El ataque en la capital albanesa se saldó con diez agentes heridos. El director general de la Policía Estatal albanesa, Skender Hita, confirmó que esos policías formaban parte del cordón de seguridad de las instalaciones y no habían participado en los operativos de días anteriores, un matiz con el que separó la violencia del ataque de las protestas previas.
«Quiero ser muy claro con todos, un ataque a una comisaría no es una protesta», advirtió Skender Hita, director general de la Policía Estatal de Albania, que instó a los manifestantes pacíficos a distanciarse de los grupos violentos.
Del total de 28 heridos registrados el domingo en Tirana, 23 requirieron atención en el Hospital Universitario de Traumatología: 17 policías, un menor de edad, un periodista y cuatro ciudadanos ajenos a las protestas. Las movilizaciones en Albania denuncian el encarecimiento de la vida, las carencias del sistema educativo y la corrupción atribuida al Gobierno socialista. El primer ministro, Edi Rama, rechazó el domingo dimitir al advertir de que su salida en este momento comprometería las negociaciones de adhesión de Albania a la Unión Europea.
En Italia, las fuerzas de seguridad detuvieron a más de 200 jóvenes durante una segunda jornada de disturbios, vandalismo y saqueos en el centro de Milán, en movilizaciones que también alcanzaron Turín y Bolonia contra el encarecimiento de la vida. Grupos reducidos de encapuchados se desplazaron entre la plaza de San Babila, la vía Torino, la plaza del Duomo y el corso Vittorio Emanuele, según la agencia Adnkronos, y saquearon un supermercado y varias tiendas, entre ellas los grandes almacenes La Rinascente.
Los enfrentamientos con la Policía y los Carabineros incluyeron el lanzamiento de piedras, sillas y petardos, al que las fuerzas del orden respondieron con gases lacrimógenos y cañones de agua en la zona del Palacio Real. La tensión llegó a la explanada de la catedral del Duomo, lo que obligó a clausurar temporalmente sus puertas principales y a dirigir a fieles y turistas hacia las salidas laterales colindantes con el Arzobispado.
«Manifestarse es un derecho, pero poner a hierro y fuego nuestras ciudades no lo es», declaró la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, al condenar los disturbios de Milán.
Acampadas por la vivienda en Lisboa
En Bélgica, cerca de 200 personas fueron detenidas durante las manifestaciones del sábado contra los recortes en educación, la Policía y el Gobierno federal, que derivaron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. En Bruselas, foco principal de la protesta, se practicaron 150 arrestos, de los cuales 118 fueron administrativos y 32 detenciones judiciales por el presunto lanzamiento de proyectiles contra la Policía.
En Portugal las protestas transcurrieron sin violencia: cientos de personas instalaron decenas de tiendas en la plaza del Rossio de Lisboa y en la plaza de Dom João I de Oporto, escenario esta semana de un desalojo policial con cerca de 40 heridos. Pese a las advertencias de las autoridades sobre la duración de las concentraciones, los participantes permanecieron en ambas plazas con turnos de vigilancia ante una eventual intervención. Las acampadas, inspiradas en la del movimiento del 15-M en la Puerta del Sol de 2011, siguieron a las manifestaciones del sábado, que reunieron al menos a 2.500 personas en Lisboa, según datos policiales.
La asamblea popular de Lisboa aprobó seis reivindicaciones: límites a los alquileres, retirada de la nueva legislación de arrendamientos, fin de los desalojos y demoliciones sin alternativa habitacional, restricciones a la compra de vivienda por fondos inmobiliarios, más vivienda pública y recuperación de inmuebles vacíos. La movilización adquirió un tono político, con consignas contra el Gobierno de Luís Montenegro, al que los participantes acusan de favorecer a propietarios y al sector inmobiliario frente a quienes no pueden pagar los alquileres.

