El punto de partida es un diagnóstico que el consistorio comparte con los vecinos: la calzada de la glorieta está sobredimensionada respecto al tráfico real que soporta, lo que permite reducir su trazado y liberar espacio central para un uso peatonal que hoy no existe. El área de Obras y Equipamientos, al frente de la cual está Paloma García Romero, plantea la intervención como complemento a la reciente reforma de la plaza de Olavide, situada a apenas 500 metros.
La glorieta presenta hoy una geometría elíptica singular dentro de la trama del ensanche madrileño, pero su configuración actual la hace inaccesible para el peatón. El nuevo diseño pondrá en valor esa forma ovalada mediante un ajardinamiento denso: se plantarán 50 nuevos ejemplares arbóreos de especies como castaños, melias, magnolios, perales y albizias, combinados con arbustos de flor y gramíneas pensadas para mantener color y floración durante las distintas estaciones.
El pavimento de los caminos interiores será predominantemente de jabre, un material que favorece el drenaje sostenible frente al asfaltado convencional y contribuye a moderar la temperatura del entorno. Como elemento central, se instalará una fuente ornamental de granito negro que, según el planteamiento municipal, reforzará la sensación de frescor en un espacio hasta ahora desprovisto de zonas de sombra o descanso.
La reforma incorporará mobiliario para la permanencia —bancos y pequeñas mesas— en un distrito, Chamberí, que figura entre los que registran menor proporción de parques y zonas verdes estanciales por habitante en la capital. El objetivo que declara el consistorio es doble: ganar superficie ajardinada y, a la vez, evitar que una peatonalización íntegra derive en la proliferación de terrazas y ruido, uno de los temores que han expresado los vecinos del entorno.
La movilidad se mantiene en rotonda
A diferencia de otras peatonalizaciones completas ensayadas en el centro de Madrid, la intervención en Álvarez de Castro mantiene el funcionamiento viario en forma de rotonda y no modifica los movimientos actualmente permitidos al tráfico motorizado. Tampoco afecta a las líneas 149 y 3 de la EMT, que conservarán sus paradas en la calle General Álvarez de Castro en la ubicación actual.
El único ajuste en materia de aparcamiento responde a una exigencia normativa: la regulación de seguridad vial vigente no permite mantener plazas de estacionamiento dentro de una rotonda, de modo que las que desaparezcan con la reforma se recolocarán en batería en el primer tramo de la calle Álvarez de Castro. Es una fórmula de compensación habitual en este tipo de remodelaciones para limitar el impacto sobre los residentes que dependen del aparcamiento en superficie.
La plaza de Olavide, convertida en referencia para este nuevo proyecto, fue objeto hace un par de años de una reorganización integral que incluyó la peatonalización de varios tramos de calles adyacentes, la restricción de la circulación rodada a usos autorizados —accesos a garajes o vehículos de emergencia— y la renovación de pavimentos y mobiliario urbano. Aquella intervención sumó 160 nuevos árboles y 21.000 arbustos, y hoy concentra una afluencia que el Ayuntamiento vincula a la escasez de alternativas verdes similares en el distrito.
La nueva glorieta ajardinada se plantea, según el área municipal, como una vía para «reducir la presión de usuarios» que soporta Olavide. La lógica es la de crear una red de pequeños espacios verdes de proximidad que distribuyan la demanda vecinal de zonas estanciales, en lugar de concentrarla en un único punto que se satura en fines de semana y tardes de buen tiempo.
43 plazas rehabilitadas con Almeida
Desde que José Luis Martínez-Almeida ocupa la alcaldía, el área de Obras y Equipamientos ha rehabilitado 43 plazas en el conjunto de la ciudad, una cifra que sitúa la intervención en Álvarez de Castro dentro de un programa más amplio de reforma del espacio público. En paralelo se encuentran en ejecución otras cuatro remodelaciones: Jacinto Benavente, en el distrito Centro, que eliminará el tráfico rodado para ganar zonas verdes y sombra; América Española, en Salamanca, vinculada al futuro Parque Ventas; y, en el sur, las plazas de Oporto y el casco histórico de Carabanchel.
El consistorio prevé además que comiencen en breve los trabajos en la plaza Mayor de Barajas y en la plaza Mercurio, ambas integradas en el proyecto de remodelación del casco histórico de ese distrito, que cuenta con una inversión de 6,4 millones de euros. El objetivo de esa actuación, de mayor envergadura que la de Chamberí, es crear un itinerario peatonal accesible que conecte la plaza histórica con la estación de metro de la avenida de Logroño, e incluirá mejoras en las calles Empedrada, Concejal Tomás Serrano Guío, Acuario, Pilares, Canal de Suez, Saturno y Trópico.
Los presupuestos participativos, del que surge la propuesta de Álvarez de Castro, permiten a los vecinos de Madrid votar directamente las actuaciones que consideran prioritarias para su barrio, con una dotación municipal asignada a los proyectos ganadores. La edición 2025-2026 recogió entre sus propuestas la transformación de esta glorieta, descrita por algunos de sus impulsores como «una potencial plaza peatonal desaprovechada». El reparto de fondos municipales a actuaciones vecinales ya ha protagonizado controversias previas, como la concesión de subvenciones a entidades del tercer sector reflejada en el caso del think tank ligado al Sindicato de Inquilinas que recibió 1,2 millones en subvenciones.
El calendario de ejecución fijado por el Ayuntamiento sitúa el inicio de las obras a mediados de octubre y su conclusión en el verano de 2027, un plazo que supera los nueve meses y que el área municipal atribuye a la complejidad de los trabajos de ajardinamiento, la instalación de la fuente ornamental y la reordenación de los flujos de tráfico y aparcamiento en el entorno inmediato de la glorieta.


