La brecha presupuestaria: 153.000 frente a 76.300 millones en el horizonte 2029-2030
Los números que Mandon presentó ante los senadores son contundentes. Según las proyecciones que el Estado Mayor francés expuso en esas sesiones, Alemania alcanzará un gasto en defensa de aproximadamente 153.000 millones de euros anuales en 2029, cifra que equivaldría a alrededor del 3,5% de su Producto Interior Bruto. Francia, con su actual Ley de Programación Militar (LPM) 2024-2030, prevé llegar a 76.300 millones de euros hacia el final de la década. La proporción es inequívoca: Berlín gastaría más del doble que París en defensa en ese horizonte temporal, una inversión que revierte de raíz la jerarquía de poder militar que ha definido Europa occidental durante ochenta años.
Para calibrar la magnitud del giro alemán conviene situarlo en perspectiva histórica. Durante décadas, la República Federal vivió bajo una doctrina de autocontención deliberada, heredera directa de la derrota de 1945 y codificada en la propia Ley Fundamental de Bonn de 1949, cuyo artículo 26 prohíbe expresamente los actos que perturben la convivencia pacífica entre los pueblos. La Bundeswehr fue concebida desde su refundación en 1955 como un ejército integrado en estructuras colectivas —la OTAN primero, la UE después— y nunca como instrumento de poder nacional autónomo. Ese paradigma empezó a resquebrajarse con la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 y el anuncio del Zeitenwende —«cambio de era»— del canciller Olaf Scholz días después, cuando comprometió un fondo especial de 100.000 millones de euros para modernización militar al margen del presupuesto ordinario.
La 'Gesamtkonzeption': Alemania fija por escrito su ambición continental
El salto cualitativo más reciente es la publicación, en abril de 2026, de la primera estrategia militar formal de la historia de la República Federal, acompañada de un plan de capacidades que el Ministerio de Defensa alemán denomina Gesamtkonzeption militärische Verteidigung —concepto global de defensa militar—. El documento es la parte pública de dos textos clasificados aprobados por el inspector general de la Bundeswehr: la estrategia militar propiamente dicha y el denominado perfil de capacidades. Su existencia rompe con setenta años de cultura estratégica alemana que evitaba deliberadamente formular objetivos de poder militar en términos nacionales.
El texto, introducido por el ministro de Defensa Boris Pistorius, describe el entorno geopolítico como «profundamente transformado» por la degradación del orden internacional y el regreso de la fuerza como herramienta política, identifica a Rusia como la principal amenaza para la seguridad europea y enuncia sin ambages la intención de convertir a la Bundeswehr en «la fuerza convencional más poderosa de Europa» antes de 2039. El plan establece tres fases: refuerzo acelerado de capacidades defensivas a corto plazo, incremento notable a medio plazo y superioridad convencional plena a largo plazo. La nomenclatura empleada —potencia, superioridad— no tiene precedente en la documentación oficial alemana de posguerra.
El perfil de capacidades integra los objetivos de la OTAN —que en la Cumbre de Vilna de 2023 fijó planes regionales de defensa que asignan a Alemania el papel de nación marco en el flanco oriental— con metas nacionales de estructuración de fuerzas, adquisición de equipamiento y reclutamiento. Berlín ha reactivado el debate sobre la reintroducción del servicio militar obligatorio, suspendido en 2011, como palanca demográfica para nutrir una Bundeswehr que, según los datos disponibles, se encuentra notablemente por debajo de los objetivos de efectivos fijados en la propia estrategia.
Las carencias francesas: aviación corta y producción industrial lenta
Frente a ese cuadro, Mandon desgranó ante los senadores las debilidades estructurales del modelo francés. La más urgente es la fuerza aérea: la LPM vigente no contempla la adquisición de aviones de combate adicionales, lo que deja al Ejército del Aire y del Espacio francés sin reposición neta de caza hasta que el avión de nueva generación SCAF —Sistema de Combate Aéreo del Futuro, desarrollado conjuntamente con Alemania y España— entre en servicio, programa que acumula retrasos. Mandon sostuvo ante la comisión que la fuerza aérea francesa es insuficiente y que la ley de planificación militar no corrige esa carencia.
El diagnóstico sobre la producción industrial tiene raíces estructurales igual de profundas. Francia apostó desde los años noventa por un modelo de excelencia tecnológica —el caza Rafale, el misil Aster, el submarino nuclear de ataque— diseñado para mantener una cadena de valor soberana pero no para escalar en volumen. Ese modelo funcionó durante la era de intervenciones de baja intensidad —Mali, Afganistán, Libia— en la que la calidad tecnológica y la experiencia operativa bastaban para marcar la diferencia. La guerra de alta intensidad en Ucrania ha revelado que el conflicto de desgaste consume munición, vehículos y sistemas a un ritmo que ninguna industria occidental había planificado. «Nuestras empresas son capaces de producir productos de alta tecnología extraordinarios, pero no saben cómo fabricarlos con rapidez y a bajo coste», declaró Mandon ante los senadores, en una crítica abierta a la base industrial de defensa francesa. Y añadió: «No estoy satisfecho con el nivel de producción actual y creo que su insuficiencia representa una amenaza para nuestra defensa nacional».
El argumento de la experiencia operativa, bajo presión
El otro pilar del argumento tradicional francés es la experiencia operativa acumulada. A diferencia de Alemania, que desde 1945 ha limitado sus despliegues al exterior y participó en operaciones de la OTAN con restricciones de uso de la fuerza —el caso de Afganistán es paradigmático—, Francia ha mantenido una presencia militar activa en el Sahel durante más de una década y ha desplegado la Force de frappe como disuasor nuclear independiente. Esa acumulación de know-how de combate real ha sido durante años el argumento de París para justificar su liderazgo estratégico en Europa por encima de un gasto inferior al de Berlín.
Mandon pone precisamente ese argumento bajo presión cuando afirma ante los senadores: «Si Alemania continúa a este ritmo, en cinco años ya no será válido el argumento de que tenemos experiencia operativa». La frase implica que el volumen y la modernidad del equipamiento pueden acabar compensando, o incluso superando, la ventaja táctica derivada de la experiencia en campo. Es una concesión estratégicamente significativa viniendo del jefe del Estado Mayor y no de un analista externo. Simultáneamente, Mandon elogió la capacidad del ejército francés para desplegar tropas y material con rapidez, señalando que esa agilidad logística sigue siendo una fortaleza real, aunque insuficiente por sí sola para sostener el liderazgo continental si la brecha de equipamiento se consolida.
Macron en el ocaso, finanzas en rojo y una LPM sin modelo definitivo
El debate se produce en un momento de particular vulnerabilidad política para Francia. Emmanuel Macron, impulsor de la doctrina de autonomía estratégica europea y de mayores presupuestos de defensa desde su discurso de La Sorbona de 2017, se encuentra en el último año de su segundo y último mandato constitucional. Su sucesor se elegirá en 2027, y el nuevo presidente tendrá que encontrar fondos para las fuerzas armadas en medio de unas finanzas públicas francesas que el propio material de origen describe como «cada vez más precarias». Ninguno de los candidatos mejor posicionados ha presentado un programa de defensa de ambición comparable.
A ello se suma la presión sobre el gasto público. El Gobierno ha comprometido 36.000 millones de euros adicionales en defensa hasta 2030, pero el propio Mandon reconoció ante la comisión que esa cifra no incluye la adquisición de aviones ni buques. Ante los senadores, el jefe del Estado Mayor describió la LPM como «un avance hacia un mayor rigor, profundidad y coherencia», pero admitió que «aún no hemos dado con el modelo adecuado» y subrayó que «para lograrlo, la decisión debe ser política». Esa decisión, en un año preelectoral y con el procedimiento de déficit excesivo abierto ante la Comisión Europea —el Pacto de Estabilidad y Crecimiento fija el límite del 3% del PIB para el déficit público, umbral que Francia supera con amplitud—, no parece inminente.
Hitos y plazos: lo que viene después de la alerta
El calendario que se desprende de los datos presentados por Mandon es preciso en sus vértices. El año 2029 marca el momento en que Alemania alcanzaría el gasto de 153.000 millones de euros anuales, consolidando la superioridad presupuestaria sobre Francia. El año 2030 es la fecha límite de la LPM francesa y el horizonte en que París llegaría a los 76.300 millones. El año 2039 es el plazo que la Gesamtkonzeption alemana fija para alcanzar la superioridad convencional plena en Europa. Entremedio, la elección presidencial francesa de 2027 constituye la variable política más inmediata: el nuevo inquilino del Elíseo heredará una LPM sin modelo definitivo, una industria de defensa que el propio Estado Mayor considera insuficiente en velocidad de producción y una Bundeswehr en expansión acelerada que, de mantenerse el ritmo actual, habrá dejado de ser un argumento secundario en el tablero estratégico europeo para convertirse en su eje principal.


