El inmueble donde apareció el tesoro perteneció a comienzos del siglo XX a un próspero productor cervecero de la región y es hoy propiedad de CAW Oost-Vlaanderen, una organización social sin ánimo de lucro dedicada a la asistencia a personas vulnerables. Nadie en la entidad tenía constancia del compartimento oculto hasta que los obreros lo abrieron durante los trabajos. Los trabajadores notificaron el hallazgo a la policía local de inmediato y las autoridades trasladaron después el cargamento, bajo estrictas medidas de seguridad, a una instalación federal en Bruselas, donde permanece mientras avanza la instrucción. Las obras del edificio siguen paralizadas a la espera de que la Fiscalía cierre sus diligencias.
La causa abierta por la Fiscalía de Flandes Oriental persigue tres objetivos: certificar la antigüedad real de las monedas y los lingotes, verificar que los fondos tienen una procedencia lícita y descartar cualquier vínculo con actividades delictivas del pasado. El procedimiento responde a la normativa belga sobre bienes muebles hallados sin dueño conocido, que contempla un periodo de información pública y un plazo para que eventuales herederos o reclamantes legítimos hagan valer sus derechos ante los tribunales. Solo agotado ese plazo sin reclamaciones fundadas podría transferirse la propiedad a quien ostente derechos sobre el inmueble, un proceso que puede prolongarse durante meses o años en función de la complejidad genealógica del caso.
La pista de una fortuna convertida en oro tras el crac de 1929
El historiador y exalcalde de Dendermonde, Piet Buyse, apunta a una hipótesis concreta sobre el origen del tesoro. Según su versión, el oro perteneció a los Van Assche, una familia de empresarios locales que convirtió parte de su patrimonio en metal precioso tras el crac bursátil de 1929, una práctica documentada entre las clases acomodadas europeas del periodo de entreguerras como refugio ante la inestabilidad financiera. Buyse sostiene que los últimos descendientes directos de la familia fallecieron sin herederos y que el edificio pasó en 1982 a una abadía antes de llegar, en fechas más recientes, a manos de la ONG actual. En ninguna de esas transmisiones habría trascendido la existencia del compartimento, lo que explicaría que el tesoro permaneciera intacto durante más de nueve décadas.
El director de CAW Oost-Vlaanderen, Geert Hillaert, ha explicado el destino que tendría el dinero en caso de que las autoridades no localicen ningún reclamo legal vigente y adjudiquen el tesoro a la organización. Según Hillaert, el importe se destinaría íntegramente a financiar nuevos centros de acogida y servicios sociales para personas sin hogar en Flandes Oriental, en línea con el objeto social de la entidad. La adjudicación, no obstante, queda supeditada a que la Fiscalía descarte antes cualquier reclamación fundada de herederos.
Las autoridades de Flandes Oriental han precisado que los lingotes hallados no se corresponden con las grandes barras de 12,4 kilos del estándar Good Delivery habituales en el imaginario cinematográfico, sino con piezas miniatura de inversión, del tipo que tradicionalmente adquieren pequeños ahorradores europeos. Cada uno de los más de 40 lingotes lleva grabado un número de serie único, un elemento que facilita el rastreo de su origen dentro de la investigación. Bélgica cuenta con una larga tradición en el refinado de metales preciosos, con casas históricas como Umicore, que produce este tipo de piezas con el peso, la marca del fabricante y el sello de pureza impresos, generalmente oro fino de 24 quilates.
El cofre guardaba además pepitas de oro en estado natural y bruto y más de 4.000 monedas antiguas cuya datación exacta estudian los numismáticos. La hipótesis más extendida apunta a francos de oro belgas acuñados con la efigie del rey Leopoldo II, una divisa de uso habitual en el comercio europeo de finales del siglo XIX y principios del XX. El reinado de Leopoldo II coincidió con un periodo de fuerte acumulación de capital privado en Bélgica que encajaría con la abundancia de este tipo de piezas en fortunas familiares de la época.
Los hallazgos de tesoros durante obras de renovación no son infrecuentes en Europa, donde la legislación de cada país regula de forma distinta la propiedad de los llamados «tesoros encontrados»: mientras algunos ordenamientos reparten el valor entre el descubridor y el propietario del inmueble, el modelo belga prioriza la búsqueda de herederos legítimos antes de considerar cualquier adjudicación a terceros, incluida la propia organización social que gestiona el edificio de Dendermonde.
El peritaje científico de cada lingote, pepita y moneda determinará finalmente la época exacta del tesoro y su valor histórico real, que podría diferir de los 9 millones de euros calculados de forma preliminar en función del precio del oro y del eventual valor numismático añadido de las piezas más antiguas. El desenlace dependerá del calendario judicial fijado por la Fiscalía de Flandes Oriental, que deberá resolver primero sobre la legalidad de los fondos antes de abrir, en su caso, el proceso de determinación de propietarios. Solo entonces se sabrá si los 9 millones acaban financiando centros de acogida, tal y como plantea CAW Oost-Vlaanderen, o si algún reclamante con vínculos familiares acreditados reclama con éxito la herencia de los Van Assche.

