El BelAZ 75710 supera en un 25% la capacidad de carga de sus competidores más directos, el estadounidense Caterpillar 797F y el japonés Komatsu 980E-4, ambos con un tope de 400 toneladas. El récord anterior lo ostentaba el suizo Liebherr T 282 C, con 363 toneladas, lo que sitúa al fabricante bielorruso a la cabeza de un segmento industrial dominado tradicionalmente por marcas norteamericanas, japonesas y europeas, y no por firmas herederas de la antigua órbita soviética.
Para calibrar la magnitud de la cifra, un camión de obra convencional, de los que circulan por cualquier polígono industrial, tiene una carga útil de alrededor de 20 toneladas. El BelAZ 75710 mueve en un único trayecto lo que necesitarían transportar veintidós de esos vehículos juntos, una diferencia que en la minería a cielo abierto se traduce en menos personal operativo, rutas más despejadas dentro de la explotación y un coste por tonelada transportada sensiblemente inferior, de acuerdo con las especificaciones técnicas del fabricante.
Dos motores de buque y transmisión eléctrica
Bajo su carrocería trabajan dos motores diésel MTU DD 16V4000, de 16 cilindros en V y 65.000 centímetros cúbicos de cilindrada cada uno, comparables a los que equipan buques y remolcadores oceánicos. Juntos alcanzan los 4.600 caballos de potencia y un par motor de 9.313 newtons-metro por unidad, cifras que explican por qué el vehículo puede desplazar más de 800 toneladas de peso bruto sin renunciar a una velocidad máxima de 64 kilómetros por hora incluso a plena carga. El sistema de transmisión es electromecánico: los motores diésel no mueven las ruedas de forma directa, sino que accionan generadores eléctricos que alimentan cuatro motores de tracción, uno por cada rueda de los ejes motrices. La ausencia de una caja de cambios convencional permite al camión afrontar pendientes de hasta el 14% sin aliviar el acelerador, una prestación relevante en minas donde los desniveles entre el fondo de extracción y la superficie son considerables.
El consumo, coherente con las dimensiones del vehículo, ronda los 1.300 litros de gasóleo cada 100 kilómetros, unos 425 litros por hora y motor en condiciones de carga máxima. Para no interrumpir la operativa minera con paradas frecuentes de repostaje, el 75710 incorpora dos depósitos con una capacidad conjunta de 5.600 litros, lo que le permite mantener jornadas largas de trabajo continuado en los frentes de extracción.
En cuanto a sus dimensiones, el camión mide 20,6 metros de largo, 9,87 de ancho y 8,16 de alto, una envergadura equiparable a la de un edificio de dos plantas y media. Vacío pesa 360 toneladas; cargado, el conjunto alcanza las 810 toneladas brutas, un dato que obliga a las explotaciones mineras a diseñar accesos, rampas y zonas de maniobra específicamente adaptados a su tamaño.
Uno de los capítulos más llamativos del mantenimiento es el de los neumáticos. El vehículo rueda sobre ocho ruedas radiales del tipo 59/80R63, de 4,03 metros de diámetro y más de 5.000 kilogramos de peso cada una, capaces de soportar hasta 104 toneladas por unidad trabajando a una presión de apenas 0,6 bares. Sustituir uno solo de esos neumáticos cuesta hasta 90.000 dólares, de modo que la partida de mantenimiento asociada a las ocho ruedas supera los 700.000 dólares por juego completo.
El mantenimiento general exige personal especializado en los sistemas hidráulicos, eléctricos y de suspensión del vehículo, aunque BelAZ ha diseñado el 75710 compartiendo componentes con modelos anteriores de la gama para reducir los tiempos de formación de los técnicos. La compañía ofrece además simuladores virtuales para entrenar a los operadores antes de que suban por primera vez a la cabina, situada a varios metros de altura sobre el suelo.
Una producción casi artesanal bajo sanciones
La producción del modelo ha sido extremadamente limitada: apenas tres unidades fabricadas hasta la fecha y una cuarta en construcción, lo que convierte a este camión en una pieza casi artesanal dentro de la industria minera pesada, muy alejada de la fabricación en serie que caracteriza a otros segmentos del transporte industrial.
BelAZ, acrónimo de Belaruski Avtamabilny Zavod (Fábrica de Automóviles de Bielorrusia), es una empresa estatal fundada en 1948 y heredera de la tradición industrial soviética de maquinaria pesada, un sector en el que Bielorrusia mantuvo capacidad productiva propia incluso tras la disolución de la URSS en 1991. La compañía exporta buena parte de su producción a Rusia y a países con grandes explotaciones mineras, en un contexto en el que las sanciones occidentales impuestas a Minsk desde 2020, tras la represión de las protestas poselectorales, y reforzadas después de la invasión rusa de Ucrania en 2022, han complicado el acceso de la firma a determinados componentes y mercados occidentales.
El grueso de la flota opera en las minas de carbón de la cuenca de Kuznetsk, en Siberia occidental, uno de los mayores yacimientos carboníferos del mundo, donde los pozos a cielo abierto generan volúmenes de material que los camiones estándar no gestionan con eficiencia. El caso del 75710 ilustra cómo la minería a gran escala empuja a los fabricantes a competir por maximizar la capacidad de carga por vehículo como vía para abaratar los costes operativos, un pulso técnico en el que hasta ahora habían marcado el paso Caterpillar, Komatsu y Liebherr.
No constan, por el momento, anuncios de nuevos modelos que busquen superar la marca establecida por el fabricante bielorruso. El futuro del segmento sigue ligado a la demanda mundial de carbón térmico y minerales críticos, así como a la evolución de las sanciones sobre Minsk, factores que condicionarán tanto la ampliación de la producción del 75710 como el acceso de la marca a los mercados occidentales en los próximos años.

