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El diésel dispara los márgenes de refino en Europa desde febrero

El cierre parcial de refinerías en Oriente Próximo y los ataques a plantas rusas habrían estrechado la oferta de destilados mientras el crudo se mantiene contenido

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Los márgenes de refino en Europa se habrían multiplicado desde febrero de 2026, no por el precio del petróleo crudo, que permanece relativamente estable, sino por un estrechamiento de la oferta de diésel. Más del 20% de la capacidad de refino de Oriente Próximo estaría fuera de servicio y los ataques ucranianos a refinerías rusas habrían paralizado en torno al 30% de esa producción, según la información disponible.

La distinción entre crudo y refinado resulta clave para entender lo que ocurre en los mercados energéticos europeos. El petróleo, como materia prima, cotiza en los mercados internacionales de futuros —Brent y WTI, principalmente— y su precio refleja expectativas de oferta y demanda global, decisiones de la OPEP+ y percepción de riesgo geopolítico. El diésel, en cambio, es un producto refinado cuyo precio depende de la capacidad instalada para transformar ese crudo en combustible utilizable, una capacidad que no puede ampliarse de la noche a la mañana porque exige inversiones industriales de años.

Cuando esa capacidad de refino se reduce —por sabotajes, mantenimiento forzoso o sanciones— mientras la demanda de diésel se mantiene estable, el margen de refino, es decir, la diferencia entre el precio del crudo comprado y el del producto refinado vendido, se dispara. Es precisamente ese margen el que se habría multiplicado en Europa desde febrero de 2026, encareciendo el diésel en surtidor de forma independiente a la cotización del barril.

Oriente Próximo concentra buena parte del problema. Más de una quinta parte de su capacidad de refino estaría inoperativa, una cifra que, de confirmarse, apuntaría a una combinación de daños en infraestructuras por la inestabilidad regional, paradas técnicas y dificultades de mantenimiento. La región, que incluye a productores clave como Arabia Saudí, Irán, Irak y los Emiratos Árabes Unidos, es históricamente una pieza central del suministro energético mundial, no solo como exportadora de crudo sino, cada vez más, como refinadora de derivados destinados a Europa y Asia.

El otro gran foco de disrupción está en Rusia. Desde el inicio de la invasión de Ucrania en febrero de 2022, Kiev ha intensificado los ataques con drones de largo alcance contra infraestructuras energéticas rusas, incluidas refinerías situadas a cientos de kilómetros de la línea del frente. Esos ataques habrían dejado fuera de servicio en torno al 30% de la producción de refino rusa, un porcentaje que, de ser exacto, tendría impacto directo sobre los mercados europeos de destilados, dado que Rusia fue durante años uno de los grandes suministradores de diésel al continente antes del embargo comunitario.

Del embargo a Rusia a la dependencia de Ormuz

La Unión Europea prohibió la importación por vía marítima de productos petrolíferos refinados procedentes de Rusia a partir de febrero de 2023, dentro del paquete de sanciones aprobado tras la invasión. Esa decisión, sumada a la caída de la propia capacidad productiva rusa por los ataques, habría reforzado la dependencia europea de refinerías situadas en Oriente Próximo, en Estados Unidos y en el propio territorio comunitario, unas plantas que, según el diagnóstico del sector, no dan abasto para cubrir el hueco dejado por Moscú.

El estrecho de Ormuz añade una capa adicional de incertidumbre. Por ese paso marítimo, situado entre Irán y Omán, transita aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado mundialmente, según estimaciones recurrentes de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Cualquier amenaza de bloqueo o de escalada militar en la zona eleva de forma automática la percepción de riesgo en los mercados energéticos globales.

La propia AIE ha recortado su previsión de suministro de petróleo para 2026 citando expresamente la incertidumbre en Ormuz, un ajuste que refleja hasta qué punto los organismos internacionales consideran ese corredor un punto de fragilidad estructural del sistema energético mundial. La agencia, con sede en París y creada en 1974 tras la primera crisis del petróleo, publica mensualmente su Oil Market Report, referencia habitual para gobiernos, refinerías y operadores a la hora de anticipar movimientos de precios.

El precedente más claro de una crisis energética motivada por el refino, y no por el crudo en sí, se remonta al embargo petrolero árabe de 1973, cuando el problema no fue tanto la disponibilidad de petróleo como la capacidad de los países occidentales para procesarlo y distribuirlo en plena escasez política. Más recientemente, la crisis energética europea de 2022, tras la invasión rusa de Ucrania, combinó escasez de gas y cuellos de botella en refino, y disparó los precios de la gasolina y el diésel hasta niveles que obligaron a varios gobiernos, entre ellos el español, a aprobar bonificaciones directas al carburante.

En España, el impacto de un encarecimiento del diésel resulta especialmente sensible por la elevada dependencia del transporte por carretera, tanto de mercancías como de pasajeros, respecto a este combustible frente a la gasolina. El Instituto Nacional de Estadística (INE) sitúa habitualmente el precio de los carburantes como uno de los componentes de mayor peso en la evolución mensual del Índice de Precios de Consumo (IPC), de modo que una subida sostenida de los márgenes de refino tendería a trasladarse, con cierto desfase, a los datos de inflación general.

Las patronales del transporte por carretera y las asociaciones europeas de refinerías, agrupadas en organismos como FuelsEurope, han venido advirtiendo en los últimos meses de la fragilidad del sistema de suministro de destilados en el continente, señalando la falta de inversión en nueva capacidad de refino como un problema estructural que se arrastra desde hace más de una década, en parte por la transición energética hacia combustibles alternativos, que ha desincentivado nuevas plantas.

Desde el lado institucional, la Comisión Europea ha insistido en que la diversificación de proveedores y el refuerzo de las reservas estratégicas de petróleo y derivados —obligatorias para los Estados miembros en virtud de la directiva de 2009 sobre reservas mínimas de crudo y productos petrolíferos— constituyen la principal herramienta para amortiguar picos de precios. Bruselas no ha confirmado por el momento medidas adicionales específicas vinculadas a este episodio de márgenes de refino.

A partir de ahora, los indicadores que marcarán la evolución de esta crisis serán, sobre todo, los informes mensuales de la AIE sobre oferta y demanda de refinados, la evolución de los ataques a infraestructuras en Rusia y Oriente Próximo, y el comportamiento del mercado de futuros de diésel en la plaza de Róterdam, referencia habitual para fijar precios en Europa. Cualquier señal de desescalada en Ormuz o de recuperación de la capacidad de refino tendería a moderar los márgenes; su persistencia, en cambio, apuntaría a un encarecimiento prolongado del diésel independiente de lo que haga el crudo.

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