El mandatario extendió el gesto más allá del protocolo. "Nunca les voy a maltratar, nunca los voy a desdeñar, nunca los voy a desconocer, siempre los voy a exaltar porque el alma de la República reside en la sentencia de los jueces de la patria", dijo, según el material del discurso. Y sumó una tesis sobre el equilibrio entre poderes que en el manual constitucional resulta obvia, pero que en el contexto colombiano reciente adquiere el peso de una corrección de rumbo.
"La separación de poderes no significa aislamiento, como tampoco la colaboración entre las ramas implica subordinación. Una cosa es discutir una sentencia y otra muy distinta desconocer la importancia de una institución que tiene la responsabilidad de decirle al pueblo colombiano en los momentos de mayor dificultad cuál es el límite del poder", afirmó Abelardo De La Espriella, presidente de la República.
De La Espriella también reformuló la independencia judicial como un derecho ciudadano y no como un fuero de los togados: "La independencia judicial no puede entenderse como un privilegio para los jueces, sino como una garantía de los ciudadanos que tienen derecho a que sus libertades sean decididos por jueces que actúan sin presiones y con objetividad". El énfasis no es neutro: llega después de años en que la relación entre la Casa de Nariño y las cortes atravesó choques abiertos.
El choque de Petro con las cortes
El expresidente Gustavo Petro protagonizó episodios de tensión con las altas cortes, entre ellos el enfrentamiento con el Consejo de Estado y los frenos que la Corte Constitucional impuso a sus decretos de emergencia económica. "No se puede suspender un decreto de emergencia económica hasta la decisión final de la Corte Constitucional. No solo es grosería e irrespeto personal al presidente, sino una aberración que pone en peligro el orden constitucional", dijo en su momento sobre esa suspensión.
La entonces vicepresidenta de la Corte Constitucional, Natalia Ángel Cabo, replicó en aquella disputa que atacar a las instituciones sin pruebas erosiona su función. "Cuando las instituciones se atacan de manera arbitraria sin que haya ni siquiera una prueba, como incluso pudo suceder en los ataques que ocurrieron contra la decisión del Consejo de Estado, eso va generando que se vaya minando la confianza en las instituciones y que no puedan ejercer su papel como debería", reclamó. Ese es el telón de fondo sobre el que la promesa de acatamiento cobra relieve.
La distancia declarada tendrá su prueba de fuego no en el discurso de bienvenida, sino en la primera sentencia incómoda: cuando el mismo tribunal le tumbe un decreto, le frene una reforma o le recuerde, con la sequedad de los fallos, dónde termina el poder del Ejecutivo. La independencia judicial, como recuerda el editorial sobre la justicia y la gente, no se mide en discursos de gala sino en el acatamiento de las sentencias que incomodan.
Un patrón que se repite en Colombia
No es la primera vez que un presidente colombiano llega a la Casa de Nariño anunciando armonía con las cortes para luego chocar con ellas cuando el fallo le resulta adverso: bajo la Constitución de 1991, distintas administraciones de todo signo tensionaron su relación con el poder judicial. La diferencia, esta vez, es que De La Espriella lo dijo en voz alta y ante los magistrados, lo que convierte cualquier desliz futuro en un contraste documentado. "Siempre los voy a exaltar porque el alma de la República reside en la sentencia de los jueces de la patria", quedó dicho.
