivaron en conflictos organizados entre grupos.
"Lamentablemente, considero que el creciente número de pruebas indica que la violencia interpersonal tiene profundas raíces en la prehistoria humana", declaró Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, a BBC News.


