El resultado, de confirmarse en las urnas, marcaría un vuelco respecto a los comicios de 2021, cuando la CDU logró el 37,1% de los votos y la AfD se quedó en el 20,8%. La distancia entre ambas formaciones se habría invertido en apenas cinco años, un fenómeno que los analistas atribuyen tanto al desgaste de los partidos tradicionales en el este alemán como al asentamiento de la AfD como principal canal de protesta en la región.
El resto de la fotografía electoral que dibujan las encuestas resulta igualmente adverso para las formaciones que han gobernado la región. El Partido Socialdemócrata (SPD), socio de la actual coalición regional junto a la CDU y los liberales del FDP, se movería entre el 7% y el 9%, por debajo de Die Linke, que lograría entre el 11% y el 13%. Los Verdes rondarían el umbral mínimo del 5% exigido para entrar en el Landtag, el Parlamento regional.
El FDP quedaría fuera de la Cámara al no superar el 3% que le atribuyen los sondeos, mientras que la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), la escisión de Die Linke fundada en 2023, se situaría entre el 3% y el 4%, con riesgo también de no alcanzar representación. La fragmentación del voto no vinculado a la AfD complica cualquier aritmética de gobierno alternativo.
El veto de la CDU condiciona la formación de gobierno
El principal interrogante se abrirá tras el recuento: cómo formar una mayoría si la AfD no alcanza la absoluta. La CDU mantiene, por resolución de su partido, un veto expreso a pactar tanto con la AfD como con Die Linke. Esa doble exclusión, conocida en Alemania como cordón sanitario, ha regido la formación de gobiernos en varios estados del este desde la reunificación de 1990.
Si las encuestas se confirman, la actual coalición de CDU, SPD y FDP no reuniría escaños suficientes para continuar. Entre las alternativas que manejan los partidos figura un gobierno minoritario de CDU y SPD, eventualmente con participación de Los Verdes, que necesitaría negociar acuerdos parlamentarios externos caso por caso para garantizar su estabilidad, una fórmula ya empleada en otros estados alemanes en las últimas legislaturas.
La consulta de este domingo no sería la primera vez que la AfD se sitúa como fuerza más votada en unas elecciones estatales. En septiembre de 2024 ganó los comicios en Turingia, aunque el resto de partidos con representación en el Landtag articuló un pacto para impedir que gobernara. Sajonia-Anhalt podría convertirse así en un segundo caso de estudio sobre la viabilidad del cordón sanitario cuando la formación roza el 40% de los votos.
La AfD, fundada en 2013 como partido euroescéptico y desplazada progresivamente hacia posiciones identitarias y antiinmigración, está clasificada por la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV, por sus siglas en alemán) como organización sospechosa de extremismo a nivel federal, y en algunos estados del este como probadamente extremista de derechas, una calificación que habilita mayores capacidades de vigilancia sin implicar por sí sola su ilegalización.
Distintas formaciones y organizaciones civiles alemanas han elevado el gasto en campaña destinado a frenar el avance de la AfD en el estado, ante el temor de que la formación logre su primer gobierno regional. Ese incremento de recursos convive con el hecho de que, según las encuestas, ninguna combinación de partidos distintos de la AfD parece hoy capaz de sumar una mayoría holgada sin fricciones internas.
El fenómeno no es ajeno al resto de Europa: formaciones de perfil similar han crecido en Francia, Italia, Países Bajos y Austria en la última década, en un contexto de tensiones migratorias, encarecimiento energético tras la invasión rusa de Ucrania en 2022 y desafección hacia los partidos de gobierno tradicionales.
Alemania, la mayor economía de la Unión Europea según Eurostat, afronta este ciclo electoral regional bajo la coalición federal liderada por el canciller Friedrich Merz, de la CDU, que asumió el cargo tras el adelanto electoral de febrero de 2025 que puso fin al gobierno de coalición semáforo encabezado por el socialdemócrata Olaf Scholz. La consulta de Sajonia-Anhalt se interpreta también como un test de la gestión del Ejecutivo federal.
El recuento de este domingo se conocerá en la noche electoral, con la composición definitiva del Landtag negociándose en las semanas posteriores. La práctica parlamentaria alemana suele resolver estas negociaciones en un margen de entre uno y tres meses tras la votación, un plazo que, en caso de bloqueo entre los partidos ajenos a la AfD, podría tensarse. El resultado será, por tanto, una nueva prueba para el cordón sanitario frente a la extrema derecha en el este de Alemania.


