Grundberg, diplomático sueco al frente de la misión de buenos oficios de la ONU en Yemen, expresó su alarma en un comunicado difundido este viernes en el que subrayó que "Yemen se enfrenta hoy a un riesgo mayor de que se reanude un conflicto a gran escala que en cualquier otro momento desde la tregua" de hace cuatro años. Según su valoración, los ataques recientes "corren el riesgo de poner en peligro los logros" alcanzados desde entonces, en referencia a la relativa calma interna que ha permitido a Yemen alejarse de la fase más cruenta de la guerra iniciada en 2014. "Estos acontecimientos corren el riesgo de (.) arrastrar al país a una confrontación regional más amplia, con consecuencias devastadoras para su población", advirtió.
Los hechos que motivan la advertencia se concentran en las últimas 48 horas. Un ataque con drones causó la muerte de al menos cinco personas este viernes en la gobernación de Marib, situada en el centro del país y bajo control del gobierno yemení reconocido internacionalmente, con sede en Adén; casi una veintena de personas resultaron heridas. Se trata de la segunda jornada consecutiva de bombardeos sobre esta zona y la vecina Hadramut, en el este del país, rica en yacimientos de petróleo y gas y considerada un enclave estratégico tanto para el gobierno como para las fuerzas hutíes.
La coalición militar liderada por Arabia Saudí, que interviene en el conflicto desde marzo de 2015 en apoyo del gobierno reconocido internacionalmente, denunció además un ataque hutí contra la región saudí de Najrán, fronteriza con el norte de Yemen, que dejó al menos once civiles heridos, entre ellos un menor de cuatro años. Riad no ha aportado por el momento detalles adicionales sobre el tipo de proyectil empleado ni sobre posibles daños materiales en la zona.
Un mar Rojo convertido en frente regional
Grundberg vinculó estos episodios con los ataques que los hutíes vienen lanzando contra embarcaciones en el mar Rojo y el golfo de Adén, una de las rutas marítimas más transitadas del planeta y una vía esencial para el comercio internacional que enlaza Europa y Asia a través del canal de Suez. Los rebeldes han presentado esas operaciones como represalia por la ofensiva israelí en Gaza, lo que ha convertido el conflicto yemení en un frente más de la tensión regional desatada tras los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023.
El movimiento hutí, de confesión zaidí y respaldado por Irán, controla desde 2014 la capital, Saná, y amplias zonas del norte y el oeste de Yemen. Frente a ellos, el gobierno reconocido internacionalmente mantiene su sede en Adén, en el sur, y depende del respaldo militar y financiero de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, que desde 2015 han liderado una coalición árabe con apoyo logístico occidental. La guerra civil, que arrancó cuando los hutíes tomaron Saná y forzaron la huida del entonces presidente Abdrabbuh Mansur Hadi, ha generado una de las mayores crisis humanitarias del mundo, según Naciones Unidas.
La tregua auspiciada por la ONU en abril de 2022, aunque nunca se formalizó en un acuerdo de paz definitivo, permitió reducir drásticamente los combates de gran intensidad y abrió una fase de relativa calma que Grundberg considera ahora amenazada. El diplomático aseguró haber mantenido en las últimas semanas un "intenso diálogo" con los actores yemeníes, los países de la región y sus socios internacionales, con el objetivo de "explorar opciones concretas que permitan reducir la tensión y revertir la trayectoria actual".
"Sigo convencido de que aún existe una vía diplomática. Requerirá voluntad política, decisiones difíciles y un compromiso genuino por parte de las partes", afirmó, remarcando los beneficios "tangibles" que una desescalada aportaría a la población: "desescalada militar; mayor estabilidad económica (.) y pasos hacia un proceso político inclusivo". El enviado no precisó fechas ni formatos para una eventual nueva ronda de contactos.
Ninguna de las partes implicadas —ni el gobierno de Adén, ni las autoridades hutíes de Saná— ha ofrecido hasta ahora una respuesta pública detallada a la advertencia de Grundberg, más allá de la denuncia saudí sobre el ataque en Najrán. Los hutíes no se han pronunciado sobre las acusaciones relativas a los bombardeos en Marib y Hadramut, si bien en ocasiones anteriores han presentado sus operaciones como respuesta a lo que consideran agresiones del bloque liderado por Arabia Saudí.
El marco jurídico internacional aplicable a la crisis se sustenta en varias resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, entre ellas la 2216 de 2015, que impuso un embargo de armas a los hutíes, y la 2624 de 2022, que respaldó la tregua negociada aquel año. Cualquier escalada que implique ataques transfronterizos contra Arabia Saudí podría reactivar mecanismos de presión internacional similares a los desplegados en la fase más intensa del conflicto, entre 2015 y 2018.
La dimensión regional de Yemen no es nueva: el país fue ya escenario de una guerra civil en los años sesenta en la que Egipto y Arabia Saudí respaldaron a bandos opuestos, y más recientemente de la pugna entre Riad y Teherán por la hegemonía en el golfo Pérsico y el mar Rojo. Su posición estratégica, junto al estrecho de Bab el-Mandeb —paso obligado entre el mar Rojo y el océano Índico—, explica el interés de potencias como Estados Unidos, que ha realizado operaciones militares contra posiciones hutíes para proteger el tráfico marítimo.
A partir de ahora, la atención se centra en si Grundberg logra convocar una nueva ronda de contactos formales entre las partes en las próximas semanas y en si la coalición saudí responde militarmente al ataque en Najrán, lo que podría marcar un punto de inflexión hacia una nueva fase de guerra abierta. La ONU no ha fijado por el momento fecha para una reunión del Consejo de Seguridad específicamente dedicada a esta escalada.


