Decenas de miles de personas tomaron este fin de semana las calles de más de 180 ciudades españolas —entre ellas Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia y Bilbao— bajo el lema #PararLaGuerra para exigir el fin del conflicto en Gaza y en Oriente Próximo. La movilización, convocada por más de 250 organizaciones que abarcan sindicatos, ONG, partidos de izquierda, colectivos feministas y plataformas vecinales, constituye según sus propios organizadores la mayor protesta pacifista del siglo XXI en España y la más amplia concentración ciudadana desde el movimiento 15-M de 2011.
La magnitud de la convocatoria
La suma de más de 250 entidades convocantes distingue esta jornada de movilizaciones anteriores de carácter antibelicista en España, que históricamente habían reunido a un número menor de organizaciones bajo un mismo paraguas. La articulación entre sindicatos —estructuras con capacidad de movilización de base— y plataformas vecinales de nueva creación amplía el perímetro social de la protesta más allá de los colectivos habitualmente activos en política exterior, lo que explica en parte la extensión territorial de las marchas a 180 localidades.
El Gobierno, en silencio sobre las cifras
El Ejecutivo no ofreció valoración oficial sobre el número de asistentes. La ausencia de una cifra gubernamental es una práctica recurrente en las grandes manifestaciones españolas: desde la transición democrática, los gobiernos de distinto signo han evitado sistemáticamente avalar o refutar los datos de convocantes y Delegaciones del Gobierno, cuyas estimaciones divergen con frecuencia. En paralelo, las formaciones que integran el bloque de investidura situado a la izquierda del PSOE —Sumar y Podemos— participaron en las marchas, lo que introduce una tensión interna en la mayoría parlamentaria que sostiene al Gobierno de Pedro Sánchez.
Sumar y Podemos en las marchas
La presencia de Sumar y Podemos en las concentraciones subraya la fractura dentro del espacio progobernamental sobre la política exterior española respecto al conflicto en Gaza. Ambas formaciones han reclamado públicamente medidas más contundentes —entre ellas la ruptura de relaciones comerciales con Israel en materia de armamento— que el Ejecutivo no ha adoptado en los términos que exigen sus socios. La movilización ofrece a estos partidos un escaparate de diferenciación ante su electorado sin romper formalmente la coalición.
Precedente: del 15-M a las marchas antibelicistas
La comparación con el 15-M no es retórica: aquella movilización de mayo de 2011 supuso un punto de inflexión en la cultura de protesta española y generó estructuras organizativas —asambleas, plataformas— que perviven en parte en el tejido asociativo actual. Antes del 15-M, la mayor referencia de movilización pacifista en España fue la manifestación del 15 de febrero de 2003 contra la guerra de Irak, que reunió en Madrid y Barcelona a millones de personas según las organizaciones convocantes, en una jornada coordinada globalmente que The Guardian y otros medios internacionales describieron como la mayor protesta simultánea de la historia. La invocación del 15-M como hito de referencia, en lugar de 2003, indica que los organizadores sitúan esta convocatoria en una genealogía de movilización social interna más que en la tradición estrictamente antibelicista.
El alcance territorial como dato político
La extensión a 180 ciudades —más allá de los núcleos urbanos donde habitualmente se concentra la protesta organizada— señala una capacidad de implantación territorial que los convocantes atribuyen a la red de organizaciones locales adheridas. En el ciclo de movilizaciones españolas de las últimas dos décadas, la descentralización de las protestas ha sido interpretada por analistas políticos como indicador de la profundidad del malestar ciudadano, frente a las concentraciones únicamente capitalinas, que tienden a leerse como fenómenos más acotados.
Posiciones de las partes
Los organizadores califican la jornada de 'histórica' y reclaman al Gobierno medidas concretas no detalladas en el material disponible. Sumar y Podemos respaldaron las marchas sin que conste, en la información disponible, declaración institucional específica de sus dirigentes durante la jornada. No hay constancia en el material de reacción del principal partido de la oposición ni de organizaciones internacionales.
Lo que viene
La magnitud de la convocatoria y la participación de socios del Gobierno en las marchas abre un período de presión política interna sobre la posición española ante el conflicto en Gaza. La capacidad de los organizadores para mantener la coalición de 250 entidades —y para traducir la movilización callejera en demandas legislativas o diplomáticas concretas— determinará si la jornada del #PararLaGuerra queda como hito testimonial o inaugura un ciclo de presión sostenida sobre el Ejecutivo.


