El filme, ambientado en el Queens de 1964, sigue a un joven periodista de The New York Times, Joseph Lelyveld (Tye Sheridan), que investiga una pista facilitada por el cazanazis Simon Wiesenthal sobre un antiguo oficial del Tercer Reich escondido en Nueva York. Al cruzar el umbral del hogar de la familia Ryan, el reportero no halla al criminal despiadado que buscaba, sino a Hermine Ryan (Naomi Watts), una vecina pulcra y de modales impecables cuya doble vida constituye el eje dramático de la cinta.
La ficción se inspira en Hermine Braunsteiner, conocida en los campos de Majdanek y Ravensbrück como Kobyła, término polaco que significa yegua, apodo que le pusieron sus víctimas por su brutalidad y su costumbre de pisotear a las prisioneras. Tras la guerra, Braunsteiner se casó con un ciudadano estadounidense, obtuvo la nacionalidad y camufló su pasado bajo la rutina de un barrio residencial, hasta convertirse en la primera ciudadana naturalizada de Estados Unidos extraditada a Alemania para ser juzgada por crímenes contra la humanidad, un precedente en el sistema judicial norteamericano.
La interpretación de Watts se sostiene en dos momentos de quiebre emocional que marcan el pulso de la película. El primero ocurre en la sala del tribunal: cuando sostiene la mirada de una superviviente del campo, la fachada de mujer desvalida se derrumba para mostrar la frialdad de la antigua guardiana, sin transición aparente ni recursos dramáticos que suavicen el cambio. El segundo se produce en la intimidad doméstica, cuando la visión de una medalla por parte del periodista hace emerger de golpe a Kobyła bajo la piel del ama de casa modélica.
Tye Sheridan compone al reportero cuya ética se tambalea a medida que avanza la investigación, mientras Lena Olin aporta un papel breve pero intenso como superviviente del Holocausto. El guion, firmado por Alyssa Hill, alcanza su mayor tensión en la primera hora, centrada en los detalles domésticos —un peinado simétrico, un silencio, una mirada calculada—, y pierde fuerza cuando se traslada al terreno del drama procesal y los trámites de extradición.
Watts, cuya carrera reconoció el Festival de San Sebastián con el Premio Donostia, ya había sido señalada por David Lynch, a quien la actriz agradeció durante su paso por el certamen haber cambiado su trayectoria. Sobre el reto de dar vida a una criminal de guerra, la intérprete australiana reconoció el peso mental del papel en su comparecencia en Donostia.
«Me daba miedo interpretar este papel, a nivel mental fue complicado. Éste es un momento de mucho temor en el mundo y debemos estar vigilantes para que no vuelva a ocurrir», declaró Naomi Watts en el Festival de San Sebastián.
La película se suma a las historias sobre el Holocausto que continúan saliendo a la luz más de 80 años después de la liberación de los campos de concentración y exterminio, en un año en que el interés por revisar figuras históricas también asoma en piezas como la dedicada a Juana Pimentel, la condesa que resistió en Escalona las órdenes del rey Juan II. Tras su paso por la Sección Oficial del certamen, el estreno de 'La esposa perfecta' en salas está previsto para el último trimestre de este 2026.

