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Las condenas juveniles que no frenaron al autor del atentado de Berlín

Abdul Ballout fue juzgado en 2022 y 2026 por violencia y por preparar un acto terrorista, pero los tribunales de menores rebajaron las penas por su edad y falta de antecedentes

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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El Tribunal de Distrito de Tiergarten, en Berlín, condenó en dos ocasiones —en 2022 y en 2026— al islamista Abdul Ballout por delitos violentos antes de que atacara y matara a una mujer polaca de 65 años que participaba junto a su hija en la celebración del Christopher Street Day.

El itinerario judicial de Ballout arranca en 2022, cuando el Tribunal de Distrito de Tiergarten lo declaró culpable de daño corporal intencionado por golpear y patear a una persona ya herida en el patio de un colegio, además de participar junto a un cómplice en la sustracción violenta de unos auriculares de alta gama a otra víctima lesionada. Los hechos se habían cometido en otoño de 2019, cuando Ballout era menor de edad, y el juicio no se celebró hasta dos años y medio después.

Por su minoría de edad en el momento de los delitos, el tribunal aplicó el régimen de justicia juvenil alemán y le impuso únicamente un curso corto de integración y cuarenta horas de trabajo en tiempo de ocio, una de las sanciones más leves contempladas en ese marco. La sentencia recoge que el propio Ballout declaró ante el tribunal que «había madurado» y pidió disculpas a la parte perjudicada, lo que llevó a los magistrados a dejar constancia de que tenían «la impresión de que el acusado realmente reconoce su mala conducta y quiere intentar comportarse mejor en el futuro». El tribunal ponderó también que carecía de antecedentes penales y que los delitos databan de dos años y medio antes.

Ese mismo año, sin embargo, Ballout fue procesado de nuevo, esta vez por un delito de mayor gravedad: preparar un acto grave de violencia que ponía en peligro al Estado y violar una prohibición ejecutable bajo la Ley de Asociación alemana. El Tribunal de Distrito de Tiergarten lo condenó a 22 meses de detención juvenil. Según la Fiscalía General, Ballout había intentado en varias ocasiones sumarse a Daesh: primero planeó emigrar a Mauritania vía Turquía y después viajó a Líbano con intención de cruzar a Siria para unirse al grupo yihadista. En territorio libanés entró en contacto con miembros de la organización terrorista, fue detenido por las autoridades locales y finalmente deportado a Alemania, su país de origen.

La sentencia de aquel segundo proceso describía a un joven «decidido» a incorporarse a Estado Islámico y que difundía propaganda yihadista a través de Instagram. El propio tribunal advertía en su fallo que «no se puede esperar que no cometa más delitos». Pese a esa valoración, los magistrados concluyeron que la «planificación amateur de su proyecto» impedía considerarlo una «amenaza concreta para los intereses legales protegidos», y subrayaron que Ballout se había distanciado de Daesh durante la vista oral, llegando a calificarlo de «ser humano formidable en desarrollo».

La Fiscalía General recurrió esa resolución del tribunal de menores, pero el recurso no prosperó. Ballout obtuvo la libertad condicional en mayo de ese año y regresó a la vida en libertad con plena capacidad de movimiento. Una vez excarcelado, los servicios de inteligencia alemanes lo clasificaron como «orientado a la violencia», una categoría de seguimiento que no llevaba aparejadas medidas cautelares o de control efectivo sobre sus movimientos.

La Oficina para la Protección de la Constitución (BfV), el servicio de inteligencia interior alemán, carecía de instrumentos legales para restringir su libertad al no existir una condena firme por un delito que justificara una medida de seguridad prolongada ni indicios de un plan de ataque concreto e inminente. Su jefe, Sinan Selen, había advertido de manera reiterada sobre el patrón de actuación de los llamados lobos solitarios islamistas, instados por la propaganda yihadista a atacar con cuchillos o vehículos contra objetivos «blandos y fáciles». El informe anual de la BfV incluye un capítulo específico titulado «LGBTIQ como enemigo islamista», en el que se sostiene que el colectivo homosexual «atrae especialmente» el odio de los sectores radicalizados y que, entre ciertos círculos islamistas, «el asesinato de personas homosexuales se justifica como castigo divinamente exigido».

El margen del sistema de justicia juvenil

El sistema de justicia juvenil alemán, regulado por la Jugendgerichtsgesetz (JGG), prioriza la reeducación sobre el castigo para los menores de 21 años, permitiendo rebajas sustanciales de pena cuando el tribunal aprecia inmadurez o capacidad de reinserción. Este marco, comparable en su filosofía al régimen de responsabilidad penal del menor vigente en España desde la Ley Orgánica 5/2000, es objeto de un debate recurrente cuando se aplica a delitos de naturaleza terrorista, donde la valoración del riesgo futuro resulta más compleja que en la delincuencia común.

El precedente más citado en la discusión alemana es el atentado del mercadillo navideño de Breitscheidplatz, en diciembre de 2016, perpetrado por Anis Amri, un solicitante de asilo tunecino que también había pasado por los radares de los servicios de seguridad sin que se adoptaran medidas de contención suficientes. Aquel ataque, que causó doce muertos, derivó en una comisión de investigación parlamentaria y en reformas normativas para mejorar el intercambio de información entre policías regionales y servicios de inteligencia, cuya eficacia vuelve ahora a cuestionarse.

Las autoridades berlinesas no han precisado, hasta el momento, si Ballout permanece bajo custodia judicial ni en qué fase se encuentra la instrucción del nuevo procedimiento derivado del ataque durante el Christopher Street Day. La fiscalía competente deberá determinar el marco de imputación aplicable, que en Alemania podría incluir agravantes por motivación de odio y por terrorismo, en función de la calificación jurídica que finalmente se adopte.

El caso ha reavivado el debate político en Alemania sobre el equilibrio entre las garantías procesales para menores y jóvenes y la protección de la seguridad pública frente a sospechosos con perfil de radicalización documentado. Partidos de distinto signo han reclamado revisar los criterios de excarcelación condicional en casos con antecedentes de extremismo violento, mientras que juristas y asociaciones de defensa de derechos han advertido del riesgo de erosionar garantías básicas del derecho penal juvenil a partir de un caso extremo.

En los próximos meses podría examinarse en sede parlamentaria el expediente de seguimiento que la BfV mantenía sobre Ballout, así como las decisiones judiciales que permitieron sucesivas rebajas de pena. De ese examen podrían derivarse propuestas de reforma legislativa, aunque por el momento no consta ningún anteproyecto concreto ni calendario oficial para tramitarlo.

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