La pregunta la formuló el representante republicano Brandon Gill, que pidió a Hartig una respuesta clara sobre si Mickey Mouse podía considerarse un símbolo racista. La directora del NMAH evitó una negación tajante: reconoció que algunos elementos visuales del personaje remiten a convenciones gráficas asociadas históricamente al minstrel y al blackface, aunque se abstuvo de calificar al personaje en sí como racista. La representante republicana Mary Miller amplió el interrogatorio hacia otras exposiciones de la red, en una línea que, según la cobertura de la jornada, se extendió más allá del ratón animado hacia otros contenidos museográficos que los legisladores conservadores consideran polémicos.
'Steamboat Willie' no es una pieza cualquiera en la historia del cine. Se estrenó el 18 de noviembre de 1928 en el Colony Theatre de Nueva York, a pocas calles de Times Square, y fue el primer cortometraje animado con sonido sincronizado en alcanzar un éxito comercial masivo, en un momento en que la industria dependía todavía de música en vivo o de efectos improvisados en la sala. Walt Disney, que meses antes había perdido los derechos sobre su personaje anterior, Oswald el Conejo Afortunado, dirigió el corto junto a Ub Iwerks y puso él mismo la voz de Mickey. Fue también el debut oficial de Minnie Mouse y el punto de partida de la posterior expansión industrial de la compañía.
La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos incorporó la obra a su Registro Nacional de Cine en 1998 por su relevancia histórica y cultural, un reconocimiento reservado a producciones consideradas significativas para el patrimonio audiovisual del país. El 1 de enero de 2024, tras sucesivas prórrogas legales de los plazos de propiedad intelectual impulsadas durante décadas por la propia Disney, el corto pasó a dominio público, lo que permitió su uso libre por terceros sin autorización de la compañía. Durante casi un siglo, la pieza se celebró como un hito técnico y como el nacimiento de uno de los personajes más reconocibles del mundo.
El trasfondo de la comparecencia no era, sin embargo, una cartela aislada. La audiencia se enmarca en la respuesta del Congreso a un informe de la Casa Blanca de 162 páginas titulado 'Saving America's Story', que cuestiona el enfoque adoptado por el Instituto Smithsoniano en la interpretación de la historia y la cultura estadounidenses. El documento sirvió de base para que varias comisiones legislativas convocaran a responsables de distintos museos de la red, entre ellos el NMAH, a rendir cuentas sobre sus criterios curatoriales.
Un régimen de financiación que habilita la fiscalización del Congreso
El Instituto Smithsoniano, fundado en 1846 y financiado mayoritariamente con fondos federales a través de asignaciones aprobadas por el Congreso, opera bajo una gobernanza mixta en la que un consejo de regentes supervisa la gestión de sus museos y su Zoológico Nacional. Esa dependencia presupuestaria explica por qué las comisiones legislativas conservan capacidad de fiscalización directa sobre las decisiones de sus instituciones, algo que no ocurre con museos privados o sostenidos por fundaciones independientes. La comparecencia de una directora de museo para explicar el contenido de una cartela se inscribe precisamente en ese marco de rendición de cuentas ante quien aprueba su presupuesto.
El episodio conecta con una controversia más amplia sobre el papel de los museos nacionales como espacios de interpretación histórica, un debate que en Estados Unidos tiene precedentes notorios. En 1994, el propio Smithsonian afrontó una polémica en torno a la exposición sobre el Enola Gay en el Museo Nacional del Aire y el Espacio, cuando historiadores y veteranos de guerra chocaron por el enfoque narrativo propuesto sobre el bombardeo atómico de Hiroshima, un enfrentamiento que obligó a rediseñar la muestra y que marcó un precedente sobre los límites de la interpretación en las instituciones federales.
Desde posiciones favorables al criterio del museo se sostiene que la inclusión de referencias al blackface en la cartela responde a un ejercicio de contextualización histórica orientado a explicar las convenciones visuales de la animación estadounidense de los años veinte y treinta, una época en la que ese tipo de recursos gráficos era habitual en el cine y la cultura popular del país. En sentido contrario, voces vinculadas a la Casa Blanca y a legisladores republicanos cuestionan que esas advertencias se conviertan en el elemento central de la lectura de una obra reconocida oficialmente por su valor técnico e histórico, y no por connotaciones raciales que, según sostienen, no formaban parte de la intención de sus creadores.
El Smithsonian no ha ofrecido, por el momento, una respuesta institucional unificada más allá de las declaraciones de Hartig ante el Congreso, y la dirección del NMAH no ha anunciado si la cartela sobre 'Steamboat Willie' será modificada, retirada o mantenida en su formulación actual tras la comparecencia. Disney, titular del personaje hasta la entrada del corto en dominio público, tampoco se ha pronunciado sobre la controversia.
El caso llega en un contexto de mayor escrutinio político sobre el contenido de los museos públicos estadounidenses. El Congreso podría convocar nuevas audiencias en los próximos meses si el informe 'Saving America's Story' deriva en propuestas legislativas concretas sobre la financiación o la supervisión del Instituto Smithsoniano, algo que por ahora no se ha confirmado. La vía presupuestaria —la aprobación anual de las asignaciones federales— seguirá siendo el principal instrumento de presión del que dispone el Legislativo sobre la red de museos.


