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Paloma Valencia o el posible regreso del uribismo al poder en Colombia

Como uno de esos personajes de serie de televisión a los que les van adaptando el guion a medida que crecen ante los televidentes y deben dejar su papel infantil para asumir la juventud, de la misma…

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid· · Actualizado:
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Como uno de esos personajes de serie de televisión a los que les van adaptando el guion a medida que crecen ante los televidentes y deben dejar su papel infantil para asumir la juventud, de la misma… otro medio ha adelantado esta información, que El Hemiciclo recoge, reescribe y contextualiza para sus lectores conforme a su línea editorial de rigor y verificación.

Paloma Valencia, la apuesta del Centro Democrático para suceder a Petro

Paloma Valencia se consolida como la figura con mayor proyección dentro del Centro Democrático en el momento en que el partido fundado en 2013 por el expresidente Álvaro Uribe Vélez reposiciona sus cuadros de cara al ciclo electoral que determinará quién sucede a Gustavo Petro en la presidencia de Colombia en 2026. Su ascenso no responde a un movimiento puntual sino a una acumulación de capital político construido desde el Senado, institución en la que ha actuado como interlocutora sistemática frente a las reformas estructurales del gobierno.

La senadora ha transitado desde posiciones secundarias dentro del partido hasta convertirse en voz de referencia en el debate parlamentario colombiano. Su perfil combina continuidad con los postulados ideológicos centrales del uribismo —seguridad democrática, crítica al modelo económico de izquierda, defensa del sector privado como motor del desarrollo— con una capacidad comunicativa adaptada a las dinámicas mediáticas actuales, lo que la distingue dentro de un partido que históricamente ha gravitado en torno a figuras masculinas de la vieja guardia.

El desgaste del gobierno Petro abre espacio a la oposición

El ascenso de Valencia se produce en un contexto específico: el gobierno de Gustavo Petro, primero de izquierda en la historia de Colombia, acumula desgaste político y enfrenta cuestionamientos sobre la ejecución de sus reformas estructurales en salud, pensiones y educación. Según el Centro Nacional de Consultoría, la desaprobación de la gestión Petro superaba el 60 % a finales de 2024, frente al 49 % registrado en el primer año de mandato, una caída sostenida que la oposición interpreta como una ventana de oportunidad electoral.

En ese escenario, el Centro Democrático necesita candidatos con capacidad de articular un discurso alternativo que trascienda la figura del propio Uribe. La inhabilitación del expresidente para competir electoralmente —derivada de los procesos judiciales que afronta— ha dejado un vacío de liderazgo que distintos sectores del partido pugnan por ocupar. Valencia, según fuentes del partido citadas por medios colombianos como La Silla Vacía, es hoy el nombre que concita mayor consenso interno como eventual abanderada.

Un partido que gobierna Colombia desde 2010 salvo el ciclo Petro

El Centro Democrático fue fundado formalmente en 2013, tras la ruptura de Uribe con el Partido de la U, pero su influencia real sobre la política colombiana se remonta al primer mandato uribista de 2002. El movimiento gobernó el país durante dos periodos presidenciales consecutivos: el de Juan Manuel Santos hasta 2010 —con Uribe como mentor antes de su distanciamiento— y, ya como partido propio, el de Iván Duque entre 2018 y 2022. Este antecedente importa: en 2018, Duque ganó la segunda vuelta con el 54 % de los votos frente al entonces candidato Petro, un resultado que el uribismo cita como prueba de su capacidad de movilización cuando logra unificar el voto de centroderecha.

La comparación histórica más pertinente es precisamente ese ciclo 2018-2022: el partido llegó a la presidencia después de haber estado en la oposición durante el segundo mandato de Santos, con un candidato generacionalmente renovado respecto a Uribe. Valencia intentaría replicar esa operación en 2026, esta vez desde la oposición a Petro.

El sistema electoral colombiano penaliza la fragmentación

El marco normativo que regula la carrera presidencial colombiana establece, conforme a la Constitución Política de 1991 y las disposiciones de la Ley 996 de 2005 —Ley de Garantías Electorales—, un sistema de dos vueltas en el que solo accede a la segunda el candidato que supere el 50 % en la primera o, en su defecto, los dos más votados. Este mecanismo penaliza estructuralmente la dispersión del voto opositor: en la primera vuelta de 2022, la fragmentación del centroderecha entre Federico Gutiérrez y Rodolfo Hernández impidió una remontada frente a Petro, que obtuvo el 40,3 % según datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil.

Ese precedente condiciona directamente la estrategia del Centro Democrático. Si Valencia aspira a la presidencia, el partido deberá resolver antes si compite solo o construye una coalición amplia con el conservatismo y otros sectores de centroderecha, una negociación que históricamente ha resultado más compleja de lo que los actores anticipan.

Silencio calculado y réplica desde el oficialismo

Desde el entorno de Valencia no se han producido declaraciones explícitas de candidatura, un silencio que en la política colombiana suele operar como señal antes que como ausencia. El Centro Democrático, por su parte, no ha formalizado ningún proceso de selección interna ni ha convocado consultas interpartidistas, lo que sitúa cualquier especulación sobre su candidato en el terreno de las proyecciones, no de los hechos consumados.

El gobierno Petro y el petrismo no han respondido públicamente a la hipótesis específica de una candidatura de Valencia. Fuentes del oficialismo han sostenido, en términos generales, que cualquier retorno del uribismo al poder implicaría un retroceso en las reformas sociales en curso, según recogieron medios colombianos durante el último trimestre de 2024. El Centro Democrático, por su parte, ha defendido que esas mismas reformas comprometen la sostenibilidad fiscal del Estado y la prestación de servicios a los ciudadanos.

2026, el horizonte que reorganiza la política colombiana

La pregunta que vertebra el debate político colombiano en este periodo no es solo si Paloma Valencia puede llegar a la presidencia, sino si el uribismo es capaz de reinventarse como fuerza electoral competitiva sin su fundador en primera línea. El calendario establece que las elecciones presidenciales se celebrarán en mayo de 2026, con una eventual segunda vuelta en junio. Las inscripciones de candidatos ante la Registraduría y la apertura del periodo de campaña regulado por la Ley de Garantías se producirán a lo largo de 2025, lo que convierte el presente año en el momento crítico para la consolidación de liderazgos y la construcción de alianzas.

La respuesta dependerá tanto de la evolución del gobierno Petro —cuya capacidad para aprobar sus reformas estructurales antes del fin del mandato marcará el estado de la opinión pública— como de la habilidad del Centro Democrático para presentar una alternativa que convenza a un electorado que en 2022 optó por el cambio con el 50,4 % de los votos en segunda vuelta, según la Registraduría. Valencia es, por ahora, la apuesta más visible de ese intento de renovación, pero el partido tiene ante sí un año para decidir si la convierte en su candidata o si la disputa interna abre paso a otro nombre.

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