|
PortadaParlamentoDeportesOpinión
IBEX 35
Última hora
  1. Una nueva denuncia por agresión sexual señala al alcalde de Algeciras, que no dimite
  2. El vicealcalde de Alicante niega conocer el caso VPP: «Ni tengo constancia»
  3. Las lluvias de otoño arrastran ceniza y lodo del incendio de Burgohondo a los embalses

Una ruta con búnkeres de la Guerra Civil recorre el Alto del León

El puerto de Guadarrama, escenario de una batalla en 1936, conserva fortines y trincheras en dos itinerarios a unos 45 minutos de Madrid.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
Comentarios

El Alto del León, también conocido como puerto de Guadarrama, es un paso de montaña en la Sierra de Guadarrama que a finales de julio y comienzos de agosto de 1936 fue escenario de uno de los primeros enfrentamientos de envergadura de la Guerra Civil española, la Batalla de Guadarrama.

El puerto de Guadarrama comunica las provincias de Madrid y Segovia a través de la Sierra de Guadarrama, en un tramo que durante siglos funcionó como vía natural de acceso hacia la meseta norte. Esa condición estratégica resultó decisiva cuando estalló la Guerra Civil el 18 de julio de 1936: controlar este paso significaba dominar una de las principales rutas hacia Madrid desde el noroeste peninsular, razón por la que las tropas sublevadas y las leales a la República se disputaron el terreno durante los primeros días del conflicto.

La Batalla de Guadarrama, desarrollada entre finales de julio y los primeros compases de agosto de 1936, no se saldó con una victoria decisiva para ninguno de los dos bandos, pero fijó una línea de frente que se mantendría estable durante buena parte de la contienda. Esa circunstancia explica la densidad de construcciones militares que aún salpican el monte: trincheras, puestos de observación y refugios de hormigón concebidos para resistir en un terreno de fuerte pendiente y clima extremo.

Antes de adentrarse en los senderos, junto al restaurante situado en el propio puerto y a la estatua del León —erigida durante el reinado de Fernando VI, en el siglo XVIII, y que da nombre al paraje mucho antes de que aquí se librara batalla alguna—, varios paneles informativos sitúan al visitante en el contexto histórico y explican la función original de cada fortificación. Este tipo de señalética interpretativa busca que el recorrido no se quede en un simple paseo por la naturaleza, sino que aporte también una lectura documentada de lo ocurrido.

Dos itinerarios, dos niveles de exigencia

El recorrido se articula en torno a dos sectores diferenciados que permiten adaptar la visita al nivel físico de quien la emprenda. El primero conduce hasta el Cerro de la Sevillana mediante un itinerario circular de aproximadamente 2,5 kilómetros y un desnivel mínimo, lo que lo convierte en una opción asequible para grupos familiares o personas sin experiencia previa en rutas de montaña. A lo largo del tramo aparecen nidos de ametralladoras, refugios para la tropa y pequeños fortines que, pese al paso de nueve décadas, conservan buena parte de su estructura original de hormigón.

La segunda opción, la ascensión a Cabeza Líjar, plantea un reto mayor, con unos 500 metros de desnivel positivo que exigen cierta preparación física. En la cumbre se conserva un antiguo fortín reconvertido en refugio libre de montaña, uno de los muchos ejemplos en la sierra madrileña de construcciones defensivas que, con el tiempo, han encontrado un nuevo uso vinculado al senderismo y al montañismo.

Uno de los puntos más singulares del itinerario es el observatorio de la Posición Loma de Falange, al que se accede descendiendo por una escalera metálica y subiendo después unos peldaños de madera hasta alcanzar una cúpula de hormigón. Desde ahí, las vistas se extienden sobre buena parte de la Sierra de Guadarrama, incluidos el embalse de La Jarosa y el valle de Cuelgamuros, este último ligado a otro capítulo posterior de la memoria histórica española.

El conjunto de restos —búnkeres, trincheras, puestos de observación— se enmarca en un fenómeno más amplio de recuperación y señalización del patrimonio bélico de la Guerra Civil, extendido por distintas comunidades autónomas en las últimas dos décadas. La Ley de Memoria Histórica de 2007 y, más recientemente, la Ley de Memoria Democrática de 2022 incluyen entre sus objetivos la identificación, catalogación y puesta en valor de este tipo de vestigios como parte del patrimonio histórico. La primera de estas normas fue impulsada por el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero y, en su día, cuestionada por el Partido Popular, que llegó a defender su derogación o reforma en distintos momentos.

A diferencia de otros itinerarios más conocidos de la sierra madrileña, como los de La Pedriza o Peñalara —ambos dentro del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, declarado en 2013—, la ruta del Alto del León combina el atractivo paisajístico con un componente documental que atrae tanto a senderistas como a interesados en la historia contemporánea de España. Esa dualidad explica el interés que este tipo de rutas de memoria despierta más allá de los círculos especializados en patrimonio militar.

Además de las fortificaciones principales, el recorrido conserva otros elementos menores: restos de un antiguo Vía Crucis, inscripciones talladas en varios miradores y puntos panorámicos que permiten contextualizar geográficamente la batalla. Estos detalles, dispersos por el monte y fáciles de pasar por alto para quien no preste atención, aportan capas adicionales de lectura sobre un episodio que marcó el devenir de la contienda en el frente centro.

El acceso al puerto de Guadarrama se realiza habitualmente por carretera desde Madrid en un trayecto de unos 45 minutos, lo que sitúa esta propuesta dentro del radio de las escapadas de fin de semana más demandadas durante los meses de verano, cuando las temperaturas en la sierra resultan sensiblemente más suaves que en la capital. La combinación de accesibilidad, valor paisajístico y contenido histórico explica que este tipo de itinerarios figure de forma recurrente entre las recomendaciones de senderismo cercano a Madrid.

Iniciativas similares de señalización de restos de la Guerra Civil se han desarrollado también en otros puntos de la Sierra de Guadarrama y en frentes como el del Jarama o el de la Ciudad Universitaria de Madrid. La tendencia hacia la conversión de antiguos escenarios bélicos en recursos de turismo cultural y memoria histórica mantiene abierto el reto de equilibrar la conservación del patrimonio con la explicación rigurosa de los hechos, un debate que la aplicación de la Ley de Memoria Democrática seguirá alimentando en los próximos años a medida que avance la catalogación de estos vestigios.

¿Qué te ha parecido esta pieza?

Siguiente en Cultura →Ribeira, el pueblo gallego de Ana Peleteiro, une pesca, el Dolmen de Axeitos y dunas
¿Tienes información para ampliar esta noticia? Escríbenos por el canal para informantes — protegemos a las fuentes.¿Error en este artículo? → Infórmanos

Comentarios

Comentas como Anónimo — seudónimo generado localmente, sin cuenta
0/1000

Cargando la conversación…

Los comentarios son anónimos. El Hemiciclo no registra IPs ni vincula comentarios a cuentas de usuario. Tu seudónimo y tus comentarios se guardan solo en este dispositivo. Conexión cifrada (HTTPS).

Sigue leyendo en El Hemiciclo