El problema se origina cuando el sistema central de una cadena modifica una tarifa pero el cartel impreso en la estantería no se sustituye con la misma celeridad. Según las asociaciones de consumidores, esa descoordinación entre el inventario digital y la señalización presencial no responde a una estrategia deliberada, sino a la velocidad con la que varían los costes de reposición frente al ritmo más lento de actualización del etiquetado físico. El cliente solo lo detecta, si lo hace, al revisar el tique tras pasar por caja.
La normativa de defensa de los consumidores, recogida en el Real Decreto Legislativo 1/2007, exige a los comercios exhibir con claridad el importe final de sus productos y obliga a cobrar la cifra más baja entre la que figura en la estantería y la que marca el escáner. Si el establecimiento se niega a ajustar la diferencia en el momento, el comprador puede exigir la hoja oficial de reclamaciones para denunciar la infracción ante la administración de consumo competente.
Los desajustes, según las asociaciones de usuarios, tienden a concentrarse en categorías concretas: aceites y lácteos con promociones caducadas en el cartel pero aún vigentes en el sistema de caja, artículos de rotación rápida cuya oferta de folleto no se ha volcado al terminal, y productos frescos con pesaje defectuoso o etiquetas superpuestas en el embalaje.
Las autoridades de consumo pueden sancionar a los establecimientos que exhiban de forma reiterada precios inferiores a los reales. Las multas arrancan en 150 euros para irregularidades leves y pueden superar los 10.000 euros cuando se demuestra un patrón continuado, de acuerdo con el régimen sancionador vigente. Las inspecciones periódicas comprueban que la información expuesta coincida con los registros del terminal, y las cadenas, señalan las mismas fuentes, prefieren corregir la diferencia en efectivo antes que afrontar un expediente que dañe su imagen.
Las pantallas visibles en las líneas de caja ofrecen la primera oportunidad para contrastar cada artículo en el momento del escaneo, lo que permite al comprador detener la operación si detecta una cifra superior a la marcada en el pasillo. Conservar el tique impreso y fotografiar el cartel de la estantería como prueba son las recomendaciones habituales de las asociaciones de consumidores para agilizar cualquier reclamación ante el responsable del establecimiento.
Varias cadenas han incorporado aplicaciones móviles que permiten escanear el código de barras de un producto antes de que pase por la cinta transportadora, una herramienta que busca anticipar el control del precio. El fenómeno se suma a otros episodios recientes en los que la viralización de un vídeo pone el foco sobre prácticas cotidianas del consumo, en un contexto de competencia a la baja entre cadenas por márgenes reducidos que multiplica las rotaciones de cartelería en los puntos de venta.