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Ecuador y Paraguay firman un tratado de extradición contra el narcotráfico

Los presidentes Noboa y Peña suscribieron en Quito un acuerdo bilateral para agilizar la entrega de sospechosos de crimen organizado entre ambos países.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Los gobiernos de Ecuador y Paraguay firmaron el miércoles 29 de julio de 2026 en Quito un tratado de extradición y varios acuerdos de cooperación en seguridad, durante la visita oficial del presidente paraguayo, Santiago Peña, a su homólogo ecuatoriano, Daniel Noboa.

El tratado de extradición establece un procedimiento reglado para solicitar, tramitar y ejecutar la entrega de personas procesadas o condenadas por delitos graves, en coordinación con las autoridades judiciales y policiales de Ecuador y Paraguay. Según explicaron ambos ejecutivos, el mecanismo busca reducir los tiempos burocráticos que hasta ahora permitían a los sospechosos ampararse en la distancia geográfica y en la ausencia de acuerdos bilaterales específicos para evitar ser juzgados.

Junto al tratado, los ministerios del Interior de ambos países suscribieron un memorándum de entendimiento para reforzar la cooperación en inteligencia, ciberseguridad y lucha contra el narcotráfico. Las carteras de Defensa firmaron, además, un acuerdo de cooperación técnico-militar, cuyo alcance concreto no ha sido detallado públicamente.

«Al crimen organizado lo vamos a combatir con instituciones organizadas, con países organizados», declaró Peña durante el acto de firma en Quito. Por su parte, Noboa subrayó que ambos países tienen «la responsabilidad de unirse, de estar juntos», y que esa unión, dijo, «es la que nos tiene que hacer competitivos a nivel mundial».

Un enclave convertido en ruta de la cocaína

El acuerdo llega en un momento en que Ecuador atraviesa una escalada de violencia vinculada al narcotráfico transnacional. El país, considerado durante años un enclave relativamente estable en la región, se ha convertido en punto de tránsito clave para el envío de cocaína producida en Colombia y Perú hacia los mercados de Europa y Estados Unidos, aprovechando su infraestructura portuaria en Guayaquil y su economía dolarizada. En ese contexto se enmarca la designación por parte del Departamento de Estado de Estados Unidos de la banda ecuatoriana Chone Killers como organización terrorista extranjera, un paso que endurece el marco legal para perseguir sus finanzas y redes internacionales.

Paraguay, por su parte, ha sido señalado reiteradamente por organismos internacionales como una de las principales rutas de tránsito de cocaína hacia Europa, aprovechando su condición de país sin salida al mar y su integración en los circuitos comerciales del Mercosur. Las autoridades antidrogas paraguayas han incrementado en los últimos ejercicios el número de incautaciones, aunque persisten denuncias sobre la infiltración de estructuras criminales en puertos fluviales y zonas francas.

Los tratados de extradición bilaterales no son un instrumento nuevo en la región. Desde el retorno a la democracia en Paraguay en 1989 y la sucesión de gobiernos constitucionales en Ecuador, ambos países han suscrito acuerdos similares con Estados Unidos, España y varios socios latinoamericanos, aunque su aplicación efectiva ha sido desigual, a menudo condicionada por la lentitud de los procesos judiciales internos y por las garantías constitucionales que limitan la extradición de nacionales en determinados supuestos.

El nuevo instrumento se apoya en el marco de cooperación judicial internacional previsto en la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional, conocida como Convención de Palermo, que ambos países han ratificado y que establece estándares mínimos para la asistencia legal mutua, el decomiso de activos y la extradición entre Estados parte. La aplicación concreta del tratado bilateral dependerá, no obstante, de su ratificación por los respectivos congresos nacionales, un trámite que puede prolongarse varios meses.

Ni la Cancillería ecuatoriana ni la paraguaya han precisado un calendario para la entrada en vigor del tratado ni han detallado el número de casos pendientes que podrían beneficiarse del mecanismo. Tampoco se han registrado reacciones formales por parte de organismos regionales como la Organización de los Estados Americanos, que en el pasado ha impulsado iniciativas de cooperación antidrogas a escala continental.

La firma se produce en un momento de reconfiguración de las estrategias latinoamericanas frente al crimen organizado, con gobiernos que apuestan por políticas de mano dura y cooperación internacional reforzada, mientras otros países de la región mantienen enfoques centrados en la negociación con estructuras armadas y la sustitución de cultivos ilícitos.

A partir de ahora, el desarrollo del acuerdo dependerá de su tramitación parlamentaria en Ecuador y Paraguay y de la puesta en marcha efectiva de los canales de intercambio de inteligencia previstos en el memorándum firmado por los ministerios del Interior. La eficacia de este tipo de tratados se mide, en última instancia, por el número real de extradiciones ejecutadas en los primeros años de vigencia.

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