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Polonia advierte del aumento de provocaciones rusas y urge a la OTAN a tomárselas en serio

Los aliados se enfrentan al dilema de cómo gestionar la escalada mientras las amenazas híbridas de Moscú ponen a prueba a la Alianza

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid·
2 min de lectura
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Los aliados se enfrentan al dilema de cómo gestionar la escalada mientras las amenazas híbridas de Moscú ponen a prueba a la Alianza El País ha adelantado esta información, que El Hemiciclo recoge, reescribe y contextualiza para sus lectores conforme a su línea editorial de rigor y verificación.

Polonia ha elevado formalmente la alerta ante lo que Varsovia describe como un incremento sostenido de provocaciones atribuidas a Rusia y ha reclamado a la OTAN una respuesta más contundente frente a las amenazas híbridas que Moscú despliega contra los países miembros de la Alianza. El llamamiento sitúa en el centro del debate aliado una pregunta sin respuesta consensuada: cómo gestionar una escalada que no alcanza el umbral del conflicto armado convencional pero que erosiona de forma sistemática la seguridad colectiva.

El espacio gris entre la paz y el Artículo 5

Las amenazas híbridas combinan acciones deliberadamente situadas por debajo del umbral que activaría el Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte —la cláusula de defensa mutua firmada en Washington en 1949— con un efecto acumulativo de desestabilización que los aliados consideran políticamente inaceptable. Es precisamente en esa zona gris donde Polonia advierte de que Rusia opera con mayor intensidad y donde la Alianza encuentra más dificultades para articular una disuasión creíble y proporcionada, según la posición que Varsovia ha trasladado a los foros aliados.

Polonia comparte frontera terrestre con Rusia a través del exclave de Kaliningrado y con Bielorrusia, aliada de Moscú desde el golpe electoral de 2020 que consolidó a Alexandr Lukashenko en el poder. Esa doble exposición geográfica convierte al país en uno de los flancos orientales más vulnerables de los treinta y dos miembros de la Alianza y confiere a sus valoraciones sobre la amenaza rusa un peso específico dentro de los foros aliados que no poseen socios geográficamente más alejados del teatro de tensión.

El Concepto Estratégico de Madrid y sus límites operativos

La Alianza Atlántica aprobó en su cumbre de Madrid de junio de 2022 un nuevo Concepto Estratégico que reconoce explícitamente las amenazas híbridas como desafío prioritario y señala a Rusia como la amenaza más significativa para la seguridad euroatlántica, según el texto publicado por la OTAN ese mismo mes. Sin embargo, la traslación de ese diagnóstico compartido a medidas operativas concretas y uniformes entre los treinta y dos aliados —de los cuales veintidós pertenecen también a la Unión Europea— sigue siendo, según fuentes diplomáticas aliadas, un proceso en construcción lastrado por diferencias de percepción entre el flanco oriental y el occidental del continente.

El marco procedimental aplicable a los incidentes híbridos no contempla una respuesta automática equiparable a la del Artículo 5. La Alianza dispone desde 2016 —tras la cumbre de Varsovia— de una política específica contra amenazas híbridas que establece que la OTAN puede decidir invocar el Artículo 5 en respuesta a un ataque híbrido, pero la decisión requiere consenso político de los veintidós aliados con representación en el Consejo del Atlántico Norte, lo que en la práctica eleva el umbral de respuesta colectiva y es precisamente el nudo que Polonia urge a desatar.

El precedente báltico y la validación retroactiva de las alertas

La preocupación polaca no constituye un episodio aislado ni inaugura una línea argumental nueva. Los países bálticos —Estonia, Letonia y Lituania— vienen formulando advertencias equivalentes desde su adhesión a la OTAN en 2004, insistiendo en que Moscú utilizaba instrumentos subumbrales para desestabilizar sus sociedades y testar la cohesión aliada. La invasión rusa a gran escala de Ucrania, iniciada el 24 de febrero de 2022, validó retroactivamente muchas de esas alertas, que durante años no obtuvieron la atención institucional que sus emisores reclamaban. Ese historial dota al llamamiento polaco actual de una credibilidad difícilmente descartable como alarmismo.

Dos sensibilidades aliadas frente a la misma amenaza

El dilema que afronta la Alianza enfrenta, en términos generales, dos posiciones. Los aliados del flanco oriental —Polonia y los tres países bálticos a la cabeza— abogan, según han defendido en sucesivas reuniones ministeriales, por respuestas más visibles, mayor presencia militar permanente en sus territorios y marcos de atribución pública más ágiles que permitan señalar formalmente a Moscú cuando se produzcan incidentes. Algunos socios occidentales, en cambio, mantienen cautelas sobre el riesgo de escalada y prefieren gestionar los incidentes por canales diplomáticos o de inteligencia, evitando la confrontación abierta, una postura que Varsovia considera insuficiente habida cuenta de la pauta de comportamiento ruso documentada desde 2014.

La tensión entre ambas sensibilidades remite a un problema estructural de coherencia interna: si los aliados más expuestos perciben que sus alertas no se traducen en acción colectiva proporcional, se genera un déficit de credibilidad que afecta tanto a la disuasión externa frente a Moscú como a la cohesión interna del bloque. Polonia no reclama únicamente una respuesta a las provocaciones concretas ya registradas, sino una señal política sobre hasta dónde está dispuesta a llegar la Alianza antes de que una amenaza híbrida escale cualitativamente.

Presupuestos de defensa y revisión de planes regionales

La presión polaca llega en un momento en que la OTAN trabaja en la revisión y actualización de sus planes de defensa regional aprobados en la cumbre de Vilnius de julio de 2023 —los primeros planes detallados por país desde el fin de la Guerra Fría— y en que varios aliados debaten sus compromisos presupuestarios en materia de defensa. Polonia destinó en 2023 el 3,9% de su PIB a gasto de defensa, según datos de la OTAN publicados en febrero de 2024, el porcentaje más alto de toda la Alianza y casi el doble del objetivo mínimo del 2% acordado en la cumbre de Gales de 2014, lo que refuerza la posición moral de Varsovia para exigir mayor reciprocidad colectiva.

La evolución del conflicto en Ucrania y la postura que adopten las principales capitales aliadas —Washington, Berlín y París entre ellas— en los próximos meses determinarán si el llamamiento polaco obtiene eco en forma de decisiones concretas en la próxima cumbre de la OTAN, prevista en La Haya en junio de 2025, o queda, como ha ocurrido en otras ocasiones, como advertencia registrada en actas pero sin traducción inmediata en política aliada vinculante.

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