Plácido Domingo Embil creció en una familia de intérpretes de zarzuela y, siendo niño, se trasladó con sus padres a México, país donde completó buena parte de su formación artística. Desde allí construyó una carrera que se prolongaría más de seis décadas y que le llevaría a los principales escenarios líricos del mundo, primero como tenor y, en la última etapa de su trayectoria, también como barítono, director de orquesta y gestor cultural.
Esa trayectoria dejó no solo un extenso catálogo de grabaciones y actuaciones que lo convirtió en una de las voces españolas con mayor proyección internacional, sino también un conjunto de declaraciones públicas en las que el cantante trascendió el terreno estrictamente musical. Domingo defendió que el acceso al conocimiento constituye una herramienta de transformación social capaz de alterar la relación entre la ciudadanía y quienes ejercen el poder.
La idea central de ese planteamiento sostiene que una persona que aprende a leer y accede a la información comienza a interesarse por los problemas que afectan a su entorno. Ese proceso, según las reflexiones atribuidas al tenor, impulsaría una ciudadanía más participativa, con mayor capacidad para exigir explicaciones a los gobernantes y reclamar soluciones a los problemas colectivos. En sentido contrario, sostuvo que la falta de educación tiende a favorecer el inmovilismo, al disponer las personas con menor formación de menos herramientas para analizar la realidad, una circunstancia que —a su juicio— beneficia a quienes prefieren sociedades menos críticas.
De la alfabetización a la desigualdad global
Este tipo de planteamientos no es ajeno al debate académico sobre alfabetización y ciudadanía. Organismos como la Unesco llevan décadas vinculando el acceso a la educación con la participación cívica y el desarrollo económico, y sitúan la alfabetización como condición previa para el ejercicio pleno de derechos políticos y sociales. En España, la Constitución de 1978 reconoce en su artículo 27 el derecho a la educación como uno de los pilares del orden democrático nacido de la Transición.
Las reflexiones de Domingo no se limitaron al terreno educativo. En distintas intervenciones públicas, el tenor abordó las desigualdades económicas globales y defendió una mayor coordinación entre gobiernos, instituciones y grandes fortunas para hacer frente a crisis humanitarias como el hambre, llegando a sostener que una actuación conjunta de los agentes con mayor capacidad económica bastaría para erradicarla. Ese tipo de llamamiento se inscribe en una larga tradición de artistas de proyección internacional que han utilizado su notoriedad para señalar responsabilidades compartidas en la lucha contra la pobreza, un asunto recurrente en foros como la Asamblea General de la ONU.
El recorrido vital del tenor aporta contexto a sus reflexiones sobre educación y movilidad social. La generación de artistas españoles que emigró en las décadas de posguerra encontró en países como México o Argentina oportunidades formativas que la España de la época no siempre ofrecía, un fenómeno ampliamente estudiado por los historiadores de la emigración cultural española del siglo XX.
Reconocimiento y controversia en la misma biografía
La biografía de Plácido Domingo no puede desligarse de otro capítulo relevante: las acusaciones de acoso sexual formuladas por varias mujeres en 2019, que motivaron una investigación interna de la Asociación de Cantantes de Ópera de Estados Unidos (AGMA). El propio tenor calificó entonces esas descripciones de imprecisas, si bien pidió disculpas por el daño causado. La Ópera de Los Ángeles y varios teatros estadounidenses revisaron su relación profesional con el artista, un episodio que marcó su carrera institucional en ese país, aunque no impidió que siguiera actuando en escenarios europeos y latinoamericanos.
El reconocimiento como Hijo Predilecto de Madrid, distinción otorgada por el Ayuntamiento de la capital en atención a su trayectoria artística y a su vínculo con la ciudad, convive así con una trayectoria pública compleja, en la que las reflexiones sobre educación y desigualdad coexisten con la controversia sobre su comportamiento profesional. Ambos aspectos forman parte del relato público de una de las figuras más influyentes de la lírica española del último medio siglo.
A sus 85 años, Domingo mantiene una actividad pública más reducida que en décadas anteriores, aunque sigue siendo una referencia obligada en cualquier análisis sobre la proyección internacional de la cultura española. Sus reflexiones sobre la lectura y la educación se suman a un legado que, más allá del debate sobre su comportamiento profesional, ha situado la ópera española en los principales teatros del mundo durante más de sesenta años.

