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Omán confirma a las 23:20 que acogerá el sábado la primera cumbre directa EEUU-Irán sobre Ormuz y el Brent se hunde un 4,2% en los primeros minutos de la sesión asiática

El anuncio del ministerio omaní llega con Tokio abriendo y Singapur estrenando su pantalla. El futuro del Brent pierde 3,8 dólares en cuatro minutos. Los futuros del Ibex 35 pasan de +0,2% a +1,1%. La pregunta que se hacen los analistas no es si bajará mañana: es si será una bajada con fundamento o un rebote a cobrar antes de que termine la semana.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid · Singapur· · Actualizado:
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Hay noticias que nacen con la mecha corta y llegan al mercado antes que a los teletipos. Esta es una de ellas. A las once y veinte de la noche en Madrid —las nueve y veinte de la mañana del jueves en Tokio, las tres y veinte de la tarde del miércoles en Washington—, el ministerio de Asuntos Exteriores del Sultanato de Omán ha colgado en su cuenta oficial en árabe e inglés una nota de tres párrafos y una frase que lleva semanas buscándose en el tablero diplomático: 'Mascate acogerá el próximo sábado la primera reunión directa entre representantes de Estados Unidos y la República Islámica de Irán para tratar exclusivamente la libertad de paso por el estrecho de Ormuz'.

En cuatro minutos exactos, el futuro del Brent para julio ha pasado de 89,40 dólares por barril a 85,60. Son 3,80 dólares en redondo. Un -4,2% sin rodeos. La pantalla del WTI estadounidense, que por huso horario todavía estaba con los inversores pegados a ella, ha reaccionado incluso más rápido: menos 3,95 dólares en apenas tres minutos. Los futuros del Ibex 35, que al cierre del miércoles marcaban un tímido +0,2% para la apertura del jueves, han pasado a marcar +1,1%. Los futuros del EuroStoxx 50 repuntan un +0,9%. La libra, el yen y el franco suizo —los tres refugios clásicos cuando hay miedo por el crudo— pierden terreno. Y el índice VIX, que es el termómetro más fiable del miedo en Wall Street, cae un 8% en ese mismo intervalo. Todo en ocho minutos. Todo por un comunicado de tres párrafos.

La letra pequeña del comunicado, leída con calma, explica por qué el mercado ha reaccionado con tanta contundencia. Hay cuatro elementos que llevan tiempo cotizándose como imposibles y que esta nota concede de golpe. El primero: Mascate, que hasta ahora había sido solo 'canal de contacto', pasa a ser sede formal. El segundo: la reunión es directa, no triangulada, y por primera vez desde 2018. El tercero: el formato se limita expresamente a Ormuz —es decir, no es una renegociación nuclear ni un marco general de alivio de sanciones— y eso, paradójicamente, es lo que lo hace viable. El cuarto: la fecha es el sábado. Es decir, antes del lunes, antes de que Wall Street vuelva a abrir, antes de que los comités europeos de inversión se reúnan para rehacer sus carteras. El mercado lo sabe. Y está poniendo precio a ese 'antes'.

La lectura económica inmediata es sencilla y descuenta muchas incógnitas. Si el crudo se estabiliza en la banda de los 82-85 dólares durante los próximos diez días, el índice de precios de consumo español —que el INE publica el próximo 30 de abril— se relajará sensiblemente. El componente energético lleva explicando entre seis y siete décimas de la inflación general desde enero. Cualquier bajada sostenida por debajo de los 85 dólares se traduce, en un país tan dependiente de las importaciones como España, en un alivio directo para el dato que el Banco Central Europeo tiene en la mesa para su reunión del 8 de mayo. Es muy pronto para traducirlo en cambios de tipo, pero lo que sí queda descartado —con esta noticia— es una subida defensiva en junio. Eso, de momento, se desactiva.

La lectura política, que es más incómoda, apunta en dirección contraria. El anuncio llega exactamente 19 días después de que Pedro Sánchez, en su gira a Pekín, pidiera a Xi Jinping 'que implicara a Irán en un cese inmediato de hostilidades'. En Moncloa se va a leer —ya se está leyendo, a las tantas de la noche— como una confirmación tardía pero inequívoca de que 'la jugada diplomática china' ha funcionado. El Gobierno va a intentar colgarse esa medalla. Y va a intentar, con los matices habituales, atribuirse parte del desbloqueo. La parte incómoda del relato es que la mediación formal no la ha hecho Pekín, ni mucho menos Madrid: la ha hecho Mascate, capital que lleva cuarenta años siendo el intermediario silencioso en todos los desencuentros del golfo Pérsico. Pero en la política contemporánea las medallas raramente se reparten en función del mérito real. Se reparten en función de la velocidad con la que uno llegue a tiempo a la foto.

Los analistas más veteranos piden, a esta hora, cautela. Piensen ustedes lo que puede bajar si el sábado la reunión sale bien. Piensen ustedes lo que puede subir el lunes si sale mal. La noticia de hoy no es que el petróleo baje; es que ha aumentado la volatilidad. La volatilidad no es buena ni mala: es costosa'. Ese es, probablemente, el titular técnico que el gran público no va a leer. El barril no solo está más barato esta noche: está más nervioso.

Un dato para situar el orden de magnitud que maneja esta conversación. Por el estrecho de Ormuz circula, todos los días, entre el 20% y el 21% del crudo mundial y cerca del 30% del gas natural licuado que se consume en Asia. La amenaza de bloqueo lanzada a finales de marzo por la Guardia Revolucionaria iraní había elevado el precio de los seguros de transporte en rutas del golfo Pérsico hasta cuadruplicar los niveles de enero. Cualquier rebaja verosímil de esa tensión tiene un efecto directo, no solo en el precio del crudo, sino en los fletes marítimos, en las primas de guerra que se incorporan a los contratos de suministro a largo plazo y, al final del todo, en el recibo eléctrico que pagamos en España cada mes. La cadena es larga. Los eslabones, lentos. Pero están conectados.

Hay una última pregunta, la más relevante para el lector, y la única respuesta honesta que podemos dar esta noche es 'depende'. La pregunta es: ¿cuándo se notará esta caída del crudo en la factura de la luz y en el precio del gasoil? La respuesta técnica es que las bajadas del Brent se trasladan con entre dos y cuatro semanas de retraso al surtidor, y con entre dos y tres meses de retraso al componente regulado del recibo eléctrico. Es decir: si el movimiento de esta noche se consolida, los primeros efectos en la gasolinera llegarán hacia mediados de mayo, y los primeros efectos en la factura eléctrica, hacia julio. Si el movimiento se revierte —si Mascate fracasa o se aplaza— la cadena funcionará igual, pero al revés, y con la misma lentitud. Bajadas rápidas, subidas lentas. Subidas rápidas, bajadas lentas. Esa es la ley no escrita de los mercados energéticos.

A las once y cincuenta de la noche, el futuro del Brent ha recuperado medio dólar desde el mínimo intradía. No es retroceso: es respiración. Los operadores asiáticos están haciendo lo mismo que hacemos todos cuando nos dan una buena noticia de golpe: comprobar dos veces la fuente. La fuente, en este caso, es oficial y está en árabe y en inglés. El Sultanato de Omán no tiene costumbre de convocar cumbres que luego no celebra. Eso juega a favor. Lo que juega en contra es que ni Washington ni Teherán han confirmado todavía —a esta hora— la nota omaní. Hasta que las dos capitales implicadas publiquen su propio comunicado, el mercado va a seguir mordiéndose el labio. Ese 'hasta que' es, en términos de inversión, lo que separa el rebote del rally. Lo veremos en las próximas veinticuatro horas. El Hemiciclo actualizará este artículo en cuanto lleguen las dos confirmaciones oficiales.

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